Yo soy Peinado y dos bisílabas
El octenio sanchezista se derrumba. Y en la historia de España se reflejarán estos ocho años con dos palabras bisílabas, en pie de página: putas y joyas
Estoy leyendo y oyendo que el CGPJ se reúne para «sancionar al juez Peinado» por algo que ha escrito, y que he leído, en su auto del sábado referido a los policías escoltas de Begoña Gómez.
Vivimos en un país en el que la Abogacía del Estado se querelló contra el juez Peinado; en el que la Fiscalía se opone frontalmente al proceso de la señora Gómez, etc. Y ahora conoces que, a petición de Marlaska y de Bolaños, el CGPJ estudiará unas frases escritas por el juez Peinado en una resolución judicial no firme.
Tras medio siglo de vivir en el mundo jurídico, uno ha visto muchas cosas y ha sido testigo de graves pérdidas de credibilidad en muchas, demasiadas, instituciones del Derecho. Como letrado sindical, secretario judicial, abogado del Estado, juez en el TS y magistrado del TS, literalmente estoy perplejo.
El CGPJ no puede examinar las resoluciones judiciales, ni opinar sobre lo que en ellas se dice. Para eso están los recursos ante órganos de la jurisdicción.
Los sanchezistas pueden decir lo que quieran, por supuesto, dentro de unos límites, porque la libertad de expresión es un derecho de todos, incluidos los resentidos, escasos de cerebro, también los malintencionados. Pero todo tiene límites, y las autoridades, por el hecho de ser autoridad u ocupar cargos, deben ejercer esa libertad con prudencia, y hay numerosísima jurisprudencia de Estrasburgo que lo recuerda.
Pero a esa crítica del sanchezismo al juez Peinado, por unas frases de un reciente auto, se han unido algunos, incluso desde la judicatura.
He sido magistrado del TS por el quinto turno, y en ocasiones he vivido una cierta crítica en mi labor como tal por no ser juez «pata negra», es decir, de oposición. El juez Peinado ingresó en la carrera judicial hace muchos años, con una trayectoria impecable de trabajo, seriedad y formación, desde el tercer turno, hoy convertido en algunos retoques en cuarto turno. Y parece que ese ingreso molesta a algunos «pata negra».
La convocatoria del CGPJ para tratar esa frase del auto judicial no es conforme a Derecho. Y sorprende esa celeridad, cuando decenas de declaraciones públicas, desde altas magistraturas en ejercicio, no han merecido esa acelerada respuesta del CGPJ. Por el prestigio y la credibilidad del órgano de gobierno de los jueces, esperamos que la prevista reunión quede en desconvocatoria. Pues cualquier decisión o acuerdo que adopte sería algo muy perjudicial para el CGPJ y el Estado de Derecho.
Quien ocupa hoy la Presidencia del Gobierno se ha vuelto «vaticanista», y en España y en Bruselas habla del apoyo que recibe del Vaticano y de la Conferencia Episcopal. Pues ante esta «conversión», puede citarse la parábola del administrador infiel, donde Jesucristo dice que «los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz». San Lucas, 16-8.
Por favor, despertemos y no invitemos con obsequiosas opiniones al jugador que hace trampas.
El octenio sanchezista se derrumba. Y en la historia de España se reflejarán estos ocho años con dos palabras bisílabas, en pie de página: putas y joyas. Y ambas cosas en un ambiente fétido de saqueo de las instituciones.
Que no tenga miedo el CGPJ a acuerdos no unánimes. Antes la discrepancia que la burrada jurídica. (Necedad, desatino, etc. Diccionario RAE).
Y si se pretende que un excelente juez termine su carrera profesional con un inicuo varapalo, por favor, que lo haga extensivo a este magistrado ya jubilado, pues alto y claro, digo: «Yo soy el juez Peinado».
Javier Borrego.
P.S.— Y si alguien precisa de artículos, de jurisprudencia o de doctrina, con placer se expondrán. Aunque lo obvio no necesite explicación.
- Javier Borrego fue magistrado del Tribunal Supremo