Paneles informativos de la estación de Córdoba
Viajar de Córdoba a Sevilla para trabajar: «El tren es una lotería»
El gobierno de Sánchez deja un servicio ferroviario tercermundista con el que los usuarios comienzan a resignarse
Teresa lleva unos doce años viajando de Córdoba a Sevilla por trabajo un par de veces a la semana. Durante buena parte de ese tiempo, esta profesora de Derecho Laboral de la Universidad Loyola no tuvo que preocuparse por el horario. «Tradicionalmente era la puntualidad extrema», recuerda. «El año pasado eso se rompió por completo». Aunque ha notado cierta mejoría con el comienzo de este curso, lo resume así: «Es una lotería absolutamente».
Rocío, funcionaria que trabaja en Sevilla, hace el trayecto de ida y vuelta de lunes a viernes con esa misma incertidumbre. Las dificultades empiezan antes de llegar a la estación: tiene que conseguir plaza en el Avant de las 6:20, el que necesita para incorporarse a su puesto a las ocho de la mañana. «El problema es la falta de capacidad del servicio para asumir toda la cantidad de gente que va a trabajar a primera hora», explica. Según su experiencia, las plazas se ponen a disposición de los viajeros a las dos de la madrugada y pueden haberse agotado antes de las cinco.
En ese tren viajan funcionarios, militares, policías, médicos, enfermeras y administrativos. Rocío cuenta que va lleno y que los siguientes no le sirven: «Que un tren llegue sobre las ocho y cuarto, cuando mi horario presencial en la Administración es a partir de las ocho de la mañana, no me soluciona nada».
Un WhatsApp para conseguir billete
Ante esas dificultades, los usuarios se han organizado en un grupo de WhatsApp para avisarse cuando alguno va a cancelar una reserva. Quien sabe que no utilizará su billete comunica el trayecto y la hora, y se coordina con otro viajero interesado para que intente conseguir la plaza en la plataforma de Renfe en cuanto quede disponible. «Es más probable que de esa manera alguien lo pueda coger que si tú no lo dices», cuenta Rocío.
El procedimiento tampoco les asegura el asiento. «Esto es muy aleatorio», advierte la funcionaria, que ha visto cómo una plaza anulada se le escapaba a la persona que estaba pendiente de ella.
Después queda comprobar si el tren saldrá y llegará a la hora prevista. Teresa recuerda el año pasado como «un desastre absoluto»: «Era imposible coger un tren a una hora determinada; los trenes se quedaban parados durante horas en mitad de la nada».
La profesora reconoce que este curso ha empezado «algo mejor», pero asegura que los fallos continúan. Cuenta que anularon un tren porque, según les comunicaron, no se había presentado el maquinista, y que ha habido servicios suprimidos cuyos pasajeros fueron trasladados al siguiente, junto a quienes ya tenían billete para ese viaje. «Si tienes que hacer algo urgente y a una hora determinada en un sitio, ya hay que buscarse otra alternativa», sostiene.
«Viajeros de segunda»
Rocío distingue entre el tren de primera hora y el de regreso desde Sevilla, a las 15:20. El primero le parece más regular; del segundo asegura que «casi todos los días» lleva algún retraso. A las demoras añade las esperas en Santa Justa y el trato a los viajeros habituales. Según relata, en agosto les hicieron bajar al andén cuando el tren todavía no estaba situado, en un día de mucho calor. «Nos hacen hacer cola como si fuéramos borregos», lamenta.
La funcionaria acepta que se comprueben la identidad y los documentos necesarios para utilizar las bonificaciones. Se queja de cómo les hacen esperar: «Nos tratan como si fuéramos viajeros de segunda y gente de segunda». Recuerda también una parada durante el recorrido en la que dejó de funcionar la refrigeración. Calcula que duró entre quince y veinte minutos y explica que el revisor repartió botellas de agua entre los viajeros más vulnerables.
Rocío tomó posesión de su puesto en mayo y desde entonces suma a los madrugones la preocupación por lo que pasará cada día. «A mí esto me estresa», reconoce. Lo que más le pesa es «la incertidumbre de saber si vas a llegar a tu puesto de trabajo con tiempo, si no vas a llegar, si Renfe te va a dejar colgado».
Más de un año de incidencias
Las quejas vienen de atrás. En septiembre de 2025, los viajeros habituales del Avant entre Córdoba y Sevilla ya denunciaron retrasos, cancelaciones y averías que les habían obligado a adelantar sus desplazamientos o a recurrir al coche para llegar a sus trabajos. El pasado 30 de marzo, Facua Córdoba trasladó formalmente a Renfe su preocupación por el deterioro continuado del servicio y reclamó medidas para recuperar la puntualidad, mejorar la información a los pasajeros y garantizar alternativas de transporte ante las incidencias reiteradas.
También ha fallado la infraestructura. El 26 y el 27 de mayo se registraron dos incidencias consecutivas en Almodóvar del Río, relacionadas con la señalización y los sistemas de desvío, que provocaron retrasos en los trenes de alta velocidad entre Sevilla y Córdoba. El 23 de junio, la caída de un cable de alta tensión ajeno a Adif dejó sin tensión la catenaria en los accesos a Sevilla, causó diversos daños y un incendio y obligó a interrumpir la circulación. Afectó a varias conexiones, entre ellas la de Córdoba, con nuevas demoras.
Teresa lo cuenta ya con resignación. Antes, recuerda, sabía que tenía un tren a una hora y que «a esa hora salía». Eso ya no existe.