Fernando de Rosa

Vicent Mascarell, el socialismo de la mentira

No hablamos de un militante exaltado ni de un tuitero imprudente: hablamos del secretario de Organización del PSPV

La decisión de la Justicia en Valencia de abrir juicio oral a Vicent Mascarell, secretario de Organización del PSPV y mano derecha de Diana Morant, no es un episodio aislado ni un desliz puntual. Es, sencillamente, la confirmación de un patrón: el uso sistemático de la falsedad, la exageración y la intoxicación política como herramienta de partido. Y Mascarell, lejos de ser un verso suelto, es uno de sus ejecutores más constantes.

El auto judicial es claro: Mascarell atribuyó falsamente al Partido Popular un ataque contra la sede socialista en Valencia, difundiendo un vídeo en redes y medios donde señalaba al PP como «autor intelectual» y «autor material» del vandalismo. Lo hizo con solemnidad impostada, con esa retórica inflamatoria que pretende convertir cualquier incidente en una épica de resistencia progresista.

Pero la realidad, esa que tanto incomoda al socialismo valenciano, es que la autoría fue reivindicada por Juventud Combativa, un grupo comunista vinculado al Frente Obrero. Nada que ver con el PP. Nada que ver con la derecha. Nada que ver con la verdad.

El juez lo expresa sin rodeos: las afirmaciones de Mascarell fueron «inexactas, no verdaderas» y podrían constituir un delito contra el honor. Y aquí es donde el caso adquiere una dimensión institucional que exige una respuesta firme.

Porque no hablamos de un militante exaltado ni de un tuitero imprudente: hablamos del secretario de Organización del PSPV, el hombre que gestiona la maquinaria interna del partido que gobierna España. Y, como bien sabe la Comunitat Valenciana, no es la primera vez ya que Vicent Mascarell ya protagonizó otro episodio bochornoso cuando acusó a la diputada del PP Mar Galcerán, mujer con síndrome de Down, de tener «la mente sucia». Un ataque tan miserable como revelador: cuando el PSPV pierde los nervios, pierde también los principios

Este nuevo procesamiento confirma que la mentira no es un accidente en el socialismo valenciano: es un método. Un método que busca embarrar al adversario, fabricar enemigos imaginarios y convertir cualquier crítica en una supuesta amenaza contra la democracia. Un método que degrada el debate público y erosiona la confianza en las instituciones.

Este socialismo, cuyo germen de la mentira tiene su nido en el grupo municipal de Gandía, ya ha sido protagonista de otro episodio de calumnias y odio. Es la denuncia que el llamado «clan de Gandía» ideó para matar «políticamente» al que fue alcalde de Gandía del Partido Popular por mayoría absoluta, Arturo Torró, que fue perseguido incluso una vez fallecido, por estos creadores de odio y que ni siquiera han pedido perdón una vez que Torró ha sido absuelto por el Tribunal Supremo.

Mascarell es el número dos de la que pretende ser candidata socialista a la Generalitat Valenciana. Candidata que se esfuerza cada día en hundirse más y más en el barro. Candidata que ya tuvo de número dos a Ábalos, condenado por corrupción, que colocó de presidente del partido socialista valenciano al investigado por falsificar a José María Ángel, que se declara la «niña de Zapatero», y que afirma, sin rubor alguno que por la calle le para la gente diciéndole «yo con Begoña».

Mascarell y Diana representan al peor socialismo, el del insulto, el del odio, el del «muro sanchista». Representan al socialismo que fue expulsado del gobierno de la Generalitat por la fuerza de los votos de los ciudadanos. Representan ese socialismo al que la mayoría social de la Comunitat no quiere volver a ver gestionando el dinero público.

las encuestas públicas y no públicas lo ponen de manifiesto, el socialismo de Morant en la ciudad de Valencia con Pilar Bernabé de candidata, pasará a ocupar la cuarta posición detrás de Vox , y en la Comunitat la tercera posición detrás de Compromís.

Conviene recordar que la política no puede convertirse en un vertedero de calumnias. La libertad de expresión no ampara la falsedad deliberada, ni la estrategia de señalar al adversario como violento para justificar el propio sectarismo. La democracia exige responsabilidad, y la responsabilidad exige verdad. Mascarell tendrá que responder ante los tribunales. El PSPV, ante los ciudadanos.

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