Álex Rodríguez

Álex Rodríguez

Álex, el gallego creador de una IA para la Administración: «Ninguna inteligencia artificial es infalible»

Maite.ai cuenta con una amplia implantación en el sector público español, trabajando con organismos de la Administración General del Estado y Defensa, administraciones autonómicas y empresas públicas estratégicas, así como con diputaciones y ayuntamientos, desde grandes capitales hasta municipios rurales

Álex Rodríguez nació en Bueu (Pontevedra), impulsado por su experiencia en el mundo de las startups, ha sido uno de los encargados de fundar Maite.ai, una inteligencia artificial destinada a facilitar el trabajo administrativo en el ámbito jurídico.

En la práctica, el uso más habitual se concentra en estructurar y disponer de una primera versión de informes, decretos y propuestas de acuerdo sobre la que trabajar. El valor no reside en sustituir el criterio profesional, sino en disponer antes de un documento bien estructurado para dedicar más tiempo a revisar el fondo del asunto, tal y como defienden sus creadores.

– ¿Cómo surge Maite.ai y qué necesidad detectasteis en la Administración pública que os llevó a desarrollar una inteligencia artificial especializada en el ámbito jurídico?

–Maite.ai nace en enero de 2024 de la mano de tres socios, Alejandro Castellano y David García, catalanes, y yo, gallego, con una convicción muy sencilla: los profesionales del derecho dedican una parte enorme de su jornada a buscar, leer, redactar y revisar documentos, y la inteligencia artificial generalista no resolvía ese problema con el rigor que exige el trabajo jurídico. Hacía falta una IA entrenada en derecho español, que cite las fuentes y que trabaje con la normativa vigente, no una herramienta que «suene» convincente.

Hacía falta una IA entrenada en derecho español

Empezamos con despachos y asesorías, y la Administración pública llegó por el mismo camino: la necesidad era idéntica. Un técnico de un ayuntamiento, un secretario o un letrado de un organismo público se enfrentan cada día a informes, decretos y propuestas de acuerdo con una carga de trabajo creciente y plantillas que no crecen al mismo ritmo. Hoy Maite la usan más de 3.200 clientes, la han probado más de 150.000 profesionales y está presente en ayuntamientos, diputaciones, ministerios, autoridades portuarias, empresas públicas y servicios de transporte.

–Vuestra herramienta ya se utiliza en organismos públicos de distinto tamaño. ¿Qué tareas concretas puede agilizar y cuánto tiempo puede ahorrar a los profesionales en la elaboración de informes, decretos o propuestas de acuerdo?

–Lo que más agiliza es el trabajo documental que consume horas y aporta poco criterio: localizar la norma aplicable y la jurisprudencia relacionada, resumir expedientes largos, redactar un primer borrador de un informe jurídico, una propuesta de resolución o una contestación a alegaciones, y revisar un texto para detectar incoherencias o referencias normativas desactualizadas. Todo eso se hace en lenguaje natural, como quien escribe un mensaje, y con las fuentes enlazadas para poder comprobarlas.

No me gusta dar una cifra única de ahorro porque depende mucho del tipo de documento y del profesional. Lo que vemos de forma constante es que tareas que antes llevaban horas, como preparar la base de un informe o repasar toda la normativa que afecta a una propuesta de acuerdo, pasan a resolverse en minutos. El tiempo que se libera no desaparece: se dedica a lo que de verdad requiere a un jurista, que es decidir, fundamentar y asumir la responsabilidad del documento.

–La aplicación de la inteligencia artificial al ámbito jurídico plantea dudas sobre la fiabilidad de los resultados y la seguridad jurídica. ¿Cómo garantizáis el rigor de los documentos que genera Maite.ai y qué papel sigue teniendo el criterio humano?

–Lo primero es decirlo con claridad: ninguna inteligencia artificial es infalible. Todas, incluida Maite, pueden cometer errores, y quien afirme lo contrario está vendiendo algo que no existe. Precisamente por eso nuestro lema es que Maite potencia tu criterio, no lo sustituye, y por eso el profesional legal es imprescindible: es quien revisa, corrige, decide y firma.

Tareas que antes se hacían en horas, ahora se resuelven en minutos

Lo que sí podemos garantizar es que el sistema está construido para que ese profesional pueda verificarlo todo. Maite no inventa fuentes: cada respuesta se apoya en normativa y jurisprudencia reales, enlazadas, con doble comprobación de que la norma está vigente y de que la cita corresponde al texto que se muestra. Además medimos la calidad con pruebas exigentes, como el examen de judicatura, donde obtuvo un 99 sobre 100.

La seguridad jurídica tiene otra cara, que es la de los datos: toda nuestra infraestructura está en Europa, la información confidencial de un expediente no se utiliza para entrenar modelos y cumplimos el marco europeo de protección de datos. Maite prepara, busca y propone; el jurista revisa y decide. Esa división de tareas es lo que hace que la herramienta sea segura.

–¿Cómo está siendo la acogida de esta tecnología entre los funcionarios? ¿Os encontráis con reticencias a la hora de incorporar la inteligencia artificial al trabajo diario y cómo se superan?

–La acogida es mejor de lo que mucha gente espera, pero las reticencias existen y son legítimas. Las tres más habituales son el miedo a que la IA se equivoque, la duda sobre dónde van los datos y la sensación de que «esto va a sustituirme». Las tres se responden con hechos: fuentes verificables en cada respuesta, datos en Europa y sin uso para entrenamiento, y un producto pensado para que el profesional decida más y mejor, no para apartarlo.

Lo que de verdad desbloquea la adopción es la formación y el acompañamiento. Hemos formado ya a más de 15.000 profesionales en IA jurídica, hacemos demostraciones y puestas en marcha en persona y mantenemos atención telefónica con personas detrás. Cuando un técnico ve a Maite resolver un caso real de su propio organismo, con sus plantillas y su normativa, la conversación cambia de «¿esto es fiable?» a «¿cómo lo extendemos al resto del equipo?».

–Como emprendedor gallego que participa en el desarrollo de una tecnología con aplicación en todo el país, ¿qué oportunidades tiene Galicia para convertirse en un referente en inteligencia artificial y qué cambios veremos en la Administración pública en los próximos años?

–Maite.ai es la prueba de que se puede construir desde Galicia una tecnología que se usa en todo el país. Mis dos socios son catalanes y yo soy gallego, y eso nunca ha sido un obstáculo: somos una empresa cien por cien en remoto, hemos pasado de 3 personas en 2024 a 22 en 2026 y hemos crecido siempre siendo rentables, sin inversión externa. Y lo hemos hecho pensando también en nuestra tierra: Maite trabaja en gallego, además de en castellano, catalán y euskera, lo que la hace apta desde el primer día para la Xunta, las diputaciones y los concellos.

Galicia tiene lo que hace falta para repetir esa historia muchas veces: tres universidades que forman muy buen talento técnico y jurídico, infraestructura de computación como el CESGA, la sede de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) en A Coruña, que sitúa a Galicia en el centro de la regulación de la IA en España, una Administración que ya está apostando por la digitalización y una calidad de vida que permite retener a la gente que en otras regiones se marcha. El reto es conectar ese talento con empresas que resuelvan problemas concretos, en lugar de hacer IA en abstracto.

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