De comienzo en comienzoElena Murillo

Esperanzadora espera

Actualizada 05:00

Del latín adventus procede la palabra Adviento, con la que se designa una época conformada por los días que anteceden al Nacimiento de Jesús, que suponen la esperanza de algo nuevo y que nos sirven para hacer una buena preparación antes de la llegada o venida del Salvador. Este tiempo, que se prolonga durante cuatro semanas, inaugura en la Iglesia un nuevo año litúrgico. Dividido en dos partes, en la primera se recuerda la segunda venida del Mesías que dará paso a las ferias mayores con las que preparar, a partir del día 17, la Navidad: O Sapientia, O Adonai, O Radix Jesse, O Clavis David, O Oriens, O Rex Gentium, O Emmanuel.
Además de la Palabra de Dios, apetece también leer las composiciones que hicieran insignes poetas a propósito de la conmemoración de este acontecimiento. Por ejemplo, la del modernista Amado Nervo que se expresa con estas palabras en Nochebuena: Pastores y pastoras, / abierto está el edén. / ¿No oís voces sonoras? / Jesús nació en Belén. / La luz del cielo baja, / el Cristo nació ya, / y en un nido de paja / cual pajarillo está. / El niño está friolento. / ¡Oh noble buey, / arropa con tu aliento / al Niño Rey! / Los cantos y los vuelos / invaden la extensión, / y están de fiesta cielos / y tierra... y corazón. / Resuenan voces puras / que cantan en tropel: / Hosanna en las alturas / al Justo de Israel! / ¡Pastores, en bandada / venid, venid, / a ver la anunciada / Flor de David!...
Esta espera especial, que se vive con enorme gozo, también nos recuerda que en nuestra vida nos hallamos inmersos en una continua espera. Estamos habituados a esperar la lluvia, sobre todo en periodos de sequía; y también la luz del sol que nos trae la esperanza de los días que están por estrenar. Pasa el tiempo esperando a que concluya la jornada laboral, a que llegue el fin de semana, a tener vacaciones que nos proporcionen un anhelado y merecido descanso. Esperamos una cita médica o una intervención quirúrgica con la esperanza de encontrar sanación. Contamos los días para que llegue la feria o la Semana Santa. Ansiamos terminar la etapa formativa para dedicarnos a ejercer la profesión de nuestros sueños. Esperamos con la ilusión de un niño, una llamada, un encuentro, un abrazo, siempre manteniendo alta la expectativa de los logros conseguidos. Pensamos en tener una vida más próspera mientras otros esperan el fin de una guerra o simplemente la liberación de otras ataduras. Somos frágiles como el Niño que va a nacer y, a veces, protagonistas de la representación del mismo Belén viviente: hacemos de María o José, cuando somos obedientes y mostramos actitud de acogida; representamos a los pastores cuando buscamos refugio y abrigo; o a los Reyes Magos en el ejercicio simbólico del homenaje, de cada detalle que tenemos con otros en nuestro camino diario.
Que este mes concluya en clave de recibimiento y que se prolongue indefinidamente.
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