El 'agujero del infierno' donde se escuchaban gritos desde las profundidades

El 'agujero del infierno' donde se escuchaban gritos desde las profundidadesIlasatlanticas.com

La isla de Galicia donde se esconde el ‘agujero del infierno’: uno de los lugares más misteriosos del Atlántico

Su espectacular aspecto y el sonido que produce el océano en su interior la han convertido en uno de los parajes más misteriosos del litoral gallego

Galicia alberga algunos de los paisajes más sorprendentes del Atlántico. Acantilados esculpidos por el mar, playas salvajes y pequeños territorios insulares forman parte de un patrimonio natural que atrae cada año a miles de visitantes. Entre estos existe una isla que guarda uno de los rincones más enigmáticos de la comunidad.

Allí se encuentra una profunda sima natural conocida como el ‘agujero del infierno’ que en Galicia llaman ‘o buraco do inferno’, un lugar que durante siglos alimentó leyendas sobre extraños lamentos, fenómenos inexplicables y creencias populares vinculadas al más allá. Su espectacular aspecto y el sonido que produce el océano en su interior la han convertido en uno de los parajes más misteriosos del litoral gallego.

Un abismo abierto sobre el Atlántico

Este singular enclave se encuentra en la isla de Ons, integrada en el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas, frente a la ría de Pontevedra. En su costa occidental, la más expuesta a la fuerza del océano Atlántico, se abre el ‘agujero del infierno’, una furna o cueva marina modelada durante miles de años por la acción del viento, las olas y la erosión sobre el granito.

Con el paso del tiempo, el techo de esta cavidad terminó colapsando, dando lugar a una enorme abertura vertical que conecta la superficie con las profundidades de la gruta. El resultado es una sima de unos 43 metros de profundidad, con una singular estructura en forma de equis y comunicación directa con el mar a través de galerías subterráneas.

En su fondo, las aguas del Atlántico se filtran entre grandes bloques de roca desprendidos durante un derrumbe registrado en 2003, formando un lago espumoso de tono blanquecino que apenas recibe la luz del sol.

Hoy, una barandilla protege a los visitantes que se acercan hasta el mirador para contemplar este impresionante fenómeno geológico, uno de los enclaves más llamativos del archipiélago gallego.

Un lugar que 'guardaba almas'

Pero lo que realmente convirtió a ‘el agujero del infierno’ en un lugar legendario no fue su aspecto, sino las historias que han circulado entre los habitantes de Ons. Los vecinos aseguraban escuchar extraños gritos y lamentos procedentes del interior de la sima, especialmente cuando los temporales azotaban la isla y el viento del Atlántico se colaba con fuerza entre los acantilados.

Aquellos sonidos, amplificados por la propia estructura de la cavidad, generaban una atmósfera inquietante que alimentó durante siglos el temor y la superstición. La tradición popular llegó a atribuir aquellas voces a almas atrapadas en las profundidades del agujero, y no faltaban relatos sobre desaparecidos y náufragos cuyos cuerpos nunca aparecían tras los temporales.

El miedo estaba tan arraigado que muchas familias recurrían a pequeños rituales protectores, llevando consigo ajos, hojas de laurel, hierbas o algas utilizadas como amuletos frente a las supuestas fuerzas sobrenaturales. La comunidad vecinal, presa del temor, organizaba una ceremonia conocida como la procesión de las antorchas. A medianoche, una comitiva encabezada en ocasiones por un sacerdote o una meiga partía desde el cementerio de la isla y avanzaba hasta la sima con teas encendidas.

Allí se realizaban plegarias y se lanzaban las antorchas al vacío con la esperanza de que el mar devolviera los cuerpos desaparecidos para poder darles sepultura. Con el paso del tiempo, la ciencia ofreció una explicación mucho más racional a aquellos sonidos.

Todo apunta a que procedían de los araos, aves marinas que anidaban en el interior de la furna y cuyos chillidos, amplificados por la acústica de la cavidad, podían confundirse fácilmente con lamentos humanos. Su desaparición de la isla en la década de 1980 coincidió, además, con el fin de aquellos ruidos que durante siglos alimentaron la leyenda.

La explicación científica no ha logrado restar magnetismo a este enclave, que sigue siendo uno de los grandes atractivos de Ons. Más allá del ‘agujero del infierno', la isla ofrece al visitante playas de gran belleza como Melide, Canexol, Area dos Cans o Pereiró. Además de sus senderos que recorren paisajes abiertos al Atlántico, con acantilados escarpados y miradores como Punta do Centolo o Fedorentos, desde donde se obtienen algunas de las vistas más espectaculares de las Rías Bajas, el islote de Onza y las islas Cíes.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas