Juzgados de Santiago de Compostela (La Coruña)
«Eres burro y tonto como tu madre»: cárcel para un padre que golpeaba y encerraba a su hijo con autismo
Entre los hechos acreditados por la Justicia figura que el condenado le propinaba bofetadas y pellizcos de forma habitual
Un padre ha sido condenado a tres años y dos meses de prisión por maltratar de forma continuada a su hijo, un joven con un trastorno del espectro autista, TDAH y un grado de discapacidad del 75 %, al que durante años golpeó, dejó encerrado solo en casa e incluso castigó aislándolo a oscuras en su habitación. La situación terminó cuando la abuela materna decidió hacerse cargo de la víctima tras conocer los episodios de violencia que sufría.
Según informa La Voz de Galicia, la Audiencia Provincial de La Coruña ha confirmado íntegramente la sentencia dictada por la Sección Penal del Tribunal de Instancia de Santiago, que además de la pena de prisión impone al condenado una orden de alejamiento y prohibición de comunicación con su hijo durante seis años y dos meses, la prohibición de portar armas durante ese mismo periodo y el pago de una indemnización de 10.000 euros por los daños causados.
Un maltrato continuado al menor
La resolución considera probado que la víctima, que desde su nacimiento presentaba un trastorno del espectro autista, inteligencia límite, trastorno del lenguaje expresivo, déficit de atención e hiperactividad (TDAH), discapacidad intelectual de grado leve a moderado, trastorno negativista desafiante y un trastorno de ansiedad, fue sometida durante buena parte de su infancia y adolescencia a continuos episodios de maltrato por parte de su padre.
Entre los hechos acreditados por la Justicia figura que el condenado le propinaba bofetadas y pellizcos de forma habitual. También lo dejaba solo en la vivienda cuando el resto de la familia salía y, en otras ocasiones, lo encerraba en su habitación completamente a oscuras como castigo.
La situación comenzó a salir a la luz a finales de enero de 2023, cuando la víctima, que entonces tenía 19 años, confesó a los responsables del centro educativo donde estudiaba que tenía miedo de regresar a casa. Debido a las dificultades que presentaba para expresar lo que estaba viviendo, en algunos momentos escribió en un papel lo que le ocurría, relatando las agresiones y el temor que sentía hacia su padre.
Durante el juicio, la abuela materna explicó que su nieto le había contado en numerosas ocasiones que sufría malos tratos y que ella misma había observado marcas en su rostro compatibles con las agresiones. También aseguró que conocía los episodios en los que permanecía encerrado solo en casa y que finalmente decidió llevárselo a vivir con ella para poner fin a esa situación.
Otros familiares corroboraron ese relato ante el tribunal. Un tío materno y su esposa declararon que el joven permanecía encerrado con llave dentro de la vivienda y expresaron el temor que les producía pensar que pudiera ocurrir una emergencia, como un incendio, sin que pudiera salir. Ambos aseguraron que comprobaron personalmente esa situación cuando acudieron al domicilio y tuvieron que insistir durante varios minutos para que les abrieran, ya que la víctima les explicó que tenía prohibido responder al telefonillo o al teléfono.
Quería proteger a su madre de su padre
La sentencia también recoge que, pese a alcanzar la mayoría de edad, el joven decidió permanecer en el domicilio familiar porque quería proteger a su madre. Así se lo explicó a una profesora, a la que relató que sufría golpes en la cabeza, tirones de pelo e insultos constantes. Según declaró la docente, el padre le decía con frecuencia que no podía salir con el resto de la familia porque «era un burro» y «tonto como su madre».
La investigación contó además con el testimonio de una responsable de los servicios sociales, que llevaba atendiendo a la familia desde 2009. Durante el juicio explicó que el padre acaparaba las entrevistas, impedía que la madre hablara libremente, rechazaba el seguimiento de los profesionales y mantenía que su hijo no necesitaba ningún tipo de apoyo especializado.
El jefe del departamento de orientación del centro educativo y la jefa de estudios también confirmaron que el joven les transmitió el miedo que sentía hacia su padre. Ambos señalaron que, debido a sus dificultades de comunicación, en una ocasión tuvo que escribir en un papel que tenía miedo porque no era capaz de verbalizarlo.
El padre recurrió la condena alegando que no existían pruebas suficientes para acreditar los hechos. Sin embargo, la Audiencia Provincial rechazó sus argumentos al considerar que la sentencia estaba respaldada por un conjunto de testimonios «coherentes, persistentes y plenamente coincidentes», entre ellos los de la propia víctima, familiares, docentes y profesionales de los servicios sociales.
Todos los testigos coincidieron además en un aspecto: el cambio experimentado por el joven tras abandonar el domicilio familiar. Desde que comenzó a vivir con su abuela materna, aseguraron, su estado emocional y su comportamiento mejoraron de forma notable, poniendo fin a una situación de maltrato que, según la Justicia, se prolongó durante años.