Diversión con banderas
Solo Sheldon Cooper está capacitado para resolver la disputa entre la cruz de San Andrés y el pendón morado de María Pita
Al fin un debate intelectual de altura. La alcaldesa Inés Rey ha sacado del baúl de los recuerdos la antigua enseña marítima de la ciudad para proponer que se recupere como bandera de Coruña. Sobre fondo blanco, luce una cruz de San Andrés azul marino y, justo encima, el escudo municipal con su Torre de Hércules y sus vieiras. Según recuerda el Ayuntamiento, esta enseña del Gremio de Mareantes era la última que veían los emigrantes en el puerto antes de zarpar hacia América y, con el tiempo, se convirtió en el símbolo de Galicia. Más tarde, se eliminó una de las dos aspas azules porque se confundía con el pabellón de la Marina rusa y la diagonal de San Andrés se convirtió en la actual divisa gallega, con una única franja.
En cuanto la alcaldesa colgó la propuesta en las redes sociales, se abrió el fuego cruzado entre partidarios y detractores de la idea. Como siempre, dos bandos perfectamente alineados y sin cuartelillo para los tibios y equidistantes. A un lado, el exalcalde Francisco Vázquez, que apunta que el municipio ya tiene bandera y es el pendón morado que se custodia en la Alcaldía. Justo enfrente, su sucesor en María Pita, Javier Losada, que reivindica orgulloso la iniciativa del actual gobierno local. Y, en medio de esta refriega, historiadores y eruditos que aprovechan para arrimar el ascua a su sardina.
Recuerdo que el gran Xosé Neira Vilas también contaba que la bandera de Galicia, como el himno de Pascual Veiga, había nacido al otro lado del Atlántico, y que se eligió la insignia del puerto coruñés porque era el recuerdo que guardaban los emigrantes de su partida desde el muelle de los adioses. Pero la verdad es que me gusta más el pendón que las aspas azules.
Primero, porque al último coruñés que le dio por jugar con la cruz de San Andrés no le fue demasiado bien. Pienso, claro, en Camilo José Cela y aquella novela con la que ganó el premio Planeta y que luego se vio envuelta en un turbio asunto de plagio.
Segundo, porque no sé yo si la invasión putinista de Ucrania es el mejor momento de la historia para clonar la enseña de la Marina rusa.
Y, tercero, porque el pendón me recuerda a los comuneros y, sobre todo, a la faja que luce Manuel Puga y Parga, Picadillo, en su retrato oficial del palacio de María Pita. Ese fajín morado que rodea la cintura del regidor más grande de la historia de Coruña —275 kilos de alcalde— me parece el argumento de mayor peso que he escuchado hasta ahora.
Para salir de este embrollo, lo suyo sería consultar con el mayor experto mundial en estandartes. Solo Sheldon Cooper puede sacarnos de dudas. Necesitamos que el protagonista de The Big Bang Theory dedique a nuestra ciudad un episodio monográfico de su legendario programa Diversión con banderas. Habrá que sacar de su acomodado retiro a los guionistas e incluso a los actores de la serie, porque únicamente Sheldon y Amy están en condiciones de zanjar esta polémica coruñesa. Si alguien merece decidir qué paño ondea en María Pita es un físico teórico de Tejas que ha dedicado media vida a los insondables territorios de la vexilología.
A falta de Sheldon Cooper, y con los catedráticos y los antiguos alcaldes tirándose los tratados de heráldica a la cabeza, esto tiene pinta de acabar en un referéndum a la suiza. Pero si finalmente los ciudadanos de a pie tenemos que escoger, me temo que no va a haber mucho suspense durante el escrutinio. Si algo está claro, es que en Coruña somos más de pendones que de banderas.