León XIV. Jóvenes y universidad
«El Papa ha manifestado que educar es renovar la humanidad y removerla para que no se aletargue»
Con la conclusión de un nuevo curso académico, cuando los exámenes finales apuran convocatorias, las nuevas promociones celebran sus graduaciones al tiempo que alcanzan la condición de egresados, algunos alumnos hacen la defensa de su Trabajo de Fin de Grado y, en definitiva, muchos universitarios planean su periodo vacacional, es inevitable hacer balance del año concluido. Para ello he querido aprovechar algunas ideas que el Santo Padre León XIV nos ha ido dejando a lo largo de su todavía escaso tiempo de pontificado.
Sería en octubre, con ocasión de una misa con estudiantes de las Universidades Pontificias en el contexto del Jubileo del mundo educativo, cuando señalara que «lo que ocurre en las aulas no debe quedarse en un ejercicio intelectual abstracto, sino convertirse en una realidad capaz de transformar la vida, de profundizar nuestra relación con Cristo y de hacernos testigos audaces del Evangelio». León XIV ha hablado de la enseñanza como una forma de caridad. Al hilo de esto, añadía en la exhortación apostólica Dilexi te que la educación de los pobres es un deber de la fe cristiana.
El Papa no es ajeno a lo que ocurre en las aulas. En su ser permanece la esencia del profesor de Física y Matemáticas que fue y me maravilla su capacidad de establecer similitudes de gran belleza que considero que es extraordinaria: «…los viajeros han encontrado su rumbo en las estrellas. Los marineros seguían la Estrella Polar (…) el cielo es un libro abierto que marca las estaciones de la siembra, la esquila y los ciclos de la vida (…) los Reyes Magos siguieron una estrella (…)»; de ahí a saber conectar con la idea de que hay estrellas que guían a los estudiantes: padres, maestros, sacerdotes, amigos, a los que equipara con brújulas para no perderse, llegando a nivelar a los jóvenes también con estrellas hasta afirmar que «juntos están llamados a orientar el futuro».
León XIV ha manifestado que educar es renovar la humanidad y removerla para que no se aletargue. No le falta razón, porque en cada una de las generaciones que salen cada año de la universidad reside la confianza de un futuro esperanzador. Con esa creencia discurren los días de enseñanza en las clases. Todavía resuena la petición que hacía a los jóvenes con el fin de afrontar los retos de la sociedad, en su reciente visita a España, a «ser humanos: hombres y mujeres de carne y hueso».
Concluyo con otra de las frases pronunciadas, en este caso en la Universidad de La Sapienza, el pasado mes de mayo: «quien investiga, quien estudia, quien busca la verdad, al final busca a Dios, encontrará a Dios, lo hallará precisamente en la belleza de la creación, en las muchas formas en las que Dios ha querido dejar su huella, en todo lo que somos, sobre todo como hijos e hijas de Dios, criaturas hechas a su imagen, pero también en su creación».