Ante la fiesta de la Virgen del Carmen
Esta semana el tema de la columna se hacía obligado. Cómo no hacer una reseña, aunque de modo abreviado, de los días recorridos en este primer mes de verano junto a la Flor del Carmelo. El palomarcico que se alza en la cima de San Cayetano la guarda todo el año, pero el mes de julio y la Virgen del Carmen expresan una unión indisoluble que a los fieles nos empuja a subir la cuesta para rezarle, dar gracias de nuevo y acompañarla en sus días grandes.
Cuando ya aguardamos con inquietud el momento de poder saludarla y felicitarla al filo de esta medianoche, cuántas son las emociones que se concentran en una jornada que es la antesala de su día grande. Cuántos recuerdos se han ido desgranando al ritmo que pasaban las cuentas del rosario cada tarde de la novena que hoy concluye. Cuántas plegarias brotadas de los corazones de tantas personas que se mantienen fieles a la devoción carmelitana.
Hemos recorrido estos nueve días de la mano de un predicador novel que al mismo tiempo atesora un enorme amor a la Madre de los Carmelitas. Novel por estrenarse en estos menesteres tras su reciente ordenación sacerdotal, pero profundamente formado en las aulas del colegio Virgen del Carmen, madurado en la fe bajo la capa blanca de María y con una amplia y fructífera trayectoria, aportando lo mejor de sí a lo largo de un buen puñado de años, en la vida de la Real, Muy Ilustre, Antigua, Centenaria y Venerable Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen Coronada, sobre todo engrandeciendo los altares de culto y salidas procesionales de la Madre de Dios de San Cayetano. Aquel niño y adolescente, hoy convertido en Fray Javier de María y José (OCD), conventual del Convento de San José, ha emocionado a los asistentes cada tarde a través de una sucesión de palabras llenas de sentimiento.
Su predicación nos ha permitido meditar. Nuestro querido Javi Galán (Fray Javier de María y José) ha sabido atraernos a la oración agradecida a Nuestra Madre. En cada una de sus expresiones nos ha ido identificando con las flores del jardín sembrado por María, nos ha hecho ver cómo Ella misma nos lleva en su mano, nos ha invitado a estar alegres y hacía una llamada a los jóvenes evocando a una santa carmelita, en su día, Santa Teresa de Jesús de los Andes.
Hoy la noche se llenará de oración, de canto, de ofrenda. El escapulario, símbolo de consagración a la Virgen, será impuesto con la intención de aumentar la devoción mariana. La propia María lo entregaría a San Simón Stock diciendo que debía ser un privilegio «para todos los carmelitas», algo que posteriormente se extendería a todos los fieles, y «que quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno». Felices vísperas de la Virgen del Carmen.