Dulce típico de Galicia que antiguamente era un alimento energético para los monjes
El dulce gallego al que pocos peregrinos se resisten: así es la ‘tierra dulce’ donde se elaboran
Su pequeño tamaño y su facilidad para conservarse y transportarse hicieron de este dulce un acompañante especialmente ligado a quienes atravesaban la localidad
Galicia tiene una forma muy particular de contar su historia a través de la gastronomía. Más allá de la conocida tarta de Santiago, la comunidad conserva un enorme patrimonio de recetas tradicionales que han pasado de unas generaciones a otras y que, en muchos casos, siguen ligadas a los lugares donde nacieron.
Es el caso de un pequeño dulce que forma parte de la tradición repostera gallega y que muchos peregrinos descubren durante su camino hacia Santiago de Compostela. Para muchos peregrinos, probarlos forma parte de la parada gastronómica en esta localidad coruñesa. Y para quienes viven allí, los melindres son parte de la identidad su identidad.
La tierra dulce de Galicia
Nos referimos a Melide, una localidad coruñesa situada en un estratégico cruce de caminos y por la que pasan miles de peregrinos cada año. Su estrecha vinculación con las rutas jacobeas ayuda a explicar la importancia que la gastronomía ha adquirido en la villa y, especialmente, el arraigo de una tradición repostera que se ha ido transmitiendo hasta nuestros días. Durante siglos, el tránsito de peregrinos, comerciantes y visitantes favoreció el intercambio de productos y costumbres y contribuyó a convertir Melide en un destacado punto de encuentro también alrededor de la mesa.
De esa tradición han surgido tres grandes protagonistas: melindres, ricos y almendrados. Son elaboraciones diferentes, pero juntas conforman el particular patrimonio dulce de la localidad. De las tres, el melindre es probablemente el más reconocible: una pequeña rosquilla elaborada con harina de trigo, mantequilla, huevo y un toque de anís que, después de pasar por el horno, recibe un baño de azúcar que le proporciona su aspecto y textura característicos.
De las tres, el melindre es probablemente el más reconocible. Se trata de una pequeña rosquilla elaborada a partir de harina de trigo, mantequilla, huevo y un toque de anís. Después de pasar por el horno recibe un baño de azúcar que termina de darle su aspecto y textura característicos.
Su pequeño tamaño y su facilidad para conservarse y transportarse hicieron de este dulce un acompañante especialmente ligado a quienes atravesaban la localidad. De ahí que todavía hoy no resulte extraño encontrar a peregrinos que continúan su camino con una caja de melindres entre sus pertenencias, convertida casi en un recuerdo gastronómico de su paso por Melide.
Un dulce ligado a su origen medieval
El origen de los melindres está relacionado con la época medieval y con la importancia que ya tenía Melide como lugar de paso. Algunas versiones de la historia sitúan su elaboración en el entorno de los monasterios y relacionan el dulce con la alimentación de los peregrinos que recorrían el Camino hacia Santiago.
La explicación encaja con las características del producto, pequeño, energético y fácil de transportar. Durante mucho tiempo, los melindres se prepararon en las propias casas. Con el paso de los años, aquella elaboración doméstica fue dando paso a una actividad artesanal desarrollada en obradores y establecimientos especializados. Así, una receta basada en productos humildes terminó convirtiéndose en uno de los principales reclamos gastronómicos de la localidad.
Hoy, quienes recorren el casco histórico de Melide pueden encontrarse con diferentes establecimientos que mantienen viva esta tradición. Comprar una caja de melindres para continuar el camino se ha convertido para muchos visitantes en una de esas pequeñas experiencias que acompañan al paso por la villa.
La importancia de los melindres no reside únicamente en su receta ni tampoco en su sabor. Su verdadero valor está en que forman parte de una tradición que Melide ha conseguido conservar y convertir en uno de sus principales signos de identidad.
Por eso, los melindres ocupan un lugar especial en la mesa y en la memoria de esta localidad. Pequeños, dorados y cubiertos de azúcar, los melindres pueden parecer a primera vista una sencilla rosquilla. Pero detrás de cada uno hay una historia de familias, obradores, ferias, peregrinos y tradición. Y quizá esa sea la mejor razón para probarlos cuando el Camino lleva hasta Melide.