La pedradaBartolomé Madrid Olmo

El jefe de la familia

«El olvido como arma de autodefensa para una mafia política que secuestra el Parlamento e invoca vilmente la democracia para deslegitimar a quien pregunta y no dar respuestas»

El día a día revela que el eslogan elegido por el Partido Popular para la concentración que organizó en Madrid el pasado 30 de noviembre junto al templo de Debod fue un auténtico acierto. Ubicar al ciudadano español, machacado por el NODO sanchista, ante la disyuntiva de elegir entre mafia o democracia responde a una perversa realidad y a un guión tildado de progresista que mantiene flotando a buena parte del sentimiento colectivo en el temor a la ruptura con el legado de la Transición como una verdadera amenaza. En otras palabras, se trata de optar por la libertad o por la burda, maligna, obscena y corrupta autocracia de un presidente que nunca debió serlo.

El estado continuo de thriller gansteril que se ha apoderado del entorno monclovita incita a establecer ciertos paralelismos entre lo que acontece y lo más relevante y sugerente del cine negro. Informes de la UCO, comisiones, mordidas, sentencias judiciales, acoso sexual y un lenguaje soez propio de burdeles y tugurios se han acomodado en nuestros espacios vitales para hurgar en la visceralidad ideología de los españoles generando más confrontación, como revela algún estudio publicado recientemente.

Por ello, han visto la luz mis últimos artículos «Los intocables tocados» y «La mafia silenciosa» bajo el atrevimiento de hacer un símil entre la realidad que nos acosa y obras maestras del séptimo arte como son Los Intocables de Brian de Palma y Uno de los Nuestros de Scorsese. Como no hay dos sin tres, hoy toca cerrar este ejercicio de extravagancia discursiva recordando las palabras de Don Vito Corleone en la película de Coppola: «Un hombre que no dedica tiempo a su familia nunca puede ser un hombre de verdad». Una ética mafiosa cargada de cinismo que alcanzó su cenit cuando Michael Corleone le dijo a su hermano Fredo que jamás volviese a apoyar a nadie en contra de la familia. No importa que después ordenase su muerte.

Así, en esta España golpeada por amnistías, chantajes, corruptelas y perversiones los adeptos al Padrino pueden percibir demasiadas analogías. ¡Ay, la familia! La familia que toca y la que se elige. La familia que paga campañas electorales y la que viaja unida. La familia que defiende al alcalde acosador y se posiciona en contra de la acosada. La familia generosa con quienes gestionan bien sus silencios. La familia protectora que guarda en los cajones las denuncias contra sus maldades y la familia indulgente que comparte mesa y mantel con exhibicionistas de bragueta.

La familia y su código de honor. El código de honor de Michael Corleone con el senador Geary: «Ambos somos parte de la misma hipocresía, pero jamás la extienda a mi propia familia». El mismo código de Santos Cerdán sembrando la duda sobre el senador socialista que lo interpela y pidiendo respeto hacia su esposa. El código de honor roto en quien se siente abandonado por la familia y exclama: «Mejor solo que mal acompañado».

La trama de El Padrino y la trama del sanchismo (¿o del zapaterismo?). Dos ecosistemas de poder con sus códigos, su lenguaje y su familia. Universos con disciplina y reparto de dividendos en los que todo se hace «por los nuestros» (dirían ellos). Espacios con un paralelismo inquietante donde no sorprenden solo los escándalos superpuestos, sino las reacciones de autoprotección que el cine de gánsteres retrató fielmente y que hoy llenan los espacios informativos de fango, bulos y un lenguaje codificado que traslada la imaginación a otros tiempos y lugares. Solo el asesinato establece una línea roja entre ambas tramas, aunque no me queda muy claro en que delito encajar aquella terrible e infame frase de «si necesitan algo que lo pidan» y sus consecuencias.

Mafia cinematográfica y mafia en la vida real dándose el abrazo y compartiendo la gloria de unos capos que nunca se manchan las manos mientras su entorno sobrenada con distinta suerte en el lodo de sus ambiciones. Mafia en nuestros días que intenta taponar cualquier evidencia de sus tropelías con furibundos ataques a policías, jueces, periodistas y oposición argumentando manidos relatos sobre ricos poderosos y manoseando la desgracia de los más vulnerables. La misma mafia que exterioriza un grave alzhéimer ante la caída de los suyos: «No me acuerdo», «yo no sabía», «no tengo conocimiento» o un lacónico «apenas le conozco».

El olvido como arma de autodefensa para una mafia política que secuestra el Parlamento e invoca vilmente la democracia para deslegitimar a quien pregunta y no dar respuestas. Así sucede pleno tras pleno del Congreso de los Diputados, donde las sesiones de control al Gobierno pierden todo su sentido. En la última de 2025, Alberto Núñez Feijóo se interesaba por los atributos que Sánchez había visto en los corruptos, puteros y exhibicionistas elegidos por él cómo personas de confianza. Una vez más no hubo respuesta, lo que permitió al líder de la oposición cerrar el círculo: «Los eligió porque están hechos a su imagen y semejanza. Usted no es mejor que ellos, es uno de ellos». Quizás le falto decir ´usted es el jefe de la familia´.

Bartolomé Madrid Olmo es Diputado nacional y alcalde de Añora.