El viejo hospital de Santiago que estuvo años abandonado y ahora tiene habitaciones de hasta 1.525 euros al mes
El viejo hospital de Santiago que estuvo años abandonado y ahora tiene habitaciones de hasta 1.525 euros al mes
El antiguo Hospital Xeral de Galeras, donde durante décadas fueron atendidos miles de compostelanos, ha sido rehabilitado como residencia universitaria en plena escalada del precio del alquiler
Durante años fue un edificio vacío al que los compostelanos se acostumbraron a pasar por delante sin esperar ya demasiado de él. Tras sus muros habían estado durante décadas las consultas, habitaciones y quirófanos de uno de los hospitales más importantesDe Santiagoo. Después llegaron el cierre, el abandono, los proyectos que nunca salieron adelante, los problemas urbanísticos y una larga batalla para decidir qué hacer con aquel enorme inmueble en pleno centro de la ciudad.
Ahora, al cruzar su puerta, la imagen es otra. Ya no hay pacientes esperando una consulta ni familiares recorriendo los pasillos. Hay estudiantes con ordenadores, salas de estudio, gimnasio, cafetería, espacios de ocio y habitaciones con baño privado y cocina. Y vivir allí puede llegar a costar 1.525 euros al mes.
Marcó la vida de muchas generaciones
El antiguo Hospital General de Galeras ha encontrado finalmente un nuevo uso. El edificio que durante décadas estuvo ligado a la sanidad compostelana se ha convertido en una residencia universitaria con capacidad para unas 400 plazas, en un momento en el que encontrar alojamiento se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para muchos estudiantes que se trasladan de ciudad para cursar sus estudios.
Aunque las obras del Hospital General comenzaron en 1920, el edificio no abrió sus puertas hasta 1953. Su puesta en funcionamiento supuso el relevo del Hospital Real de los Reyes Católicos, que pasó a convertirse en el histórico establecimiento hotelero que hoy continúa recibiendo visitantes en plena Plaza del Obradoiro.
Durante décadas, el Hospital General fue uno de los grandes centros sanitarios de Santiago. Allí se atendían urgencias, se realizaban tratamientos y se prestaba asistencia a pacientes de la capital gallega y de buena parte de su entorno. El inmueble fue creciendo al mismo ritmo que lo hacía la atención sanitaria. Entre sus instalaciones se produjo además uno de los hitos de la medicina compostelana: en 1988 se realizó allí la primera operación a corazón abierto de Santiago.
Pero el hospital terminó quedándose pequeño. El crecimiento de la demanda sanitaria llevó a construir el nuevo Hospital Clínico, cuya primera piedra se colocó en 1993.
De hospital a edificio abandonado
El antiguo hospital quedó sin un uso definido y comenzó una etapa de abandono que se prolongaría durante años. El edificio sufrió deterioro, actos vandálicos y robos, mientras distintas propuestas intentaban encontrar una salida para un inmueble que, además de su enorme tamaño, estaba condicionado por las exigencias urbanísticas y patrimoniales. Durante este tiempo se plantearon numerosos destinos: apartamentos para mayores, una residencia de estudiantes, un hospital privado, un centro asistencial, un hotel e incluso distintos usos administrativos.
Ninguna de aquellas iniciativas consiguió convertirse en la solución definitiva. La situación llegó a tal punto que el Ayuntamiento de Santiago declaró el inmueble en ruinas. La recuperación tampoco era sencilla: el futuro proyecto debía respetar elementos protegidos del conjunto, entre ellos la fachada principal, la gran escalinata y la fuente. El antiguo Hospital General se había convertido así en uno de esos edificios que forman parte del paisaje cotidiano de una ciudad precisamente por permanecer durante años sin cambiar.
El camino hacia su recuperación comenzó a despejarse con la venta del inmueble. La Universidad de Santiago de Compostela, propietaria del edificio, lo adjudicó a Asteriscos Patrimonial por 7,2 millones de euros. La operación permitió poner en marcha los primeros trabajos para conocer el estado real de la construcción y plantear su rehabilitación.
El objetivo ya era muy diferente al de las primeras propuestas que habían circulado durante años: convertir el antiguo hospital en una gran residencia universitaria.
Así es la residencia universitaria
La transformación es especialmente llamativa cuando se compara el aspecto actual del inmueble con el uso que tuvo durante medio siglo. La residencia dispone de alrededor de 400 plazas y está orientada principalmente a estudiantes. Cuenta con habitaciones privadas, baño y cocina, además de espacios comunes para estudiar, trabajar y relacionarse. El complejo dispone también de gimnasio, lavandería, salas de estudio y reuniones, cafetería, restaurante y diferentes zonas de ocio.
La ubicación es uno de sus principales atractivos. El edificio se encuentra en la calle de Galeras, muy cerca del centro histórico y a pocos minutos de las instalaciones universitarias. La Facultad de Medicina, precisamente una de las que concentra buena parte de la demanda de alojamiento, está a escasa distancia. Las habitaciones parten de unos 765 euros mensuales y pueden alcanzar los 1.525 euros, dependiendo de la modalidad y las características del alojamiento.
La transformación del antiguo hospital se produce además en un momento en el que el alojamiento pesa cada vez más en las decisiones de las familias que envían a sus hijos a estudiar fuera de casa. Santiago recibe cada curso a miles de universitarios. La Universidad de Santiago de Compostela cuenta con más de 20.000 estudiantes y su oferta de alojamiento propio es muy inferior a esa cifra, con alrededor de 1.200 plazas entre residencias y colegios mayores.
La aparición de un complejo privado de 400 plazas supone, por tanto, un incremento relevante de la oferta disponible. El modelo también refleja una tendencia que se ha extendido por otras ciudades universitarias españolas: edificios rehabilitados y nuevos complejos destinados específicamente a estudiantes, con servicios incluidos y precios que pueden situarse muy por encima de los de una habitación convencional en un piso compartido.
El edificio que durante años parecía condenado a seguir vacío vuelve así a tener actividad. Para los estudiantes que hoy atraviesan sus puertas, es una residencia universitaria. Para quienes crecieron en Santiago antes del cambio de siglo, probablemente seguirá teniendo otro nombre. El viejo Hospital General.