Antonio Tordera López Confecciones Leyla en Maestro Priego López (Ciudad Jardín)
«O cerrar el negocio o meter paquetería» : cómo los pedidos online han salvado al pequeño comercio cordobés
Los negocios de barrio se reinventan para afrontar la bajada de ingresos y hacer frente a los nuevos canales de venta
El pequeño comercio y los autónomos cordobeses no dejan de luchar. Las tiendas de barrio han tenido que reinventarse tras una pandemia que cambió para siempre el canal de venta: compras a golpe de clic, menor contacto e inmediatez.
Un modelo de negocio que no ha dejado de transformarse desde entonces y que, según el último estudio del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, facturó el pasado año 110.683 millones de euros, con un gasto medio por consumidor de 3.762 euros. En total, 29,4 millones de españoles compran a través de una pantalla -ya sea de móvil, ordenador o tablet-, 2,6 millones más de compradores que en 2024.
Esto supone un vaivén diario de millones de pedidos. En concreto, se reparten al día tres millones de paquetes en España, según el Informe Anual de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), en su mayoría procedentes de firmas de moda y belleza a nacional e internacional.
Un enorme flujo de mensajería que supone una oportunidad de negocio para los comerciantes y un balón de oxígeno para la crisis, sin predecentes, que sufren desde que explotase el comercio electrónico. «Cada vez tenía menos ingresos, cada vez más gastos, más impuestos y cada vez se vendía menos, entonces, tenía la opción de o tener que cerrar el negocio o meter paquetería», explica Antonio Tordera, con más de 35 años al frente de Confecciones Leyla, en el barrio de Ciudad Jardín.
Una historia que contrasta a la perfección con la situación de otros comerciantes: más gastos, más impuestos y menos ventas e ingresos que les ha llevado a una alianza comercial con las principales firmas de mensajería del país como GLS, Seur, Nacex o Correos. « Si no fuera por la paquetería no podría tener la tienda abierta. Subir la persiana me cuesta 1.000 y picos euros y ahora, gánate tu sueldo. Por eso me metí en la paquetería», cuenta Eva María Quesada, de la tienda de informática Dynos (Avenida Gran Vía Parque, 43), quien tras la pandemia experimentó una bajada drástica de las ventas y con la mensajería «era como entraba la gente a las tiendas. A raíz de ahí metí muchas más agencias con las que trabajar».
«Así es imposible trabajar y competir ,menos»
Las compras online han llegado para quedarse. Un hábito de consumo al que sí o sí han tenido que adaptarse «inevitablemente», afirma Antonio. «Esto ya es endémico, y cada día la gente se ha acostumbrado a pedir todo online en paquetería, y encima, pues, te devuelven el dinero si no lo quieres, si no, incluso no quieres devolverlo, te dicen que te quedas con el paquete y te lo reembolsa. Entonces, así es imposible trabajar y competir, menos. Pues, claro, todo el mundo está acostumbrado al online».
Una forma absolutamente cómoda, rápida y fácil a la que se suman todas las generaciones: «Viene gente de todo tipo. Desde mayores a jóvenes de 18 años, mayormente por comodidad, por cercanía. Porque trabajan o no están en casa y prefieren dejarlo en un punto de entrega y recogerlo cuando puedan», explica el responsable de una tienda de golosinas en pleno barrio de la Huerta de la Reina.
Beneficio
Aunque pueda parecer un negocio redondo, el beneficio no es tan alto como cabría esperar para el esfuerzo diario que supone y el espacio que ocupan los decenas de paquetes que albergan en sus locales. «Hay una gran afluencia de público, pero la mayoría viene a por su paquete y se va. Puede que se lleve una revista o haga una fotocopia, pero no es lo habitual;el problema es el tiempo que se pierde y los márgenes de la paquetería que son pocos, mínimo 0,15 centimos y máximo 0,40, depende de si es entrega o devolución», explica David López, de Papelería Maribel (calle Luis Ponce de León, 2), que entró en el negocio por casualidad: «Empecé a quedarme con los paquetes de los vecinos como favor y me lo acabaron ofreciendo».
Hoy en día con la bajada de ventas de la prensa escrita y la papelería, la paquetería para él supone un extra porque «imagínate qué volumen de paquetes tienes que tener para llegar a un sueldo».
Más demanda, más competencia
Pero querer tener el paquete cada vez más cerca de casa o del trabajo está haciendo que proliferen nuevos puntos de recogida que hacen peligrar este ingreso extra. « Cada vez más negocios metenun 'punto pack', desde un estanco hasta una gasolinera», explica el responsable de Confecciones Leyla. «A fin de cuentas, si tú encima cada vez tienes más pérdida, y con los paquetes va menguando esas pérdidas, si no lo tienes, tu pérdida cada vez va a ser más grandes, porque no tiene otro margen que te produzca un ingreso. Entonces, busca el equilibrio y la balanza».
Y, «¿a dónde va a ir esto?», se pregunta el responsable de papelería Maribel, que lleva más de 15 años dedicado a vender prensa y que ya ha visto caer otros negocios que parecían eternos. ¿El problema? Aparte de que cada vez hay más puntos de recogida, la gestión del pedido «genera mucha cola. Yo no puedo poner a una persona sólo para recoger paquetes porque no me sale a cuenta».
El resultado final: clientes con nuevos hábitos, un comercio electrónico cambiante y un futuro incierto para todos. Por ahora, el presente pasa por mirar hacia esos comercios de cercanía que siempre estuvieron ahí, al pie del cañón, por sumar amabilidad y empatía y reducir las exigencias.