Al tenazónRafael del Campo

El eslogan

«Hay muchos compatriotas en situaciones extremas. Hay ayudas necesarias no prestadas y hay necesidades básicas no colmadas»

A un eslogan, cuando es certero, le pasa como a la metáfora: tiene una fuerza semántica más inmediata que el ensayo, que el discurso o que el razonamiento bien trabado. El eslogan, como la metáfora brillante, te transmite un conocimiento que ya tenías pero que, tal vez, no sabías que tenías. El eslogan, cuando es acertado, es como un zarandeo a la conciencia o como un empellón que te despierta de la modorra. Se mezclan, entonces, la razón y el sentimiento y ambos, razón y sentimiento, conforman, a mi modo de ver, el pensamiento, pensamiento al que mueve esa fuerza transformadora que llamamos determinación.

Uno puede describir con detalle, por ejemplo, una caravana de gitanos, vagando por el campo, en su pobreza y su orgullo y su marginación. Pero toda la esencia de la escena puede describirse en cuatro versos y una sola metáfora:

“Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.”

¡Qué grande era Federico! ¡Con qué escasos recursos nos hace sentir y conocer la realidad!

En la campaña electoral de Andalucía ha surgido el eslogan de “Prioridad Nacional “. Dos términos, sólo dos términos, plenos de significado, y que forman un heptasílabo rotundo y pegadizo. ( El heptasílabo, huelga recodarlo, es forma métrica propia de romances o canciones tradicionales ) Pues al hilo de este heptasílabo la gente, mucha gente, mucho trabajador que madruga, mucho sufrido usuario de la sanidad pública, mucho empresario acosado, mucho padre ( ¡y madre ¡ ) de familia que no llega a fin de mes, mucho joven que no puede acceder a una vivienda … se ha dado cuenta de algo que ya percibía pero que tal vez no sabía con plena conciencia : que están discriminados. Y si eso es grave, más dolorosa aun es la razón: están discriminados por ser españoles y ser cumplidores de la ley y, muchas veces, lo son en beneficio de quienes llegan a nuestro país de modo ilegal movidos, encauzados, muy probablemente, por mafias que los esquilman en sus países de origen.

Nuestro país se ha construido, a lo largo de generaciones, con el esfuerzo, los aciertos y los errores (sí, también los errores) de nuestros antepasados. Más recientemente, fueron nuestros padres y abuelos quienes sacrificaron tiempo y vida, quienes enterraron odios y trifulcas, para hacer a España grande otra vez. Hemos sido (somos) también las generaciones actuales, las que nos hallamos ahora en plena productividad y esfuerzo, quienes tratamos de sostener al país en una situación económicamente estable. A base de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio, de impuestos desaforados, de cotizaciones abusivas…. y de aguantar a un gobierno desalmado y traidor.

No nos engañemos: toda caridad debe ser sostenible o no será caridad: será una estupidez y no podrá perdurar en el tiempo. Por tanto, fracasará. Y toda caridad, como reza el refranero, empieza por uno mismo. No estamos obligados a amar al prójimo más que a nosotros mismos. Basta con que lo amemos igual. Y como no hay viviendas infinitas, ni dinero infinito, ni camas de hospital infinitas, ni médicos infinitos , es razonable priorizar a los nacionales. Igual que cualquier padre aplica su dinero al sostenimiento de su familia, antes que a la del vecino; igual que cualquier empresario paga a sus trabajadores antes que dedicarse a hacer obras de caridad; así, por la misma lógica, el Estado, gestor de fondos públicos, debe atender primero a las necesidades de los españoles, que son de quien provienen los fondos que maneja. Porque hay muchos compatriotas en situaciones extremas. Hay ayudas necesarias no prestadas y hay necesidades básicas no colmadas: las ayudas a la dependencia de españoles de tercera edad en situaciones extremas; las ayudas para acceder a la vivienda a nuestros jóvenes; la sanidad para todos, las pensiones de miseria…

Hay que garantizar la sostenibilidad del sistema y ajustar nuestros recursos a la satisfacción de las necesidades básicas. Cuando estén cumplidas las de los españoles, nos aplicaremos a las de los demás. No podemos colapsar nuestro país. Siempre ha sido muy bajuno hacer caridad con el dinero de los demás. Y sin preguntarles. Y eso se lo espeto a quienes abogan por esas ayudas desmedidas sin aportar nada de su propio peculio. Por eso me gustaría emplazar a quienes critican acerbamente la «Prioridad Nacional» a que prescindan de lujos superfluos ( por muy lícitos y modestos que sean ) de sus familias y que los donen para paguitas a extranjeros ilegales. ¿A que no? Un poquito, sólo un poquito, de sensatez. Y de honestidad. Y de honradez. Y de vergüenza.

Estoy seguro de que el ciudadano de a pié, el de la España que madruga, está siendo zarandeado por la «Prioridad Nacional» a que me vengo refiriendo, y tomará buena nota, en estas elecciones andaluzas, de cuál es el partido que lucha por protegerlos y por revertir la deriva infumable que están tomando las cosas. Hay que transformar muchos aspectos de la sociedad. Nos sobra, y mucho, la tibia moderación de los melifluos. De los «bienqueda». Es necesario atender a los nacionales y ensayar con generosidad mecanismos de ayuda a nuestros hermanos extranjeros en sus países de origen. Otra cosa es parchear el sistema, amortiguar de modo infantil nuestra conciencia, y desatender a nuestros compatriotas.

Prioridad nacional, sentido común y…¡ a votar con valentía!

comentarios

Más de Córdoba - Opinión

tracking

Compartir

Herramientas