Firma InvitadaÁngel A. Agudo

Cogestionar o congestionar la bicicleta o la Mezquita

«Nunca hay que confundir el deseo con la realidad, que es lo que les pasa normalmente a los codiciosos, envidiosos y perezosos»

Hace un mes sucedió en Córdoba que un ciclista iba en agosto por la calzada del centro histórico y al girar (da igual si era a la derecha o a la izquierda, como tampoco importa la velocidad) se cayó de la bicicleta, se golpeó el hombro y como llevaba casco protector, amortiguó el golpe de la cabeza. Una ciudadana al verlo se le acercó y llamó al 112. Al poco rato un coche de la Policía Local aseguró la zona y a los 15 minutos -que se hicieron eternos para el ciclista- una ambulancia lo recogió con delicadeza y lo llevó a Urgencias. A las 5 horas salió del hospital con el hombro en cabestrillo por una luxación de clavícula.

Pasados 20 días, quien mueve la bicicleta, se encuentra con las declaraciones de un político de la ciudad que dice: «Mis amigos y yo vamos a solicitar en el Ayuntamiento la gestión compartida de la bicicleta ante posibles negligencias por la caída».

El ciclista pensó al leer la noticia en la web: ¿Para esto sirve la política que cuando me caigo y me lesiono alguien desea y quiere cogestionar la bicicleta? ¿Va a pedalear el político o su técnico «político» cuando haga falta empujar para ir a trabajar diariamente, incluso los fines de semana? ¿El supuesto «asesor» político que venga a cogestionar la bicicleta va a girar el manillar hacia donde quiera o necesite ir el legítimo propietario o va a girar donde quiera llevarle él/ella/la botella/ o va a girar hacia su ideología y la de sus amigos? Y si mañana, ya cogestionados, se cae otra vez ¿vendrán más políticos a congestionar la bicicleta? ¿Le ayudarán cuando toque engrasar la bicicleta o al llevarla para arreglar? ¿Copagarán con los presupuestos prorrogados del Estado? Y una pregunta no menos importante: ¿Al cogestor hay que pagarle por hablar y hacer tan poco?

Cuando con serenidad recapacita, el ciclista piensa que la verdadera política la hace la sociedad civil, la que sirve de verdad al ciclista, es decir, la ciudadana que se ocupó del ciclista caído, la persona que estaba detrás del teléfono del 112 y era de otra provincia trabajando un viernes por la tarde, la patrulla policial que intervino, el conductor de la ambulancia que atendió al siniestrado con la «caló» de agosto de Córdoba, la médico que tiene muchos y largos servicios en el hospital y el enfermero que le hizo el cabestrillo… Esos sí hicieron política sin ser de un partido porque atendieron con cercanía al ciudadano. Son los que se ocuparon y preocuparon verdaderamente del ciclista.

Los malos políticos solo teorizan desde el poder o desde un despacho de cómo sería la mejor gestión de la seguridad, de la sanidad y de la bicicleta. Quieren más poder sin respetar la autonomía de la iniciativa privada y aún menos si es de origen religioso católico. Utilizando el argumento maniqueo: si hay una caída no saben gestionar, si hay un éxito es del casco o del Plan de Autoprotección. Como si gestionar el Plan no es implantarlo.

Por ello es oportuno ahora preguntar: ¿Cuántos edificios públicos y parajes estatales tienen el Plan de Autoprotección, lo han implantado y actualizado? ¿Cuántas versiones lleva el Plan de autoprotección de la bicicleta-Mezquita? ¿Quién lo ha presentado en el Ayuntamiento y lo ha implementado en estos años?

Cualquier lector cordobés atento sabe de lo que se está hablando: todos los bomberos de Córdoba han visitado la estructura de la Mezquita Catedral en el año 2021 cuando no había turismo y también los 38 nuevos bomberos en el 2024. Hasta la IA si le preguntas te lo dice. Solo los perezosos ni preguntan, ni trabajan: únicamente desean, camuflan y opinan.

Hay pruebas evidentes de los simulacros en el edificio más emblemático de Córdoba, en el que trabajan y se coordinan muchas instituciones, comenzando por el Cabildo donde hay personas y profesionales con formación y experiencia en el Plan de Autoprotección (empezando por el Jefe de emergencias y el Jefe de intervención y sus equipos). Estos estaban cogestionando durante el incendio: Bomberos de Córdoba (con una intervención profesional y eficaz), la Policía Nacional, la Policía Local, el 112, el 061 y Protección Civil que llevan años participando, si se sigue la prensa. Una intervención elogiable de todos ellos como así lo reconocen los que gestionan Patrimonio Mundial. Estoy casi seguro que pocos políticos que desean «cogestionar» han asistido a los simulacros y al incendio, porque o no se enteran, no se presentan (sí para la foto) o están dormidos o durmiendo a la hora de los simulacros.

Para gestionar una bicicleta hace falta técnica y experiencia; para algunas cosas siglos. El que gestiona con responsabilidad sabe que la experiencia es alguna vez «mala» y siente la vulnerabilidad de la bicicleta y de quienes la montan y dirigen. Esto en los Planes de Autoprotección se llaman riesgos. Para estos riesgos hay que prepararse y por eso mismo se pagan los seguros. Nunca hay que confundir el deseo con la realidad, que es lo que les pasa normalmente a los codiciosos, envidiosos y perezosos.

Señor Hurtado, un triple consejo: tenga siempre cuidado en no caerse de la bicicleta y no desee la bicicleta de los demás, que se puede distraer. Y si se cae, Dios no lo quiera, dé siempre las gracias a los ciudadanos e instituciones que lo atiendan. Es de bien nacidos…

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