De comienzo en comienzoElena Murillo

Vocación de servicio

Actualizada 05:00

En nuestra sociedad hay muchas personas que demuestran su predisposición de entrega a los demás; son seres virtuosos con gran capacidad de compromiso y donación a las necesidades que perciben a su alrededor, que vienen a contrastar con aquellos que solamente anhelan lograr un beneficio personal sin importarle mucho nada ni nadie.
El servicio cristiano, que debe brotar del amor infinito al Señor, queda reducido la mayoría de las veces al interés propio. Siempre es necesario escuchar y servir, como hicieron las hermanas de Lázaro. En Marta y María confluyen estas dos actitudes que son el mejor ejemplo de servicio en plenitud, servicio que se debe fundamentar en una generosidad unida al amor de Dios. Hay situaciones en las que la escucha lo soluciona todo, esa actitud de oración que conduce a actuar con diligencia. Este es uno de los temas traídos y llevados en el mundo cofrade, donde no son pocos los que llegan para servirse o para ser servidos y poco les preocupa la ayuda y la responsabilidad que se les presupone.
En este medio, habría que subrayar las situaciones singulares, no exentas de polémica, que se dan en torno al costal y que afortunadamente cuentan con honrosas excepciones. Es el caso conocido durante la Semana Santa y que ha tenido su eco en los primeros días de la Pascua, de la retirada como capataces de los hermanos Fernández. No encuentro un paradigma mejor para ilustrar lo que significa la vocación de servicio en una cofradía. En José y Sebastián convergen los dos aspectos que requiere esa vocación y que, año tras año, hasta alcanzar más de cuarenta, han dedicado a Santa María de la Merced. Pepe y Chico, conocidos así en el seno de la familia mercedaria, suponen un modelo a imitar porque representan el trabajo bien hecho, sin aspiraciones para acrecentar egos personales sino cumpliendo una misión comprometida y orada por amor a su Madre. En mi corazón quedaran como un eco las palabras que pronuncié allá por el mes de septiembre y que ya son remembranzas: «ya han quedado en la memoria las noches de viernes de ensayos de costaleros, recuerdo del anuncio de la cercanía de la Semana Mayor y que tanto cosquilleo en el estómago han ido provocando. Cómo olvidar el sonido lejano de las marchas girando hacia mi calle al filo de la medianoche. Cómo evitar asomarme a la ventana y escuchar la voz de Pepe Fernández, tan cercano como siempre con la gente de abajo. Cómo no participar del buen ambiente que se respira alrededor de los pasos. Cómo no estar en vela si la vigilia propia de estas vísperas se vive aún con más intensidad que las festividades» (Pregón a Santa María de la Merced, 21 de septiembre de 2022).
No puedo más que añadir que me alegra el tan merecido nombramiento como Capataces de honor que su Hermandad, una vez más fiel al cuidado de los detalles, les ha concedido. Felicidades, amigos.
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