La isla gallega que se viste de púrpura cada primavera
Ni las Cíes ni Ons: esta es la isla gallega que se viste de púrpura cada primavera y todos querrán fotografiar
Si hay algo que define la silueta de este islote, son sus dos faros
Galicia es tierra de faros, islas y paisajes donde el mar marca el ritmo de la vida. A lo largo de su costa, estos centinelas de piedra han guiado durante siglos a navegantes entre acantilados, temporales y nieblas densas. Muchos de ellos se alzan en zonas privilegiadas, a menudo en pequeñas islas o cabos donde la naturaleza se muestra en estado puro.
Entre todos estos escenarios destaca uno especialmente singular. En el límite entre Galicia y Asturias, donde la ría se abre al Cantábrico, emerge un islote diminuto que guarda una de las estampas más sorprendentes del norte peninsular: se tiñe de púrpura cada primavera.
Esta es la peculiar isla con dos faros
Se trata de Isla Pancha, un pequeño enclave que cada primavera se cubre con un intenso manto púrpura, transformando por completo su paisaje y convirtiéndolo en un auténtico espectáculo natural. Situada frente a Ribadeo, en la desembocadura de la ría del Eo, esta isla apenas supera una hectárea de superficie, pero su reducido tamaño no le resta atractivo.
Al contrario, concentra una notable riqueza paisajística y ecológica, ya que forma parte de un espacio protegido reconocido por la UNESCO como Reserva de la Biosfera, un distintivo que pone en valor su singularidad natural y la importancia de su conservación.
Uno de los rasgos más característicos de Isla Pancha es su unión con tierra firme mediante un puente, que permite contemplarla de cerca.
Si hay un rasgo que define la silueta de Isla Pancha, son sus dos faros, reflejo de distintas épocas de la navegación en esta costa. El más antiguo, construido en el siglo XIX, nació con el objetivo de facilitar la entrada de embarcaciones a la ría del Eo, en un tiempo en el que estas señales luminosas resultaban imprescindibles para garantizar la seguridad marítima. De líneas más sobrias y planta cuadrada, contrasta con el faro más reciente, levantado más de un siglo después.
Este segundo faro, de forma cilíndrica y estética más contemporánea, responde a una evolución en los sistemas de señalización marítima, adaptándose a las nuevas necesidades técnicas sin perder su integración en el paisaje. Juntos conforman una imagen icónica de la isla y se han convertido en uno de sus elementos más reconocibles.
Ambos conviven hoy como símbolo del paso del tiempo y de la evolución tecnológica en la señalización marítima. El faro original, además, ha sido rehabilitado y transformado en un alojamiento singular, lo que ha permitido recuperar su uso sin perder su esencia histórica. Dormir en él es, literalmente, hacerlo rodeado de mar.
Un mirador natural con múltiples caras
Más allá de su valor patrimonial, Isla Pancha destaca también por el contraste de paisajes que concentra en apenas unos metros. En su cara orientada hacia la ría del Eo muestra una estampa apacible, casi serena, donde el agua discurre con calma. Sin embargo, en su vertiente abierta al Cantábrico, la escena cambia por completo: el oleaje golpea con fuerza y el viento marca el carácter de un entorno mucho más abrupto.
Esa dualidad, entre la tranquilidad y la bravura del mar, convierte a la isla en un enclave especialmente atractivo tanto para quienes buscan disfrutar de la naturaleza en calma como para quienes se sienten atraídos por la energía y la intensidad del paisaje atlántico.
Sin embargo, es en primavera cuando Isla Pancha muestra su imagen más llamativa y colorida. Y es que buena parte de su superficie se cubre de flores de un intenso color púrpura que transforman por completo el paisaje. El responsable de este fenómeno es el Carpobrotus edulis, una planta de origen sudafricano que se ha extendido por amplias zonas del litoral gallego.
A simple vista, el efecto es espectacular: acantilados y rocas quedan cubiertos por una especie de alfombra vegetal que contrasta con el azul del mar y el blanco de los faros, creando una estampa muy llamativa que cada año atrae a visitantes y aficionados a la fotografía. Sin embargo, esta belleza tiene una cara menos amable. Se trata de una especie invasora que desplaza a la vegetación autóctona y altera el equilibrio de los ecosistemas en los que se instala.
Así, en un territorio donde cada rincón esconde un paisaje singular, Isla Pancha es un lugar capaz de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la costa gallega.