Besapiés a Nuestro Padre Jesús Rescatado

Besapiés a Nuestro Padre Jesús RescatadoLuis A. Navarro

La Córdoba Cofrade reza en el primer viernes de marzo

El Rescatado, Prendimiento y Ánimas exponen a sus titulares para un besapiés

El primer viernes de marzo tiene algo de cita escrita en el calendario sentimental de Córdoba. No es solo una fecha: es un gesto repetido durante generaciones. Un día en el que la ciudad, casi sin ponerse de acuerdo, vuelve a hacer lo mismo que hicieron sus padres y sus abuelos: acercarse, mirar a los ojos de sus titulares y rezar.

La Córdoba cofrade vuelve a hacerlo. Como cada año, el primer viernes de marzo se convierte en una jornada de devoción serena, de puertas abiertas y de templos llenos de silencios compartidos. En el Alpargate y en San Lorenzo se sitúan los epicentros de un día que rara vez falta a su cita con la Cuaresma. Allí, los fieles desfilan durante horas ante las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, Nuestro Padre Jesús del Prendimiento y el Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, expuestos en devoto besapiés.

No hay prisa. Nunca la hay en este día. Las colas avanzan lentamente entre miradas bajas y oraciones que muchas veces no se pronuncian en voz alta. Algunos llegan con promesas, otros con agradecimientos, muchos simplemente con la necesidad de detenerse un instante ante esas imágenes que, para Córdoba, son más que madera o arte.

También en su templo, la Nuestra Señora de la Soledad permanece expuesta a la veneración de los fieles. Y mientras la ciudad continúa su ritmo fuera, dentro de las iglesias se produce algo difícil de explicar y fácil de reconocer: ese instante íntimo en el que cada devoto cree, por un segundo, que está a solas con la imagen.

Puede parecer costumbre, y lo es. Pero en Córdoba las tradiciones no son gestos vacíos. Son memoria, identidad y una forma de rezar que se transmite sin necesidad de palabras. El beso a los pies del Señor, la mirada que se alarga unos segundos más de lo previsto, la mano que roza el mármol frío del altar.

Por eso el primer viernes de marzo no es solo tradición. Es una de esas jornadas en las que lo intangible se hace visible en las filas silenciosas de fieles, en las velas encendidas y en la certeza compartida de que, año tras año, Córdoba sigue rezando igual.

La devoción continuará además el domingo, cuando también se celebren besapiés a Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder y Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, prolongando un fin de semana que vuelve a recordar que, en esta ciudad, la fe y la tradición caminan siempre de la mano.

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