El mandilón de las abuelas gallegas, símbolo del Día de Galicia

El mandilón de las abuelas gallegas, símbolo del Día de GaliciaLence

El mandilón de las abuelas gallegas, símbolo del Día de Galicia: la prenda que pasó de las cocinas a conquistar París

Nació como una prenda humilde para proteger la ropa durante las tareas domésticas y del campo, pero terminó convirtiéndose en mucho más: un símbolo silencioso de esfuerzo, cuidados y tradición

Hubo un tiempo en el que era imposible entrar en una casa gallega sin encontrar uno. Colgado detrás de una puerta, sobre una silla de la cocina o anudado a la cintura de una abuela que no dejaba de trabajar, el mandilón formó parte del día a día de las familias gallegas. Nació como una prenda humilde para proteger la ropa durante las tareas domésticas y del campo, pero terminó convirtiéndose en mucho más: un símbolo silencioso de esfuerzo, cuidados y tradición.

Ahora, ese mismo mandilón abandona los hogares para ocupar el espacio público como homenaje a la memoria colectiva de Galicia y reivindicar el papel de quienes sostuvieron durante décadas la vida familiar. Un reconocimiento que llega, además, después de que esta prenda inspirase incluso a la alta costura en las pasarelas de París.

Más que un delantal, símbolo de Galicia

Con motivo del Día de Galicia, que se celebra este 25 de julio, y del Día de los Abuelos, el 26 de julio, la empresa gallega Leyma, perteneciente a Grupo Lence, ha convertido el mandilón en el gran protagonista de una campaña que busca rescatar uno de los objetos más reconocibles de la cultura popular gallega.

La imagen más llamativa puede verse estos días en la calle de la Reina, en Lugo, donde varios mandilones cuelgan sobre la vía como si fueran banderas. La iniciativa se completa con intervenciones gráficas en distintos puntos de Galicia y una pieza audiovisual que invita a mirar con otros ojos un elemento presente durante décadas en miles de hogares.

Porque el mandilón no era únicamente una prenda de trabajo. Era el uniforme de aquellas mujeres que preparaban la comida para toda la familia, recibían a los nietos después del colegio, amasaban pan, ordeñaban vacas, recogían la huerta o cuidaban de varias generaciones sin hacer distinciones entre unas tareas y otras. Por lo que, su origen responde a una necesidad práctica.

Mural del artista Yoseba MP

Mural del artista Yoseba MP@yoseba_mp

El mandilón protegía la ropa de manchas, barro o ceniza mientras se cocinaba, se trabajaba en el campo o se realizaban las tareas del hogar. Generalmente confeccionado en algodón y con estampados de cuadros o flores, era resistente, cómodo y permitía moverse con libertad. Sus amplios bolsillos servían para guardar llaves, pañuelos, pinzas de la ropa o caramelos para los nietos. Con él se secaban lágrimas, se limpiaban manos infantiles, se transportaban huevos recién cogidos del gallinero, verduras del huerto o leña para la cocina de hierro. También hacía las veces de improvisado refugio para un niño tímido que se escondía entre los pliegues del delantal de su abuela.

Era, en definitiva, una herramienta de trabajo y, al mismo tiempo, un símbolo del cuidado. Una prenda inseparable de aquellas mujeres que sostuvieron durante décadas buena parte de la vida familiar y rural de Galicia. Y, precisamente, esa carga emocional es la que Leyma ha querido recuperar.

De la cocina a las pasarelas de París

La historia del mandilón dio un giro inesperado cuando su estética llamó la atención del mundo de la moda. Lo que durante décadas fue considerado una simple prenda de trabajo apareció reinterpretado en la colección de la firma italiana Miu Miu durante la Semana de la Moda de París, donde los diseñadores recuperaron su silueta, los estampados de cuadros y el espíritu funcional que siempre caracterizó a esta prenda.

La propuesta sorprendió porque convertía en tendencia internacional un elemento profundamente arraigado en la vida cotidiana gallega. Aquello que miles de abuelas vistieron durante décadas sin intención alguna de marcar estilo acabó siendo objeto de inspiración para una de las casas de moda más influyentes del mundo.

La reinterpretación de la firma de lujo confirmó una idea que en Galicia siempre había estado presente: detrás del mandilón no solo había una prenda, sino una forma de vivir.

Hoy, mientras los mandilones vuelven a colgar, no ya de las cocinas sino sobre las calles gallegas, el homenaje trasciende la moda y la nostalgia. Es el reconocimiento a una generación de mujeres que convirtió un sencillo delantal en un emblema.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas