Los apartamentos Olympos en la zona de Carvajal-Los Boliches

Los apartamentos Olympos en la zona de Carvajal-Los Boliches

El portalón de San Lorenzo

Cuando un Ferrari marcaba la diferencia

«Todo el pueblo de Córdoba, de izquierdas, derechas, centro o lo que se terciara, entramos en la competición como un único piloto dispuesto a ganar»

No cabe duda de que la marca Ferrari representa lo máximo en la historia del automóvil. Es hablar del lujo y la grandiosidad, de un eterno aspirante al campeonato del mundo de Fórmula 1 y de lo que se le ponga por delante. De todo un símbolo de poder y estatus de origen italiano que trasciende las fronteras.

En el año 1972 estaba veraneando en aquellos apartamentos llamados Olympos que se alineaban al borde de la playa de la zona de Carvajal-Los Boliches. Pertenecían a Sofico, la que fue, unos años después, posiblemente la primera gran cadena de apartamentos víctima de la explosión de una burbuja inmobiliaria.

Aún quedaba tiempo para aquel trágico fin y ese año de 1972 disfrutamos a lo grande de esos elegantes apartamentos perfectamente situados, tanto que tenían su propia playa particular (entonces algo habitual, lo que iría desapareciendo con los años). Recuerdo que fuimos hasta allí con unos primos que tenían un Renault 8, posiblemente de lo mejorcito en gama media por aquellos tiempos en España.

Lola Flores y la Duquesa de Alba en aquellas fiestas de Marbella

Lola Flores y la Duquesa de Alba en aquellas fiestas de Marbella

Después de una jornada de playa decidimos ir a ver a Lola Flores que actuaba en el cercano Don Pepe de Marbella. Al llegar al célebre Pez Espada nos recibió un guarda-coches perfectamente equipado a tono con el lujo del hotel. Nada más entrar su cara denotó una gran extrañeza, aunque en realidad lo decía todo. De palabra fue muy amable y nos indicó en qué extremo de aquel amplio aparcamiento, podríamos aparcar. No hizo falta que nos dijera nada más. Aquello estaba lleno de Bugatti, Porsche y Ferrari. Posiblemente el coche de menor gama era el Mercedes color crema de la propia Lola Flores. Ni qué decir tiene que mi primo político dio enseguida marcha atrás y salimos pitando con nuestro Renault 8. Aunque éramos todos jóvenes, con esa sensación de que puedes con todo propia de la edad, pocas veces he sentido en mi vida una sensación más grande de ridículo.

Aquel simpático y recordado Renault 8 de 1969

Aquel simpático y recordado Renault 8 de 1969

A la vuelta de vacaciones le comenté esta anécdota al compañero y amigo de la fábrica Lucas León Simón, luego sindicalista, concejal en la época de Anguita y periodista. Nos reímos y me dijo que él había estado de veraneo con el compañero Juan Jiménez Costilla en la urbanización Cabo Pino, y que se habían sorprendido también de ver por allí algunos Ferraris, por lo que se ve que estos coches ya iban cogiendo «comba» en España.

Este incidente en el Don Pepe fue la primera vez que participé en persona de la contemplación de un Ferrari, hasta entonces un nombre casi mítico y lejano. Lo oíamos cuando alguien tenía uno en Italia como símbolo de que había llegado a lo más alto: «le han dado un Ferrari», aunque lo mismo era un coche de otra marca de lujo italiana. Así fue el caso de Luis Suárez, ese gran jugador español que fue fichado por el CF Barcelona como «relleno» de un interior del Deportivo de la Coruña, llamado Moll, (Dagoberto Moll Sequeira), que era el que realmente interesaba al club culé. Pero en el CF Barcelona el que triunfó fue Luis Suárez Miramontes (1935-2023), que lograría ser incluso elegido Balón de Oro en 1960 (hasta Rodri en 2024 ningún español lo conseguiría de nuevo), pero el casi siempre nervioso club catalán no supo gestionar en sus filas la convivencia de dos figuras como el veterano Ladislao Kubala Stecz (1927-2002), y el joven Luis Suárez, por lo que decidió traspasar al gallego al Inter de Milán de Ángelo Moratti. En Italia triunfaría aún más de la mano del «mago» Helenio Herrera Gavilán (1910-1997). En aquellos grandes fichajes como el de Suárez se añadía al sueldo del jugador un piso y un buen coche, que pensábamos siempre que sería un Ferrari.

Quien sí los tenía con seguridad era el gran Fausto Coppi (1919-1960), al cual vimos bajar la cuesta de Rabanales en una Vuelta Ciclista a España poco antes de retirarse. De forma desgraciada, al año siguiente y participando junto con otros ciclistas franceses, en una carrera y en una posterior cacería en el Alto Volta (actual Burkina Faso), contrajo la malaria, que le sería diagnosticada mal y con retraso, por lo que la enfermedad fue mal curada, causándole la muerte a los 40 años. En las revistas de la época salía habitualmente el «coppino» orgulloso posando junto a sus flamantes Ferraris. También recuerdo leer muchos años después (creo que en la revista ‘Lecturas’) el reportaje de un lord inglés enseñando su gran colección particular de coches Ferraris, donde indicaba el desorbitado precio y hasta la lista de espera que había que esperar para adquirir uno de estos demandados modelos que salían al mercado desde la conocida fábrica de Maranello en Módena.

De alguna forma llegó la venganza

Muchos años después de lo del Renault 8 que nos hizo salir corriendo del hotel Don Pepe, a principios del XXI llegó un italiano extrovertido, un hombre de negocios llamado Flavio Briatore, que fichó a un joven piloto español para que condujera, precisamente, el coche de su escudería Renault. Sorprendentemente, el coche de la marca francesa se vengó de la afrenta a nuestro Renault 8 ganando dos años seguidos el campeonato del mundo de Fórmula 1, imponiéndose al mismísimo Ferrari y a otras grandes escuderías del momento como Mc Laren y Williams. El dinero, yates y toda clase de lujos aparecían por el circo de la Fórmula Uno con un español de por medio y un Renault se codeaba con ellos.

Fernando Alonso era entonces uno de los pilotos más capacitados y completos del mundo, si es que no era el mejor. Tras un paso turbulento por Mc Laren lo fichó Ferrari, que parecía su meta natural. Intervino de por medio el Banco Santander con una gran suma de dinero, aprovechando además la publicidad que le suponía ser el color rojo el distintivo de ambos. Pero ya sabemos que aquello no terminó como se esperaba...

No hace falta decir que el piloto español era y es un superdotado con un volante en sus manos y nada tiene que ver con lo que sería un chófer convencional. Era además la máxima estrella entonces. En la competición automovilística hay mucho riesgo, incluso de la vida. Por ello se cobran esas cantidades tan astronómicas que se cobran.

Aun así, algo no debe de estar bien proporcionado. Quizás sea la propia sociedad la que ha perdido el control de lo razonable cuando las televisiones y los bancos (que, como se demostró en esos años con la crisis del 2008, al final los costeamos todos), se permiten esas cantidades tan desorbitadas que parecen que se mueven siempre con aires de la suficiencia de la Costa Azul, mientras aprietan las tuercas a todo aquel desgraciado que se retrasa en unos pagos.

En esos años la hoy decadente industria europea era todo un referente, y en ese grupo la italiana era de las más punteras por la fama mundial de sus talleres de utillaje y su industria de maquinaria de corte y mecanizado. El libro ‘Mario Rossi’ era todo un tratado completo del corte en serie con punzón y sufridera (matriz) y se consideraba como la ‘biblia’ de toda esa tecnología. Allí se explicaban al detalle las grandes matrices para fabricar, por ejemplo, los componentes de chapa de los mejores coches. Materia esta, en la que mi compañero de la Universidad Laboral de Córdoba Eulogio López Álvarez creó sin duda escuela de conocimientos en su empresa FASA Renault de Valladolid. Por otra parte, sus principios los aprovecharían nuestros plateros para las fornituras, por lo que pasarían de cortar sobre una plancha de plomo (sufridera) en el escalón de la puerta de su casa al corte con matrices montadas en sus prensas automáticas. Y todo esto había venido de Italia.

El Ferrari Testarossa

El Ferrari Testarossa

El Scalextric con Ferrari

Pasada ya mi adolescencia, recuerdo con nostalgia cuando en la entonces calle Ministro Barroso y Castillo (hoy Camino de los Sastres), frente a un establecimiento de la popular Modesta, pusieron un enorme salón de Scalextric con ocho pistas. Todas las pistas tenían el mismo precio, salvo en la que estaba el Ferrari de John Surtees (1934-2017), entonces reciente campeón de Fórmula 1 (1964) y heredero de la victoria en el campeonato de 1956 con un coche de la misma marca italiana del mítico Juan Manuel Fangio (1911-1995). Esta pista valía un duro más, tanto por la que aparejaba la marca Ferrari en sí como porque era la mejor, aquella donde «te salías menos». En ese local saboreé lo que era el «conducir» un coche guapo con mis amigos Francisco Morales Cerezo, Antonio Granados Crespo y el desaparecido Antonio López. Íbamos con la facilidad que nos daba el autobús de la línea Cañero-San Lorenzo-Ciudad Jardín para desplazarnos por sólo 0,85 pesetas y que nos dejaba en la misma plaza de Costa Sol, muy cerca de la puerta del citado Scalextric.

Fueron años donde los Scalextric despegarían como el inalcanzable juguete para muchos niños de los años 70 y 80, con exhibiciones y pistas, sobre todo en Navidad, en sitios como Los Sánchez, o más tarde en el colegio del Carmen y Galerías Preciados. Recientemente se montaba una pequeña pista en un local que habilitaba El Corte Inglés para Navidad en los pasajes junto a su edificio principal, pero tras dejar la empresa estos locales hace unos pocos años ya no la han vuelto a poner. No sabemos si es que a los niños actuales de las videoconsolas y los móviles ya no les llama la atención el Scalextric o, directamente, es que no hay apenas niños. Sólo quedan aún en pie algunos coleccionistas y aficionados, en su mayoría gente adulta.

Coches Ferrari en Córdoba

Pasando de las maquetas a la realidad, pocos Ferrari se han podido ver por Córdoba, aunque a veces surgen en situaciones desgraciadas. Así, en marzo de 1989, a la altura del cruce de la Torrecilla con la Nacional IV en dirección a Sevilla, (aún no era autovía), junto a los talleres de Molina Hermanos y el diario ‘Córdoba’, nos enteramos de un desdichado accidente entre un coche Seat de gama normal y un coche deportivo Ferrari Testarossa. A consecuencia del brutal choque murieron los conductores de ambos vehículos, Agustín Justo Flores y Alfonso López-Laguna, conocido industrial cordobés. Un segundo ocupante del potente Ferrari logró sobrevivir al choque, el notario don José Valverde Madrid.

Por aquellos años colaboraba en la iglesia de San Lorenzo un peculiar sacerdote vasco llamado Pablo que había venido de Hispanoamérica, con la apariencia propia de los curas de esa parte del mundo, tan influenciada esos años por la llamada Teología de la Liberación (estuvo poco tiempo y no llegué a conocerlo, por lo que no digo que perteneciera a ella, sólo resalto su atuendo y las extrañas liturgias que proclamaba). Un día se presentó en la iglesia con trece o catorce pares de zapatos de gama fina que una monja de la residencia de curas de la diócesis le había dado, pertenecientes a la víctima del Ferrari Testarossa, Alfonso López-Laguna que no era otro que el hijo de llamado «Tío de Queso»..

Otro Ferrari Testarossa que conocí campaba por el cortijo El Colorao, propiedad de Antonio Carrillo Baeza, un hombre emprendedor que un día abandonó la venta de libros del Círculo de Lectores y en un modesto local abrió lo que empezaría en llamarse Procono hace ya bastantes años.

El Ferrari de Córdoba 2016

Duele recordarlo todavía: Córdoba, la ciudad que fue referente histórico y cultural sin parangón en la Historia, dejando atrás disputas políticas, se sintió unida como nunca en el proyecto común de la Capitalidad Europea de la Cultura para 2016. Pocas veces había vibrado la ciudad con tanto empuje, y a decir de la prensa e intelectuales locales se hizo el símil de que «había irrumpido como un auténtico Ferrari con matrícula del 2016». Prolongando nosotros la metáfora, diremos que todo el pueblo de Córdoba, de izquierdas, derechas, centro o lo que se terciara, entramos en la competición como un único piloto dispuesto a ganar porque teníamos, sin duda, el mejor coche. La carrera decisiva sería en 2011, cuando se elegía dicha capital entre las ciudades candidatas.

Pero -seguimos con la metáfora- ese día tuvimos que entrar en el paddock para cambiar ruedas. Y allí, sorprendentemente, un jefe de pista llamado José Luis Rodríguez Zapatero disimuló para no ver cómo el taimado «cambia-ruedas» llamado Alfredo Pérez Rubalcaba se dejaba un tornillo fuera a cosa hecha y nos dio de nuevo la salida con el coche roto. En estas circunstancias no pudimos ganar y resultó triunfadora una escudería del Norte que, con los datos objetivos en la mano, no tendría nada que hacer contra nosotros. Y es que oscuros intereses políticos de un llamado «proceso de paz» iniciado en 2005 se escondían detrás de los tejemanejes de estos personajes con los amigos de la ETA, más partidarios éstos de quemar banderas que de usar la bandera de cuadros negros y blancos de una carrera que, no lo sabíamos, estaba trucada y nunca podríamos haber ganado aunque llevásemos el mejor Ferrari.

(Apéndice de 2026: Aunque no lo sabíamos entonces, aquella carrera aún no ha terminado. José Luis Rodríguez Zapatero según la prensa, sigue en el candelero con sus oscuros chanchullos mientras los herederos de la ETA, ya normalizados, son los «socios fiables» que sostienen al mal llamado gobierno de España).

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