Gelocracia
¿Alguien se imagina la que se liaría si la esposa de Alfonso Rueda telefonease con esos aires de primera dama ofendida a la Policía Local de Santiago?
Se podrán decir muchas cosas del alcalde de Oleiros, Ángel García Seoane. Pero nadie pondrá en duda su sensibilidad artística. El eterno regidor del municipio más rico de Galicia aún conserva las maneras sutiles del músico que fue.
—¿Tú eres tonta o gilipollas?
Complejo dilema. Con esta delicadeza se lo planteó el antiguo batería de Los Trovadores a una funcionaria del Concello que dirige. La pregunta forma parte de un diálogo en el que García Seoane saca a relucir la profundidad de su discurso político y el amplio bagaje cultural que adorna sus éxitos como gestor. En la misma conversación se le escucha blasfemar con soltura y lanzar órdenes como si los trabajadores del Ayuntamiento de Oleiros no estuviesen al servicio de los contribuyentes, sino del amado líder.
La grabación, desvelada por El Debate, recoge una llamada de la esposa de Gelo a la Policía Local de Oleiros para quejarse de que la grúa municipal se había llevado su coche de una zona reservada en Mera. «Reservada para mí, para el alcalde», recalca la regidora consorte durante la charla con la atónita funcionaria. Como la agente se mantiene firme en sus réplicas, asistimos a la clásica escena del marido indignado que se pone al teléfono para resolver la cuestión con mañas de macho alfa. Tras las blasfemias, los insultos y las órdenes de «tráeme el coche de inmediato», llegan las amenazas. «A alguno le voy a abrir un expediente», arremete la autoridad suprema oleirense contra la trabajadora. Curioso comunismo el suyo, que embiste sin piedad contra el currante y luego se arrima con ojos de cordero degollado al tobillo del poderoso.
Tras escuchar esta alocución, más propia de la momia de la Plaza Roja que de un ayuntamiento de Europa occidental, se me ocurren varias preguntas. ¿Dispone el alcalde de Oleiros de zonas de aparcamiento exclusivas en el municipio, más allá de la lógica plaza frente a su centro de trabajo? ¿Usa también su señora esas áreas reservadas para la alcaldía? ¿Es este el tono habitual con el que se dirige el regidor a los funcionarios municipales?
Ángel García Seoane, alcalde de Oleiros
Mucho me temo que esto va a quedar en nada y se zanjará con el habitual «son cosas de Gelo». El alcalde de Oleiros es como ese familiar impertinente al que todos, sin saber muy bien por qué, le consienten sus malos modos y sus perrenchas. Pero añado otro interrogante: ¿Alguien se imagina la que se liaría si, en lugar de la mujer de García Seoane, esa llamada al 092 la hiciese en Coruña el marido de Inés Rey? ¿O si la esposa de Alfonso Rueda telefonease con esos aires de primera dama ofendida a la Policía Local de Santiago?
Pero Oleiros is different.
Acertó Ángel García Seoane al diseñar un urbanismo de baja densidad en el municipio. Mientras Cambre y Culleredo competían por ver quién construía más bloques de ocho alturas, Oleiros se llenó de chalés, adosados y pareados. Rodeó las viviendas unifamiliares de parques y jardines y creó un oasis arquitectónico en el área metropolitana. Eso atrajo de inmediato a los plutócratas coruñeses. Unos optaron por levantar allí la mansión de sus sueños. Otros montaron su segunda o tercera residencia, para disponer en agosto de un jardín en el que recibir a las visitas, y los más afortunados se hicieron con una casa con vistas al mar y a Coruña.
La fórmula carece de secretos. Se puso a disposición de los coruñeses adinerados una Ciudad Jardín bis al otro lado de la ría. Así brotaron los casoplones y Oleiros se convirtió en el municipio más rico de Galicia. Por si faltase algo en la receta, resulta que a ciertos millonarios —con los que siempre ha sido complaciente— les parece exótico tener de alcalde a un señor que se proclama comunista, castrista y devoto en general de todas cuantas dictaduras odian a Occidente.
Supongo que no se puede esperar mucho más si las estampitas ante las que te arrodillas cada noche para rezar son las del Che Guevara y Fidel Castro. Cosas de la Gelocracia. O de la gerontocracia, que su régimen ya dura más de cuarenta años.