La Virgen de Linares, en el altar mayor de San Lorenzo

La Virgen de Linares, en el altar mayor de San Lorenzo

El portalón de San Lorenzo

Nuestra Señora de Linares y las peñas de Córdoba

Los Romeros de la Paz sigue aún con plena actividad, como lo demuestra su participación todos los años en las romerías de Santo Domingo y de Linares

La Virgen de Linares una preciosa talla dorada manierista del siglo XVI de la Virgen Inmaculada conocida popularmente como La Conquistadora. Este sobrenombre le viene dado porque se dice que la imagen original acompañó a Fernando III en sus conquistas en el valle del Guadalquivir y, por tanto, en su entrada en Córdoba en 1236.

El ‘Libro de las Tablas’ es uno de los primeros testimonios escritos que confirman la existencia de esta imagen y su lugar de veneración en la sierra apenas unas décadas después de la reconquista de la ciudad. Así consta, por ejemplo, en el testamento del deán Pedro Ayllón, otorgado el 2 de Julio de 1302, conservado en el archivo de la Catedral dentro de este ‘Libro de las Tablas’ (n.2, folios 129 y 130):

El texto completo del 'Libro de las Tablas'

El texto completo del 'Libro de las Tablas'

En el texto señalado en el recuadro de la imagen se dice:

«Y debo a Santa María de Linares 122 maravedís, y cinco fanegas de cebada, y tres cafices [sic: cahices] de cal, y dos maderos que están en el sótano. Todo esto quedó en mi poder cuando [la ermita] quedó desamparada; mando que lo devuelva».

Aparte de este testamento tan preciso consta documentación anterior al respecto, como cuando en 1274 y 1293 el obispo Pascual ordenó a los cofrades de la Hermandad de la Lámpara que acudieran al santuario en procesión y le dedicasen una fiesta a la venerada imagen.

Una vez pasado el tiempo de desamparo que cuenta el citado testamento, la ermita se rehizo y se construyó el santuario actual en 1388, aunque luego fue profundamente remodelado en el siglo XVIII. Durante la saqueadora invasión francesa la imagen de la Virgen fue resguardada temporalmente en la parroquia de San Pedro. Y en otro momento de anticlericalismo feroz, durante los desórdenes y quema de templos de la II República Española, fue custodiada en la iglesia de San Lorenzo, que siempre se consideró como su segunda casa, pues la Puerta de Plasencia del barrio marcaba el camino hacia su santuario, especialmente el día de su secular romería.

Precisamente estando en esta idea de la relación de la Romería de Linares con San Lorenzo, siempre recordaré el día en que Isidoro Álvarez que tantas carrozas realizó en San Lorenzo, le preguntó un día al poeta Pablo García Baena qué fue lo que le debió pasar al maestro Ramón Medina con el cura Novo para que en sus coplas, el maestro mencionara a Santa Marina, San Juan de Letrán e incluso San Agustín, dejando fuera al barrio de San Lorenzo, y Pablo García Baena muy conocedor del entorno de Ramón Medina le contestó: «Isidoro, el enfrentamiento no fue con Ramón Medina, fue con el poeta Juan Morales Rojas autor de la mayoría de sus letras».

El mundo de las peñas

Si un grupo social está indudablemente unido a esta romería, igual que a la de Santo Domingo, son las peñas de Córdoba. Desde los años 20 del siglo XX se tiene constancia de reuniones más o menos informales de clientes de tabernas que se juntan en torno a sus líderes naturales, que por su simpatía y general aceptación son las cabezas visibles de estas agrupaciones incipientes. De este modo, el periodista Ricardo de Montis ya nos habla de peñas como Los 25 Corozos, Los Aviones, El Salero, Los 99 (con el Marqués del Cucharón y el Duque de la Mezquita como personajes destacados), Los 33, Los Birundis, la peña Racinguista (por el antiguo equipo de fútbol local, no por el de Santander), El Vivero, la peña Hace un millón de años”, etcétera.

La simpática fuente en el patio de la peña Los Emires

La simpática fuente en el patio de la peña Los Emires

Pero todas estas peñas históricas desaparecieron y sólo pertenecen a la Córdoba que se nos fue, mientras que otras subsisten a duras penas. A modo de ejemplo quiero citar a Los Emires, que lo fue todo y en la actualidad solo tiene tres peñistas en activo: el encargado del bar, el presidente y otro miembro que no conozco. Uno de los últimos en darse de baja ha sido el simpático Manuel Ávila, ‘El Trompo’ como se le llamaba cariñosamente, que por razones de salud ha sido ingresado en una residencia de mayores. Era un artista consumado que todos los años decoraba el patio de su peña con cualquier motivo histórico y monumental de Córdoba. Quedará para el recuerdo su último trabajo recreando la fuente de la Piedra Escrita, que con tanta ilusión logró reproducir fielmente.

Esos buenos tiempos pasaron, esos donde las peñas se consideraban imprescindibles para todo el mundo. Incluso los políticos acudían a ellas para buscar votos o candidatos populares. Como contrapartida, lo malo es que muchas veces la dichosa política enfrentó a amigos de toda la vida y contribuyó a su declive, al igual que la evolución de las antiguas tabernas, desaparecidas o reorientadas hacia el campo de la restauración. Las peñas alrededor de un medio de vino han sido sustituidas por raciones de calamares o de bacalao, que tienen mucho más sentido económico para el dueño del local. El sentimiento de lo cordobés ha sido sustituido por el humo de las cocinas.

Otras peñas

Otra de las primeras peñas cordobesas, también desaparecida, fue la de Los Legítimos, en la taberna de la Sociedad de Plateros de la plaza de Séneca, donde se guardaba celosamente el platino, en esa taberna visitada años antes por Julio Romero de Torres, Ramón del Valle-Inclán, Azorín, Ortega y Gasset y Pío Baroja, que con frecuencia venían a Córdoba para tomarse un medio de vino en aquellos vasos que parecían cubetas.

Además de las peñas generalistas, con origen alrededor de una taberna y el vino, surgieron otras no del todo similares en su forma de ser, con otras prioridades o que ponían el acento en un determinado aspecto, como El Lagarillo, una peña para la distinción y disfrute de su caseta de Feria, con la insignia de colegiado en su solapa. De carácter totalmente muy distinto fue la peña La Pimienta, siempre abiertos a cualquier iniciativa en beneficio de la ciudad desde su sede en la calle Escañuela, en la antigua Casa de la Palmera. Allí Margarita Laguna e Isidoro Álvarez daban «sesión continua» de su amor a Córdoba. No puedo dejar atrás a la famosa peña El Limón, amantes de la mejor música para cantar a su Córdoba del alma, según decían ellos, con Ramón Medina como estandarte.

Aquellos peñistas. La Sociedad de Plateros

En el plano afectivo mis recuerdos se dirigen, lógicamente, a las peñas más próximas de mi barrio, a las de aquellos peñistas que llegué a conocer en la Sociedad de Plateros de la calle María Auxiliadora antes de que en los 90 los nuevos taberneros al cargo, de forma incomprensible, acabasen con aquello. Allí estaban Los Romeros de la Paz, Los Bohemios, los Palomos Deportivos, la peña Excursionista Cordobesa... Hoy sólo permanece por allí la citada Los Emires, en unas dependencias independientes segregadas de la antigua bodega, con entrada por la calle del Queso. Entre los miembros de estas peñas empiezo por citar a Manolo Aranda, Rafael Calvo, Rafael Obrero, Antonio Figuerola, los hermanos Heredia, Ortega, Pepito Hidalgo, Rafael Espejo, Rafael ‘El Caracoles’, Antonio Martínez, Miguel Alonso, Antonio Trenas, Pepe ‘El Sordo’… tantos y tantos buenos peñistas de los que Córdoba tiene que sentirse orgullosa.

Siempre Los Romeros de la Paz

De toda esta debacle que he mencionado todavía hay una peña, Los Romeros de la Paz, que continúa en la brecha. Fue fundada en 1949, en la taberna La Paz de Santa María de Gracia, siendo la más antigua de Córdoba que pervive. Tuve bastante contacto con ellos en los largos años que estuvieron en la Sociedad de Plateros, cuyo amplio local era un museo permanente con sus trofeos ganados en romerías, concursos de dominó e incluso de cuando se celebraban los altares por la festividad de María Auxiliadora. Cuando se fueron de allí, al contrario que las otras, pudo continuar su historia saltando de local en local, eso sí, ya independiente del todo de cualquier taberna o bar. Sigue aún con plena actividad, como lo demuestra su participación todos los años en las romerías de Santo Domingo y de Linares, desde su actual sede en un local de la calle El Cisne, paralela a María Auxiliadora.

Entrada antigua a la peña en la Sociedad de Plateros, pero eso es ya historia

Entrada antigua a la peña en la Sociedad de Plateros, pero eso es ya historia

Para saber de ella, dada su larga historia, podemos echar mano a la hemeroteca. Un ejemplo es la carta que dirigió al diario ‘Córdoba’ el presidente de la peña, don José Aparicio Palop, el 12 de abril de 1953, abogando para que se revitalizara la antigua romería al santuario de Nuestra Señora de Linares. Fue publicada en dicho diario:

“Las romerías al Santuario de Nuestra Señora de Linares, en domingos y días festivos de la Pascua Florida, ni fueron ni podrán ser espectáculos programados ni motorizados. La romería, es, pura devoción. Sin devoción, no hay motivo de romería a ningún Santuario del mundo. El romero, es peregrino, que con sacrificio, va a postrarse ante una imagen o a visitar un lugar, de algún modo o en algún tiempo santificado por algo, aún cuando no lleve, ahora, bordón ni esclavina y no camine a pie ni descalzo.

Y mucho más si un grupo de amigos se comprometen a concurrir con una vistosa carroza, lo que sin duda les habrá supuesto muchas horas de trabajo y dedicación, haciendo flores, diseñando el modelo de carroza que van a llevar, y sobre todo hacerlo todo el pequeño secreto del grupo, para que en su día la carroza con su propia sorpresa sea un aliciente más por competir por los simpáticos premios que la romería pone en liza para compensar al menos el trabajo de todos los que han colaborado.

Y la romería es un acto, en el que el pueblo sale al campo a gozarse y a celebrar fiestas de sol, en primavera, cuando el calor y el clima suele ser grato. Entonces se celebran nuestras romerías de la Candelaria (Pedroches), Santo Domingo y al Santuario de Nuestra Señora de Linares; y se viene del campo a la ciudad, de noche, en fiestas de luna. En el verano, cuando el nocturno es fresco y agradable, entonces cuando es la Calenda, nuestras veladas y verbenas, de San Pedro, Santiago, San Lorenzo, Puerta Nueva, las Vírgenes del Carmen, de los Faroles y de la Fuensanta.

La romería ocupa el día entero, y hay que hacer en el campo la comida o el perol. En la velada y en la verbena, se beben refrescantes y, al que le gusta el vino o la cerveza suelen beber lo que les apetece. Luego llegará el picoteo de esta tapa u otra que las habrá, y a modo final y si se tercia aparecerán los churros o los jeringos con el chocolate y el café que pondrán el punto final a ese rato de diversión entre amigos y familiares.”

No sabemos si esta carta fue o no el detonante, pero el caso es que la romería de Linares se reanudó al año siguiente, 1954, con una agilización de los caminos de acceso al santuario. Se ensanchó el famoso Puerto de la Salve (que el maestro Ramón Medina inmortalizara en su copla y nuestros políticos permitieran su destrozo al urbanizarse la zona), para que en la romería pudiese haber vehículos a motor. En 1956, con la peña ya instalada en la Sociedad de Plateros de María Auxiliadora, montaron su carroza en la misma puerta de la taberna, ocupando la acera de enfrente la peña Excursionista Cordobesa. Esto era posible porque por aquellas fechas aunque la dirección de la calle María Auxiliadora era en ambas direcciones (aunque hoy nos parezca imposible), los pocos coches que circulaban, y el no haber ninguno aparcado en la calle, permitían que se pudieran montar allí mismo las carrozas. Quiero recordar que la carroza que presentó aquel año Los Romeros de la Paz (con autoría del padre de Ángel Parejas, de la calle Montero) simulaba un molino cuyas aspas eran dos guitarras.

Sus presidentes y los socios fundadores

Como toda institución de tanta antigüedad (77 años) por ella desfilaron muchos presidentes. Pero quiero destacar a los que conocí personalmente:

Ramón Gutiérrez Rodríguez, ‘Chito’, al que en 1954 entrevistó el gran Juan Montiel para la prensa local.

En su entrevista el periodista queda extrañado de que este hombre, siendo canario de nacimiento, estuviera tan identificado con el sentir de nuestra ciudad. Chito le respondía que llevaba en nuestra ciudad dieciséis años, pues había venido en 1938 para jugar al futbol en el Real Córdoba, y en la ficha que le hicieron se contemplaba la posibilidad de entrar a trabajar en la Electro Mecánicas, que sería su empresa de siempre. En cuanto a su opinión de Córdoba continuaba así: «Para mí Córdoba es de lo mejor de Andalucía y del mundo entero, aquí he encontrado mi trabajo, mi mujer, mis hijas, mis amigos y mi peña, que lo han sido todo para mí».

“Nuestra Peña está inscrita en el Ministerio de la Gobernación en 1947 y somos en total veintisiete socios.

Me acompañaron en aquella fundación José Taboada Jurado, Rafael Fernández Rodríguez, Manuel Estévez Milla, Manuel Parejas Pineda, Carlos Machín Montalbán, Luis Camacho Rivera, Manuel Muñoz Quesada, Rafael Fresno Jurado, Bonifacio Hernández Olivares, Jesús Rodríguez Jiménez, Rafael López Moyano, Joaquín Domingo Márquez, Fernando Ortega Romero, José Ortega Romero, Julián Carmona García, Paquito Carmona Valdecantos, Aurelio Ramírez Rodríguez, Luis Rodríguez Canales, José Porras Parras, José Montero Romero, Manuel Navajas Alcalá”.

Un año después, en junio de 1955 Los Romeros de la Paz’, decidieron su traslado al excelente salón que les ofreció la Sociedad de Plateros en su taberna de calle María Auxiliadora, con dos ventanas espléndidas a la calle.

Un bautizo muy sonado

En un acto mucho más feliz destaca el celebrado el 3 de marzo de 1959, cuando la peña organizó con toda solemnidad el bautizo del niño Manuel Hidalgo Jiménez, hijo del famoso peñista Pepito Hidalgo Gallego. Con el bautizo se formó una caravana de coches de caballos y se organizó una gran fiesta donde, entre otros, actuó Rafael Gaitán Romero ‘El Pesca’ como bailaor, y como guitarrista el ‘Cojo' Murillo. Al final hasta declamó el culto rapsoda’ Manolo Montoro Bello. Aquello fue como las bodas de Camacho del Quijote. Luego siguió la fiesta y la diversión, con el permiso, claro está, del cura Novo, que ya se hacía de alguna forma presente en todos estos acontecimientos poniendo orden.

Para el recuerdo de muchos se puede decir que este bautizo rivalizó con el mítico que se celebró más o menos por aquellas mismas fechas de un hijo de Antonio Carrasco Martín (Marchena el de la arena), que tuvo lugar en la iglesia de San Antonio de Padua. También se formó una caravana de coches de caballos, que desde la iglesia del Zumbacón desfilaron ¡hasta San Agustín!, donde se celebró el convite. Los padrinos fueron Carriles y La Orozca.

Una foto de la peña en sus tiempos más importantes

Una foto de la peña en sus tiempos más importantesLadis

Solidaridad con sus difuntos

En varias ocasiones hemos resaltado la hermandad y camaradería de que hacen gala las peñas cordobesas, que no sólo se reúnen para dar esplendor a los festejos populares de los barrios y celebrar actos felices como acontecimientos familiares, aniversarios fundacionales, fiestas locales, etcétera, sino que también se reúnen en los dolorosos momentos de la pérdida irreparable de un peñista de esta o aquella sociedad, dando con ello ejemplo vivo de esa amistad que pregonamos.

Una prueba fascinante de ello se constató en el acto religioso celebrado en la iglesia de los Padres Trinitarios el 24 de diciembre de 1974, ofrecido por Los Romeros de la Paz y aplicado por el eterno descanso de doce de sus peñistas fallecidos desde su constitución, cuyos nombres vamos a dar seguidamente, cordobeses de pro todos ellos que recordamos con la mayor simpatía: don Luis Camacho Rivera, don Manuel Mortes Ruiz, don Rafael Fresno Jurado, don Mariano Carrasco Ruiz, don Francisco Díaz Hernández, don Joaquín Valle Torres, don Manuel Rubio Lorente, don Julio Degayón Gómez, don Francisco Cordobés Quintana, don Bonifacio Hernández Olivares, Manuel Buendía y don Juan Ramírez. A ese acto asistieron representantes de las peñas de San Lorenzo que dieron sus condolencias a familiares y al presidente entonces de la peña, don Francisco Heredia.

La peña en los momentos actuales

A raíz de abandonar la Sociedad de Plateros de María Auxiliadora, y tras unos primeros años duros, la peña se fue rehaciendo sobre sus cenizas. En el año 2017 la prensa local cita a la peña por un acto donde demostró, de nuevo, su señorío:

«Entre esas aproximadamente 70 peñas llamaba la atención la de Los Romeros de la Paz, con una bandera de España colocada en el mástil de una de las setas metálicas que pueblan la entrada al centro médico Carlos Castilla del Pino "como señal de apoyo a España y a Cataluña [en estos difíciles momentos de intento secesionista]. Y ante la pregunta del periodista del porqué de la bandera de España, un peñista le contestó: “La bandera de España está por una buena causa».

A continuación se hablaba de los 70 años de historia de la peña, y que al encuentro entre las peñas cordobesas habían acudido 45 personas de la suya para disfrutar del perol, arte de guisar del que decía que María José Panadero era una auténtica artista.

En la foto dos mujeres, auténticos pilares de la peña

En la foto dos mujeres, auténticos pilares de la peña

En la actualidad la presidenta de la Los Romeros de la Paz es Mari Carmen Jiménez Moreno sanitaria de profesión, una mujer que se desvive por Córdoba. En lo poco que la he tratado puedo decir que si atesora la categoría humana que tuvo su padre, Rafael Jiménez Muñoz, un Pancho de segunda generación, el éxito está garantizado en todos los sentidos.

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