¿Puede acabar en la cárcel?
Al ordenar un ataque desaforado contra los jueces y al atarse a los imputados, dos comportamientos anómalos, muestra que está desesperado y teme lo peor para él
A los periodistas se nos presupone un nivel de conocimiento del que muchas veces carecemos. Por eso algunos amigos, confundiendo la esperanza con la experiencia, acostumbran a plantearnos dudas sobre la actualidad en nuestros encuentros sociales. Hasta ahora había una pregunta, en realidad doble, que nunca fallaba. Saltaba ya en el primer vino: «¿Cuándo convocará elecciones? ¿Crees que por fin va a caer?».
Ahora la cuestión que te plantean ya es otra, y más dura: «¿Tú crees que el tío terminará en la cárcel?».
Respondiendo a la gallega, diría que lo que percibo a las claras es que el personaje sí teme acabar disfrutando de las hospederías gratuitas del Estado. Se hace muy patente en la línea de ataque que ha elegido ante el creciente cerco de corrupción que lo asfixia. Un gobernante normal agacharía las orejas, pediría disculpas, exigiría algunas dimisiones e intentaría vadear así la tormenta. Pero lo que ha hecho nuestro personaje equivale casi a una confesión de culpabilidad: se ha lanzado en tromba a cuestionar a la Justicia y se ha atado a algunos imputados de una manera inexplicable si ha actuado limpiamente. ¿Por qué no releva a Mercedes González? ¿Qué le debe a Zapatero, o que han hecho juntos, para resistirse a soltar lastre a pesar de un sonrojo tan aparatoso como el de los joyones?
Este martes, un comandante de la Guardia Civil ha declarado ante el juez Pedraz que Leire Díez le ofreció promocionar a cambio de obstaculizar las investigaciones de la UCO que afectaban a Moncloa y Ferraz, incluidos los casos de la familia del presidente. Además ha resaltado que Leire le dijo que actuaba en nombre de el One. Es muy grave y comprometedor para Sánchez. El círculo se va cerrando.
¿Cuál es la hipótesis que comparten cada vez más analistas? La imputación de Begoña Gómez provoca tal enfado en su marido que organiza la pantomima del retiro de cinco días. Pero hace algo más: ordena a Santos Cerdán que dé una batalla activa para paralizar las investigaciones. ¿Por qué confía en él para tan delicada misión? Pues porque Cerdán ya había resuelto con éxito las negociaciones entre tinieblas con Puigdemont y el PNV, que le permitieron obtener el poder sin haber ganado las elecciones.
Una vez manos a la obra, Cerdán comete un error de casting. Selecciona para la vidriosa tarea a una militante del PSOE que había ocupado pequeños cargos directivos en empresas públicas, una fontanera de partido que parecía fiable. Pero Leire se mueve de manera chirriante, poco discreta. En sus gestiones ilegales, las llamadas cloacas, va dejando rastros por todas partes.
La Justicia, que al final siempre llega, acaba avanzando. Cae Cerdán. Leire en el juzgado. El caso se amplía a 32 imputados, entre ellos, la gerente del PSOE, el clásico enredador socialista Zarrías, la directora y el DAO de la Guardia Civil.... Además la fontanera se ha visto con medio mundo, desde un alto cargo de la Fiscalía a la directora de la Benemérita, pasando con el presidente de la SEPI, la presidenta del PSOE, un jefe de gabinete de Sánchez... Si era una mindundi y una chiflada que actuaba por su cuenta, ¿cómo obtuvo semejante acceso? ¿O acaso lo tenía porque un dedo supremo había puesto a toda la maquinaria a disposición de Cerdán y su equipo especial?
El caso se ha vuelto demasiado grueso. ¿Qué hacer? Morir matando, muy al estilo de la esquinada psicología del personaje. Carga a galope contra los jueces. Negativa cerrada a asumir la más mínima responsabilidad, o exigir cualquier dimisión. Manual de Resistencia. Negación frontal de la realidad. El contraataque ha llegado al extremo de ordenar este lunes a dos medios afines, El País y La Vanguardia, y a Tezanos que publicasen a la vez encuestas para desacreditar a la Justicia. El Gobierno de la nación en campaña contra los jueces encargados de velar por la ley. Si no ronda el golpismo se le parece...
Esta estrategia constituye todo un indicio contra Sánchez, por ser la de un desesperado. Necesita seguir en el poder a toda costa, porque la coalición antiespañola que lo sostiene no concederá un suplicatorio para que comparezca como imputado ante el Supremo. Pero si pierde la poltrona –y tal y como están las encuestas la perderá, salvo «milagro» en el voto exterior–, Sánchez tendrá que responder por fin ante la Justicia. Sin el cortafuegos del poder le resultará muy difícil salir ileso de un escándalo de guerra sucia política que todo indica que pudo ser ordenado en última instancia por él.
Así que cuando tomando unas cañas me vuelvan a preguntar si puede acabar en la cárcel, responderé que «torres más altas han caído», que «el que la hace casi siempre la paga» y que «no creo que esté durmiendo a pierna suelta».