editorialLa Voz de Córdoba

Andaluces en pie

A María Jesús Montero le han venido a complicar la campaña desde casa y, posiblemente, el resultado que vaticinan las encuestas, debido a la ligereza que suele practicarse en las redes sociales y por culpa del tópico repetido y amplificado que a los andaluces nos persigue desde hace demasiado tiempo.

La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, expresó en X su deseo de que los andaluces «se levanten del sofá» y reaccionen ante el agravio de los cribados en la sanidad pública andaluza y la gestión de la misma en general. Una sanidad pública que es el único argumento que los socialistas esgrimen como principal mensaje de su campaña, amparados sobre todo en la flaca y selectiva memoria que en muchas ocasiones muestran los ciudadanos con determinados temas. No estuvo mejor, ni fue más eficiente, justa, igualitaria ni rápida la sanidad andaluza en manos socialistas. No hace falta tirar de ejemplos: la hemeroteca es una fuente adecuada e imparcial para recordarlo y, con toda probabilidad, también lo son los pacientes y familiares que padecieron, entre otras cosas, las camas hospitalarias en los pasillos.

Como no puede ser de otra manera, el comentario de la señora Mínguez ha levantado la indignación del resto de candidatos y de muchos andaluces, no solo por la falta de respeto que implícitamente conlleva, sino porque, como ya se ha señalado, hay tópicos que cansan no solo por repetidos, sino por inciertos.

Hay quien ha querido ver el carácter supremacista que ejercen determinados catalanes —sobre todo los nacionalistas— respecto al resto de españoles en general y a los andaluces en particular. Puede ser. Pero no debemos olvidar aquí que, cuando no es el supremacismo, los andaluces también sufrimos la condescendencia, principalmente desde la capital de España, que, si bien recibe con las manos abiertas a todo foráneo, haciéndolo madrileño ipso facto, sigue dándose una importancia desmesurada respecto a todo aquello que suena «a provincias». No es difícil encontrar ejemplos, desde lo profesional —como si en el resto de España no se supiera trabajar— hasta lo artístico, económico o empresarial.

Si algo ha caracterizado a las dos últimas legislaturas en Andalucía es que se ha trabajado con seriedad y eficacia en lo que ahora desde la política se define como «poner en valor» a los andaluces, a su idiosincrasia, personalidad, talante y valía. Una tierra que en nada tiene que envidiar a otras comunidades ni a la propia capital del Reino en cuanto a trabajo, emprendimiento y actitud ante el día a día. Con sus luces y sus sombras, por supuesto. Pero con un sentido de la vida —y de España— que ya quisieran muchos para sí.

Queda mucho por hacer y por conquistar, por supuesto. Uno de esos retos es desprenderse de un tópico que, curiosamente, los socialistas fomentaron durante casi cuarenta años de subvenciones, electorado cautivo y medios de comunicación manipulados. Es precisamente uno de los riesgos de los que se avisa a Juanma Moreno en caso de repetir gobierno, porque también se han dado señales en estos años de querer uniformar al pueblo andaluz con determinadas actitudes, prebendas y folclore forzado.

Pero si algo ha demostrado Andalucía desde que rompió definitivamente con el socialismo es que no es tierra de tópicos ni desea volver a serlo. Que los andaluces, sí, se pusieron en pie para liderar cifras de empleo, creación y emprendimiento.

Y que sigue habiendo también andaluces que, más allá de pagar el precio del tópico, se dejan la vida por culpa de la corrupción de otros, de la inoperancia y del abandono de gobiernos e instituciones. Adamuz sigue presente. Y, lamentablemente, también esta semana los dos guardias civiles que ya no podrán descansar jamás en su sofá favorito junto a sus familias.

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