El rodadero de los lobosJesús Cabrera

Los 'emojis' los carga el diablo

Con lo que no se contaba hasta ahora es que este pulgar hacia arriba te puede buscar una ruina

Actualizada 05:05

La mensajería electrónica, vulgo whatsapp, antes SMS, entre otros, tiene muchas ventajas pero también muchos defectos. Ha irrumpido en nuestras vidas y ha sido bien acogida, porque todo lo que suponga agilizar la comunicación es un avance para la humanidad. Soluciona mucho cuando buscas una respuesta rápida, cuando recibes una foto en tiempo real, cuando envías archivos y documentación a la otra parte del mundo, cuando se convierte en una tertulia de amigos, cuando, en definitiva, nos sitúa más cerca de los demás.
En contra, están los que te atiborran de vídeos o de noticias que no te interesan lo más mínimo, los que no respetan horarios o los que buscan una cercanía que no existe. Whatsapp requiere con urgencia de unas normas de cortesía, como las tenía antiguamente el teléfono fijo, cuando no te dejaban llamar a partir de determinadas horas.
El mayor defecto que tiene whatsapp es que te falta el tono. Un adjetivo cariñoso o un insulto no suena igual en boca de un jerezano o de un orensano. Esto sería igual en otras partes del mundo cuando nacieron los ‘emojis’, que son una versión refinada de los emoticonos de la generación anterior. Su misión es enfatizar visualmente lo que no transmiten las palabras y, para muchos, evitan escribir y, por tanto, mostrar su nivelito.
Emoji de un pulgar hacia arriba

Emoji de un pulgar hacia arriba

Esto les pasa también a quienes abusan de los audios, para no escribir sin darse cuenta de que no siempre estás en el lugar adecuado para escucharlos ni que vas a dedicar dos minutos -los hay más largos, eh- para algo que se puede resumir en un puñado de palabras que se leen del tirón.
Pero entre las ventajas de los ‘emojis’ está la brevedad y, también, una ambigüedad que en muchas ocasiones viene muy bien para no mojarse en demasía en determinado asunto. Ese ‘emoji’ con el pulgar hacia arriba es una bendición por su polisemia y es uno a los que más se recurren para solventar determinadas situaciones.
Con lo que no se contaba hasta ahora es que este pulgar hacia arriba te puede buscar una ruina. Un canadiense está en estos momentos arrepentido hasta las trancas por usarlo para quitarse de en medio a un pesado que quería. Comprarle no sé cuántas toneladas de lino. Apretó y apretó, y hasta le mandó un contrato pidiendo su conformidad. Pero, ¡ay!, la respuesta fue el ‘emoji’ del pulgar hacia arriba para decirle que lo había recibido, pero que estuviera de acuerdo, y el caso acabó en los tribunales canadienses, que han entendido que el dichoso dedito tiene el mismo valor que una firma porque significa asentimiento o aprobación.
La historia ha terminado con esta sentencia que obliga al condenado a pagar 82.000 dólares por usar un ‘emoji’ sin calcular su alcance. El tribunal canadiense reconoce su incapacidad para frenar el avance tecnológico, lo que significa que habrá que meter los ‘emojis’ en las leyes para equipararlos a la firma autógrafa o electrónica, por lo menos.
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