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Ferrán Torres, en una imagen compartida en redes sociales

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La etapa más dura de Ferran Torres: su fe, su depresión y la separación de sus padres

«El domingo por la noche era llorar y llorar», confesó en una entrevista

Tiene solo 26 años y lo que ha vivido Ferran Torres difícilmente iguala a la experiencia vital de cualquiera en su vejez. A pesar de la incertidumbre con su futuro, la carrera del futbolista valenciano parece meteórica. Todo un sueño para 'El tiburón', apodo con el que se le conoce, que comenzó a despuntar en las categorías infantiles del Valencia C.F. hace casi 20 años.

«Le pegaba patadas a todo, se veía desde pequeño que iba a jugar al fútbol», comentó el natural de Foios en una entrevista con Jordi Wild. Con apenas seis años comenzó a jugar en el equipo de su colegio y un año después ya entrenaba en prebenjamines con el Valencia. Durante cinco años, su rutina permanente fue la de estudiar e ir a los entrenamientos. Sin embargo, con 12 años, sus padres le dijeron que se separaban, suponiendo un antes y un después en su vida.

«Fue un shock para mí porque era bastante pequeño y no supe cómo afrontarlo», explicó. El cambio en su interior fue tan grande que sus padres y él decidieron que estaría mejor en la residencia del club. «Allí vivía con la gente que era de fuera, era un caso raro, me daba vergüenza decir por qué estaba allí. No lo contaba, intentaba inventarme de dónde era», apuntó.

Solo los veía los fines de semana, haciendo de sus domingos el peor día de la semana. «El domingo por la noche era llorar y llorar. Tenerlos tan cerca pero a la vez tan lejos era un poco duro. Fue duro, pero me hizo madurar antes de hora. Por eso a día de hoy soy la persona que soy», añadió. Ferran reconoció que eso le convirtió además en alguien hermético cuando algo le dolía: «No lo compartía con nadie, me encierro en el baño yo solo y a solucionar los problemas yo solo. Siempre he sido muy cerrado, muy mío».

A pesar de ello, fue despuntando con el paso de los años en el terreno deportivo y solo con 17 años ya pasó a formar parte del primer equipo. Tras dos exitosas temporadas, le traspasaron por 25 millones al Manchester City de Pep Guardiola. En 2021, recibiría la llamada del F.C. Barcelona, donde milita desde entonces a la espera de un posible traspaso al PSG.

Sin embargo, con el tiempo, volvieron a aflorar sus problemas de salud mental. «No quería admitir ni creerme que estaba mal. Sabía que me había descentrado, que no entrenaba tanto, que no echaba las horas, que no me preparaba fuera del fútbol, pero no quería afrontarlo. Pensaba que estaba bien, pero todo el mundo sabía que yo no estaba bien», explicó en The Wild Project.

«No tenía el nivel de autoconfianza que tengo ahora porque no jugaba, me iba a casa, que quería matar a alguien y se me iba todo lo que había trabajado. Era un pozo sin fondo, fue un año muy duro». Descubrió, con ayuda psicológica, que había perdido la confianza en sí mismo, en su forma de jugar, especialmente cuando leía críticas a su juego en redes sociales. «Ahora mismo no me afectan. Todo lo que expresa o puede contaminar no lo leo, ni le doy importancia porque no me va a provocar nada en mi vida. Cuando se acaba el partido, se acaba y ya. Ahí ya no soy Ferran futbolista, soy Ferrán persona».

A día de hoy, su fortaleza también reside en sus creencias. Es, junto a Luis de la Fuente y Nico Williams, uno de los que no ha dudado en mostrar al mundo su fe católica. «Tengo la cruz y una Virgen. Al final, creo que es algo que me da mucho apoyo, que me da tener muchísima fe y para mí es algo muy importante».

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