El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

El Elegido

«¿Qué probabilidades hay de que a una misma persona le toque tres veces cargo en una mesa electoral?»

¿Qué probabilidades hay de que a una misma persona le toque tres veces cargo en una mesa electoral y en concreto vocal primero en 2008, presidente en 2014 y de nuevo vocal primero en las del próximo domingo?, pregunto amablemente a la Inteligencia Artificial llamada Claude Sonnet 4.6. Con una exhibición de cálculos incomprensibles para aquel que suspendía las matemáticas del colegio, llega a la conclusión siguiente: «La probabilidad es de aproximadamente 1 entre 364 millones o equivalentemente de 2,75 × 10⁻⁹». La IA seguramente se huela que aquel que realiza la consulta es la víctima, así que añade con algo parecido a la sorna y sin que haya sido consultada por ello: «ganar el Gordo es una 3.600 veces más probable que esta combinación de cargos en tres elecciones distintas». Tras soltar algo así la imagino riendo por dentro y controlando una exclamación de «¡pringado!» que su programación aún le impide expresar con claridad aunque pueda dejarse entrever. Si el que suscribe estas líneas tuviese la misma suerte en el rasca-rasca de la ONCE estaría en este mismo instante elaborando otro tipo de artículo desde la piscina de mi balcón en la Torre del Agua antes de que mi escultural amante mulata nº 17 me trajese el primer margarita de la mañana, mientras observo las vicisitudes de los mortales que pululan, allá abajo, pequeñitos, pequeñitos, andando para allá y para acá por la Glorieta Amadora.

¿Es una señal? ¿Los dioses democráticos me quieren decir algo? ¿Acaso soy El Elegido? En el 2008 se celebraban elecciones generales y autonómicas. Con mi primer cargo de vocal primero dejé plasmada una experiencia apabullante en el texto «La fiesta de la democracia por dentro, memorias de un vocal 1º» publicado en La Pagina Definitiva y que pueden leer si lo desean pinchando aquí. Nos pasó de todo. Desde presidentes de mesa que se negaban a ejercer a voces hasta apoderados del PSOE que se dormían en la silla desde primera hora. Gracias a Dios. Mientras duermen no delinquen. No cuadró ni un solo recuento por mucho que repasamos todo una y otra vez, por lo que tuvimos que rellenar con los votos en blanco, utilizado fraudulentamente para ese menester en multitud de mesas, no sólo la nuestra. Aquel inocente que vote en blanco ya sabe para lo que sirve. La experiencia me mostró que no se debe dejar entrar a los apoderados en el recuento para que te ayuden, porque aquello jamás llega a nada, se reproducen los misteriosos errores una y otra vez hasta la madrugada. Y eso que el del PSOE ni contó, porque se fue a casa antes a dormir tras sus innumerables coscorrones realizados con la silla en dos patas apoyando el respaldo en la pared, que es como se duerme bien en público. También descubrí algo desazonador: el recuento al senado, donde se votan tres personas y pueden ser de partidos distintos, es directamente el (censurado) de la Bernarda.

Con la experiencia adquirida, me tocó la presidencia en las elecciones europeas del 2014. Impedí como aspirante a dictador que los apoderados se acercasen a los votos. El resultado es que todo cuadró de inmediato y no tuvimos que aplicar la estafa de los votos en blanco. Quizá contagiado por el espíritu burocrático de la UE, durante la jornada no pasó prácticamente nada reseñable. Recuerdo, eso sí, que mis compañeras vocales y algunas apoderadas se referían al entonces novedoso Pablo Iglesias como «el guapo». Sería destronado años después de ese título por el verdadero Guapo, el Guapo entre los Guapos, el GUAPO con todas sus letras mayúsculas.

El aburrimiento era tan previsible y la efervescencia de las redes sociales entonces tan intensa que decidí sortear mi voto en un concurso a través de Twitter. Votaría, seguidas unas normas, por lo que el ganador me dijera. Llegaron a participar incluso atractivas mujeres que mandaron la foto con su voto como Dios las trajo al mundo, apenas tapando sus encantos con la papeleta. En una muestra de españolidad absoluta, todos los participantes vulneraron las reglas del certamen, por lo que tuvo que anularse y no hubo ganador por descalificación general. Sin embargo, esa forma de hacer trampas por parte de los concursantes reflejaba quizá una notable carga simbólica sobre los propios comicios. Y, al fin y al cabo, rifar el voto es un poco lo que se hace siempre.

Hace unas semanas llamó alguien al porterillo. Subió. Me extendió la carta certificada. La abrí. De nuevo vocal primero, una degradación que me indigna una vez fui presidente. ¿Hice algo mal? ¿La democracia no premia a sus mejores servidores? ¿No merecía a estas alturas un cargo emérito? Al menos no me relegaron a vocal segundo, el acabose. O lo que sería el colmo, el paria del suplente. ¿Qué me tendrán deparado estos comicios? Para empezar, debido a una lesión en el gemelo, iré cojo, por lo que puedo dar bastonazos y quizá generar la pena del tullido para permanecer más tiempo en casa durante la siesta, pues actualmente mis andares reflejan perfectamente un 33% de cuota para discapacitados en unas oposiciones. Y además cambio de oficina electoral. Las dos primeras veces ejercí en Santa Rosa y ahora en Sagunto.

Veterano de una guerra en la que jamás puedes ganar, vanguardia involuntaria del cuerpo de élite de Indra, el estrés post-traumático por batallas anteriores me hace soñar con la lengua de María Jesús Montero, que se aparece en mis pesadillas como una entidad aparte, con vida propia, gigantesca y desgajada de su dueña. Perseguido por ese organismo autónomo de la Junta, me despierto con sudores fríos esperando a esa trinchera dominical en la que me apostaré una vez más por una burla del destino.

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