La verónicaAdolfo Ariza

¡Peligro! Incursión distributista en Córdoba

«Estos distributistas, inspirados en Chesterton, te van a decir que no es posible separar democracia y tradición»

¡Peligro! ¡Échate a temblar! El motivo no es otro que la confabulación distributista que, inspirada en el sin par Chesterton y organizada por la Sociedad Chestertoniana Española, va a tener lugar el próximo viernes, día 26 de junio (de 17:30 a 21:00) en el Centro Cultural José Luis García Palacios-CajaRural del Sur de la ciudad de Córdoba.

Claro que te preguntarás por el por qué de esa agitación, en principio, sobrevenida al sosiego propio de la calina cordobesa en junio. Ahí van algunas de las razones.

Estos distributistas, inspirados en Chesterton, te van a decir que no es posible separar democracia y tradición. Creen en la tradición de tal manera que rehúsan a «someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de aquellos que, solo por casualidad, andan todavía por la tierra». Entienden que si la democracia nos enseña a «no desdeñar la opinión de un hombre honrado, así sea nuestro caballerizo», la democracia también deberá exigirnos para que «no desdeñemos la opinión de un hombre honrado, cuando ese hombre sea nuestro padre». Para colmo de los colmos viven en «la certeza de que los mundos científico y artístico se han unido en secreto para emprender una cruzada contra la familia y el Estado». La cuestión es que a este grupúsculo le resulta «divertido pero desconcertante que a todo liderazgo político, cuando le llega su turno, le entra el aislamiento del poder y se convierte en una pequeña aristocracia». Para colmo de los colmos estos distributistas sostienen que «los partidos prácticamente no existen en una revolución real» y que «son un juego para tiempos».

Hay que echarse a temblar, sobre todo los publicistas, pues son capaces, los distributistas chestertonianos y bellocianos, de preguntarle por el por qué de su opción ya que saben que han puesto a «Marconi en lugar de Medici». Aclarando lo dicho: En otros tiempos «el príncipe pagaba por la estatuilla, pero no esperaba que la estatuilla le pagara a él». Ahora «da la impresión de que no podremos encontrar una pastilla de jabón en ningún boceto encargado por el Papa a Rafael».

Es peligrosa también la incursión para los periodistas porque no es que estén los distributistas aburridos de los artículos sino porque piensan que el que está aburrido es el periodista. Estiman que escriben «sin entusiasmo humano» porque no lo hacen tanto «por la monarquía, por la que muchos hombres morirían; ni por la democracia, por la que muchos hombres mueren; ni siquiera por la aristocracia, por la cual muchos hombres han muerto». Entienden que lo hacen «por una cosa llamada Capitalismo», al que «ningún hombre lo ha amado y ningún hombre ha muerto por él».

Estos distributitas – Ortodoxos donde los haya - no tienen nada de ilusos ya que profesan toda una fe en un «romanticismo práctico»; además necesitan considerar el mundo de tal manera que se pueda fundir «la idea del asombro con la idea del bienestar» y la necesidad de «ser plenamente felices en esta tierra de las maravillas», sin conformarse «con pasarlo medianamente». No pretenden revivir al poeta de la corte sino al bufón de la corte ya que consideran que lo que necesitan en este momento nuestros gobiernos «no es ni alabanza seria ni denuncia seria»; lo que necesitan es sátira. Lo que les hace falta, en fin, es «realismo dado con estilo».

Además de que tienen muy claro que «el hombre, convertido en máquina, se levantará en esos floridos prados y clamará en voz alta: ‘¿No existió una vez algo, una iglesia que nos enseñó que éramos libres en nuestras almas? ¿No se rodeó de torturas y mazmorras para forzarnos a creer que nuestras almas eran libres?’. Si tal cosa existió, que regrese, con sus torturas y mazmorras y todo».

¡Advertidos quedamos!

Fin de la ironía.

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