Cuidado con el turismo
« A poco que nos descuidemos nos van a comer los de al lado»
Ahora que llegan julio y agosto, dos meses en los que hay más moscas que turistas por las calles de Córdoba, es buen momento para analizar cómo se encuentra uno de los pilares de nuestra economía. Por qué este año la cosa está empezando a ponerse complicada. Mientras algunos insisten en que la ciudad está gentrificada y tenemos un exceso de visitantes, las cifras se empeñan en demostrarnos lo contrario. Con respecto a 2024 y 2025 tenemos 50.000 pernoctaciones menos en los hoteles de la ciudad y aproximadamente unos 30.000 viajeros menos. Podría decirse que esto se debe al efecto de la tragedia de Adamuz o a las consecuencias de las inundaciones de la primavera, pero no es así porque los meses de abril y mayo dan señales de agotamiento en el turismo cordobés. Además, otra señal alarmante es que el gasto medio por habitación en los hoteles se ha situado muy poco por encima de los 55 euros, despeñándose considerablemente con respecto a cifras de años anteriores.
¿Qué está pasando en Córdoba, para que sus cifras desciendan mientras que destinos cercanos, como Granada, Sevilla o Málaga, no solo se mantengan sino que mejoren? Sobre esto se habló el otro día en un encuentro en el que estuvieron quien gestiona el buque insignia del turismo cordobés, el representante de un grupo hotelero de ámbito nacional que va a implantarse en Córdoba con una oferta de 5 estrellas y un referente de la restauración de la ciudad ubicado en el barrio más señero de la capital. Y todos coincidieron en lo mismo: Córdoba está anquilosada. Córdoba necesita venderse mejor, necesita innovación, necesita disrupción, necesita planificación, necesita unidad, necesita que se trabaje en equipo. Necesita, en definitiva, profesionalidad, planificación y rigor para revertir esta tendencia preocupante.
Preocupante no solo porque vienen menos visitantes, sino porque eso supone menos dinero, lo que supone menos ingresos, lo que supone cierre de empresas, lo que supone menos empleo. El círculo es claro. No hay que ser premio Nobel para darse cuenta de cuál es el efecto directo que tiene una caída de visitantes en una ciudad como ésta. Si Córdoba depende en un porcentaje muy elevado de su PIB del turismo y miles de personas comen cada día gracias a los que vienen a visitarnos no estaría de más pararse a pensar qué está ocurriendo.
Los profesionales del sector tienen claro que hay que ir unidos a los sitios; que hay que presentar paquetes que nos saquen de ser la muletilla entre Sevilla y Granada; que las instituciones públicas deben escuchar de verdad a quienes saben de esto y no a quienes les tocan las palmas; que las organizaciones empresariales deben dejarse de luchas cainitas y aunar esfuerzos en pos de los empleos y empleados que representan; que si queremos tirar de la provincia hay que hacerlo con iniciativas conjuntas y no con aventuras medievales; que las líneas estratégicas deben marcarse con objetivos claros a medio y largo plazo, y que si hay cosas que en otras ciudades funcionan no pasa nada por copiarlas y ponerlas en práctica.
Y no es cuestión de satanizar las despedidas de soltero, ni lamentar que dos meses al año hay mucha gente por aquí. Es cosa de darse cuenta de que el año tiene doce meses, de que a poco que nos descuidemos nos van a comer los de al lado, de que hay que escuchar a los que saben, de que hay que ir a buscar a los que venden los viajes y seducirlos con una oferta buena, clara, atractiva y organizada. Que hay que ponerse ya a trabajar con la mirada larga y salir de esta sensación eterna de vivir en la parálisis del análisis en la que llevamos lustros estancados.
Que con las cosas de comer no se juega y el turismo está empezando a dar señales bastante preocupantes.