El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

David Uclés como espejo

«Es David Uclés el último actor de los medios, el más desvergonzado y gamberro, el agujero negro que condensa todos los elementos progresistas»

Act. 07 may. 2026 - 09:58

Decía la modelo Sofía Mazagatos que le encantaba el escritor José Saramago aunque no hubiese leído nada de él, pero le seguía. Me pasa lo mismo con David Uclés. Me gusta, no he leído nada de él, ni tengo la más mínima intención de hacerlo, pero sigo sus declaraciones y supuestas controversias por las redes. Me hace especialmente gracia que sea capaz de soliviantar a reputados columnistas de los periódicos nacionales, que son realmente quienes han realzado al personaje. Y, en ese sentido, que funcione realmente como un espejo.

Y es que existen en el mundillo numerosas y sibilinas figuras de articulistas con ínfulas literarias que van construyéndose un personaje a lo largo de años para guardar las apariencias. Completa y absolutamente rendidos al poder institucional y mediático, realizan cálculos precisos sobre lo que tienen que decir, cuándo, cómo y a quién. También sobre los temas a tratar y cuáles sortear. Siempre buscan añadir al conjunto un pelín de originalidad, quizá sentido del humor, una chispa que agrade a unos, otros, y de paso a los del medio. A partir de ese trampolín costosamente elaborado, suelen dar el salto al universo para el que se creen predestinados: la novela o el ensayo: ya son artistas. Se reconocen fácilmente porque suelen mencionarse entre ellos en las redes y los diarios, casi siempre en tono de broma, como miembros autoconscientes de un cuerpo de élite.

Si esto sucede en el mundo del periodismo, lo mismo pasa en el literario. Ahí tenemos a grupos de escritores que logran labrarse una trayectoria apegada al poder, pero con una pátina de artificiosa libertad. Todo ello poquito a poco, como un trabajo de chinos. Que no se note demasiado. Y en unos lustros... alcanzan la meta.

Y llega entonces David Uclés y tiene una carrera meteórica como creador total (escritor, polemista, conferenciante, articulista, activista, showman, influencer, figura auto-ficticia), que recuerda a una especie de modernización de la impostura de Francisco Umbral. Supera a sus rivales por la vía más sencilla: llevar todos los dogmas de la corrección política a la exacerbación, incluso la caricatura, derribando cualquier filtro que quedase en pie, con una actitud de juego, casi de niño travieso. Si el esforzado articulista se adhería ligeramente al feminismo para medrar con disimulo, o bien suscribía una diatriba antifranquista, viene Uclés y multiplica por cien cualquier estereotipo, sin depuración ninguna, llevándolo al paroxismo. Y ahí es cuando produce la animadversión de periodistas y escritores, a los que le costó alcanzar sus fines mucho más tiempo y, desde luego, denodados e ímprobos esfuerzos para disfrazarse. Uclés es sin tapujos y a lo bestia, hasta la mismísima deformación de la parodia, lo que ellos mismos representan pero de forma voluntariamente encubierta.

Es David Uclés el último actor de los medios, el más desvergonzado y gamberro, el agujero negro que condensa todos los elementos progresistas, aquel abismo que devuelve una mirada megapluscuamwoke al atribulado escritor arribista que asomó la gaita para mirar a ese mismo abismo y subir un escaloncito en su esforzada andadura sin que se detectasen sus mimbres.

De esta forma, Uclés, como concentración desvergonzada y aumentada de todo lo políticamente correcto, ejerce más de detector de advenedizos y oportunistas de su propia estirpe o de los primos hermanos de la derecha liberal, que de azote de nada, aunque este papel sea involuntario, puro producto de sus desfachatez sin límites.

El autor viene a Córdoba en plena feria. Ya se han agotado todas las invitaciones. Y no es para menos. En el fondo no nos engañemos: es mejor que todas las atracciones de la calle del infierno juntas.

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