Croquetas sin gluten, en la Sociedad de Plateros María Auxiliadora (Córdoba)

Croquetas sin gluten, en la Sociedad de Plateros María Auxiliadora (Córdoba), uno de los templos celíacos de la ciudadLa Voz de Córdoba

Cómo se vive mayo con una enfermedad autoinmune: así es ser celíaco en la Feria de Córdoba

El recinto ferial se convierte en un ejercicio de logística y planificación para los celíacos

La Feria de Córdoba huele esta semana a gofres, patatas asadas ,pescaito frito, tortilla y montaditos. Un evento donde gran parte de la fiesta gira en torno a la gastronomía que no todo el mundo puede saborear en igualdad de condiciones.

Para los más de 40.000 intolerantes al gluten en Córdoba ir a la feria supone un esfuerzo extra: planificación, resignación y, a veces, pasar hambre. Las casetas no pueden asegurar servir comida sin contaminación cruzada -aunque en origen no contenga gluten- y ellos prefieren no jugársela: «Yo recuerdo llevar en el bolso un bocadillo porque no me fiaba de nada, ni del jamón en las casetas. Veías como el resto se comía sus flamenquines, su tortilla y tú estabas ahí, mirando con tu bocadillo», afirma Elena Quiles, celiaca y presidenta de la Asociación de Celíacos de Córdoba (ACECO).

Ser celíaco no es fácil, y mucho menos barato. Una dificultad que se incrementa en eventos multitudinarios como la feria por la falta de concienciación, empatía y desconocimiento de los caseteros: las raciones compartidas, el jamón cortado encima de migas de pan, el clásico «lleva poquita harina» o casetas donde sin gluten significa «te quito el pan a ti y ya está».

Se trata de enfermedad silenciosa a la espera de aumentar sus cifras, ya que se prevé que el 80% de los enfermos está aún sin diagnosticar. No es una moda, sino una enfermedad autoinmune que desencadena daños en el intestino delgado.

Con un poco o mucho gluten estas personas sufren una respuesta inmunológica que destruye vellosidades intestinales y que deriva en efectos a corto y a medio plazo. «Yo no he comido en ningún sitio en la feria, salvo en la caseta de la asociación porque no tengo ganas de que me fastidien la feria o ponerme mala al día siguiente o la misma noche. No me apetece. La comida esta para disfrutar y la feria para disfrutar».

Reto conseguido

Por suerte, ya no es imprescindible ir a la Feria de Córdoba con un bocadillo en el bolso. Por suerte, ya no hay que llegar cenado, ver cómo otros disfrutan o quedarse con hambre. Ahora, es todo un poco más sencillo y delicioso.

Desde hace ocho años existe la primera caseta sin gluten de Córdoba de la Asociación de Celíacos de la ciudad (Calle Judería, 7). Se trata del único lugar en El Arenal donde es posible comer de forma 100% segura y libre de contaminación cruzada.

Este espacio de 300 metros cuadrados se convirtió en el objetivo y reto de la presidenta, Elena, porque ir a la feria «era un suplicio; un año me revolucioné y fuimos todos al Mcdonalds a comer. Ahí ya fue cuando dije no puede ser».

«Fue un proceso largo porque antes había lista de espera, algo que por desgracia ahora no ocurre». Todo empezó con una foodtruck «porque no sabíamos tampoco sí íbamos a tener respuesta. Teníamos muy pocas mesas y sillas, pero aquello fue un pelotazo. Se nos desbordó». Al año siguiente, repitieron con el mismo éxito hasta que por fin «conseguimos nuestra caseta en condiciones».

La caseta se ha convertido casi en un oasis en pleno desierto. Un espacio donde poder disfrutar de la feria al 100% para aquellos que no pueden pedir una hamburguesa en la «Choni», un gofre con nutella o una patata asada con todo. Un lugar donde comer flamenquines, pepitos, salmorejo o beber sin gluten donde no es necesario interrogar al camarero sobre los alérgenos, donde poder compartir comida sin miedo y donde sentirse uno más.

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