El Pórtico de San Lorenzo o la inculturación de un negocio
Hay negocios que con un saber hacer, lento pero seguro, van caminando con paso firme desarrollando su actividad de una manera impecable. Son lugares que conjugan a la perfección gastronomía, arte o ambiente, propiciando un espacio de encuentro donde el tiempo se detiene compartiendo una copa de vino. La esencia de la taberna típica cordobesa precisamente como lugar de reunión de parroquianos, adquiere en el caso concreto que hoy menciono, un doble sentido. En El pórtico de San Lorenzo no solamente están los que acostumbran a ir con frecuencia sino que este establecimiento suma algo especial a su propia idiosincrasia: ellos mismos tienen el sentido de pertenencia y no pierden de vista su vinculación a la parroquia junto a la que se erige el local y de la que toma su nombre.
El mencionado vínculo se demuestra con el apoyo admirable a la labor caritativa que se lleva a cabo en la feligresía. De manera particular destaca la colaboración con Cáritas, con una sugerente aportación obtenida de la venta de lotería de Navidad. Son llamativas igualmente las pulseras solidarias que, con la inscripción «barrio madre San Lorenzo», corroboran la buena sintonía y sensibilidad hacia los más necesitados, a esas familias que requieren un auxilio económico.
Su implicación en la zona es tal que incluso devolvieron al barrio, después de cuarenta años, la réplica del cervatillo de Medina Azahara que ornamentaba la fuente que precede al pórtico de la iglesia.
Con la esencia de una taberna cordobesa, su apuesta por el embellecimiento se palpa no solamente en las obras de arte que poco a poco van ornamentando los diversos espacios sino en los manteles que se renuevan cada año y que permiten al comensal contemplar el talento de diferentes artistas de la ciudad. Cuelgan de sus paredes obras fascinantes como la de Rafael Cervantes con la que se quiso rendir homenaje al Grupo Cántico o el tributo a la familia salesiana representado en una pintura impresionante de Raúl Muñoz.
En El pórtico son fieles a las tradiciones. Cuidan la decoración en Navidad, Semana Santa o feria, haciendo sentir la inmersión ambiental propia de cada una de las fiestas a los clientes.
Calidad humana y gastronomía exquisita vienen a completar un lugar de esos que hay que conocer en Córdoba, visitar y disfrutar. Su propuesta gastronómica, que resulta de lo más atractiva, desprende cariño y profesionalidad en cada plato. Sublime la mazamorra que ofrecen y es un mínimo ejemplo escogido de entre las propuestas que aparecen en la carta o que ofrecen como sugerencia. Si además el trato es cercano y el personal tiene un buen ambiente de trabajo, se dan cita los mejores ingredientes para levantar el ánimo y deleitar los sentidos.