De comienzo en comienzoElena Murillo

Cuando llega la canícula

«La histórica ruta de peregrinación a Compostela regala esas estampas que pasan al álbum de la memoria»

La subida de las temperaturas siempre nos parece el momento peor del verano. No hay estío en que estos periodos cesen en sus idas y venidas, una y otra vez, como si fueran una rueda que no para de rotar. Algunos de ellos se dilatan ampliamente y la sensación de fatiga se hace bastante molesta.

Las largas horas del estío ralentizan los trabajos rutinarios. La canícula agota los cuerpos e implica un esfuerzo superior para llevar a cabo la más simple de las actividades. Me gusta utilizar esta palabra, canícula, porque se entiende perfectamente su significado en esa magnífica acepción en la que haciendo referencia al ámbito de la astronomía, se define como el «tiempo en que Sirio, la estrella más brillante de la constelación del Can, aparece junto con el Sol y que antiguamente coincidía con la época más calurosa del año en el hemisferio norte» (Real Academia Española).

El estío, o la canícula, va unido a la cosecha. La tierra fértil da fruto pese al rigor impuesto por el sol, que todo lo seca. La semilla germinó, las acequias aportaron el sustento necesario para una buena producción y se hizo posible la ocupación de los campos por grandes cosechadoras que ahora obtendrán la recompensa para el agricultor.

En esta época me regocijo en la belleza que quedó grabada en mi retina de los campos de Castilla a pleno rendimiento. Fue a mi paso por el conocido como «granero de España», llamado así por su riqueza productiva fundamentalmente en los cultivos de trigo y cebada. Junto a ellos los sembrados de girasol, esos extensos llanos amarillos en continua búsqueda de la luz del astro rey. La histórica ruta de peregrinación a Compostela regala esas estampas que pasan al álbum de la memoria. Quizá conformen algunas de las mejores instantáneas del recorrido.

La naturaleza siempre ofrece otra versión, otro paisaje. También esa tradicional oportunidad de disfrutar de la siesta sosegada. En la visita a tu pueblo o a esas otras villas que invitan a la acogida, que abren sus calles, su terruño, sus casas, y ofrecen lo mejor que tienen.

El trabajo que antes se hacía en la era, la trilla de las mieses, la separación del grano de la paja, lo útil de lo prescindible, ahora se ha industrializado. La recolección manual ha dado paso a la mecanizada. Como todo es digno de aprovechamiento, hoy las máquinas cortan, trillan, seleccionan y empacan. Las balas o pacas de paja serán fuente de energía para los animales, útil como alimento y como cama; pero también servirán de decorado para avispados fotógrafos que buscan ambientar sus obras en el ámbito rural.

Sobre la recolección, ya dice el refranero aquello de «el año bueno, el grano es heno; el año malo, la paja es grano».

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