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La educación en la encrucijadaJosé Iribas S. de Boado

Varones y abandono temprano: ¿el día de la marmota en desigualdad educativa?

Cuando un problema educativo persiste durante quince años, deja de ser una anomalía estadística. Se convierte en una seria advertencia

El Debate puso sobre la mesa hace unos días una brecha educativa de la que hablamos menos que de otras.

Su noticia señalaba que en Castilla y León el abandono temprano alcanza al 12,9 % de los hombres y al 7,5 % de las mujeres. El dato me hizo volver a mi etapa de consejero de Educación de Navarra.

Tiempo después de haber tomado posesión, llegó a mis manos un informe del Consejo Escolar del Estado titulado Las diferencias de género en los resultados del sistema educativo español, presentado en marzo de 2011. Su conclusión era difícil de ignorar: los varones repetían más, abandonaban antes y obtenían menos titulaciones que sus compañeras. Quince años después, el diagnóstico sigue resultando reconocible. Desgraciadamente.

El informe oficial sobre el curso 2009/2010 permitió medir aquella distancia. La tasa de graduación en ESO era del 68,1 % entre los varones y del 80,3 % entre las mujeres. En Bachillerato, del 38,4 % frente al 53 %. Y el abandono educativo temprano llegaba al 38 % de los hombres y al 25,7 % de las mujeres.

Quince años después, hemos mejorado, pero no hemos resuelto el problema. En 2025, el abandono temprano entre hombres y mujeres sigue teniendo 6,4 puntos de diferencia, en favor de estas últimas.

No es el único indicador. El informe oficial Igualdad en cifras 2026 sitúa la obtención del título de ESO en el 86,3 % para las alumnas y en el 78,1 % para los alumnos. En Bachillerato, las tasas son del 62,2 % y del 48 %. Los porcentajes han variado; el sentido de la brecha, no.

Reconocerlo no pretende enfrentar a chicos y chicas, ni restar importancia a las desigualdades que puedan seguir perjudicando a las mujeres. Significa que la igualdad ha de ser para todos.

Una política de igualdad digna de ese nombre no puede elegir qué desventajas merecen atención y cuáles resultan incómodas. La obligación del sistema educativo es posibilitar que cada persona desarrolle su talento, con independencia de cuál sea su sexo.

No existe una explicación única para estos resultados. Influyen los hábitos lectores, las expectativas familiares y sociales, la relación con el esfuerzo, la orientación académica, la capacidad de detectar pronto las dificultades, etc. Precisamente por que conocemos todo eso no basta con lamentar las cifras: hay que estudiarlas, desagregarlas y actuar sobre sus causas. Para que no quede todo en un dato. Y para salir del día de la marmota.

Cuando un problema educativo persiste durante quince años, deja de ser una anomalía estadística. Se convierte en una seria advertencia.

Quizá haya llegado el momento de volver a leer aquel informe. Porque algunos alumnos –varones– siguen esperando que los miremos.

¿Qué se está haciendo para no quedarse en la pura estadística? ¿Ha de resolverse comunidad a comunidad, o el Ministerio –el informe era del Consejo Escolar del Estado– se va a poner las pilas en esta materia de igualdad y hasta de justicia?

Ellos tienen la palabra. Y profesionales competentes. Y presupuesto. Y hasta el boletín oficial.

La igualdad es de todos: de unos y de otras. Y en este caso exige no abandonar a los varones que abandonan.

José Iribas S. de Boado es director de Relaciones Institucionales de CampusHome y exconsejero de Educación de Navarra

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