Club de fans del incendio de Cerro Muriano
«el incendio sobre todo necesita ya su club de fans, sus hinchas, y sus ultras»
Fiel a su cita, el verano empezó en Córdoba el pasado fin de semana. El tradicional incendio en el campo de tiro de la base de Cerro Muriano así lo certificaba. Y ese incendio merece su loa, su homenaje y su reconocimiento. Y por qué no decirlo: su artículo tan veraniego como él, que no tuvimos el año pasado porque extrañamente faltó al encuentro de sus fieles, pero sí el anterior como corresponde. Y un trabajo periodístico de opinión se queda ya corto. Es un incendio que está pidiendo poeta, uno de esos vates locales capaz de captar su simbolismo, de personificarlo, porque este fuego es ya una entidad pagana. Pero el incendio sobre todo necesita ya su club de fans, sus hinchas, y sus ultras. En lugar de bufandas con sus colores rojizos, pues no está el tiempo para estas prendas, su sombrero de paja, que arde mejor.
Imagino la entrañable escena que da origen al incendio:
- Teniente coronel, se acerca la Noche Blanca del Flamenco. ¿Prendemos?
- Adelante sargento, que no solape tampoco al Córdoba Live.
Y así surge con tos sus avíos, como el gazpacho. Su Infoca, sus helicópteros, sus vehículos autobomba, sus perímetros, sus no me pases de esta línea porque no es de tu competencia, su Unidad Militar de Emergencia y ese pedazo de técnico de operaciones con ese pedazo de agente medioambiental.
- Sargento, cuando esté a punto de extinguirse, reaviven, para dar emoción.
- A sus órdenes, mi comandante.
- Teniente coronel.
- Teniente coronel.
Es un incendio compartido, que hace ciudad, con sus fotos subidas por los ciudadanos a las redes sociales tomadas desde la carretera. Surgen los expertos en humo, los expertos en pasto y los expertos en material arbóreo potencialmente inflamable. Y esas grandes conversaciones sobre catástrofes que, durante unos días sustituyen a la del calor.
- A mí me parese que como er viento cambie y sarga de la sona controlá podría ponéh en peligro a loh habitanteh de la áreah aledañah, en lah que vive por sierto mi cuñao.
- Vaya que sí Rafaé, por no mensionah la catahtrofe ecológica suhyasente, el dehtroso del hábitah de la rapaseh autóhtona y la inmisericorde devahtasion de la sona de paso del linse ibérico.
Como hay proyectiles en la zona sin detonar, el incendio del campo de tiro remite a la infancia, con aquellos petardos que perseguían a los niños por el suelo, sólo que esta vez pueden alcanzar a los aviones. A veces se produce más de uno al año, por lo que la gente que se va a Fuengirola puede ver el otro a la vuelta.
Este incendio es pura tradición, pero con un punto de arte contemporáneo, por lo que lo mismo podría emitirse en el cine de verano Coliseo que en el del C3A para llegar a más gente. Desde la azotea un niño que juega en su piscina de plástico atisba el humillo del incipiente incendio del campo de tiro. Siente lo mismo que su abuelo más de tres décadas atrás. Sus nietos, sus bisnietos... lo contemplarán ensimismados también.
- Sargento, vaya preparando otro para agosto, pero no la semana del festivo, un poco antes. Con un carácter más intimista.
- A sus órdenes, comandante.
- Teniente coronel.
- Teniente coronel.