Desde la retaguardiaMiquel Segura

Los flotilleros retenidos por Israel apelan a la bondad y buenos oficios de Prohens

Miren ustedes: si en vez de estar retenidos en Israel hubiesen caído en manos, un suponer, de los guardacostas cubanos, entonces sí que habría motivos para preocuparse

Mientras, a muchos kilómetros de distancia, este cronista empezaba a hacerse a la idea de preparar las maletas, el primer domingo de mayo, jornada festiva por excelencia en Mallorca, se aguó de forma inesperada. Mercados dominicales (Alcúdia, sa Pobla, Pollença), festejos familiares (el emotivo Día de la Madre) y, muy especialmente, la gran feria de Sineu, se vieron afectadas en grado sumo.

La primavera mallorquina es casquivana como una vieja dama venida a menos, pero los payeses, que son los que de verdad saben del tiempo, no esperan agua por estas calendas. Saben que puede llover —de hecho, he visto temporadas de exportación de patatas arruinadas por un enjambre de tormentas en pleno mes de mayo—, pero esas cosas nunca dejan de sorprenderles. Sorprendidos quedaron también los empresarios de bares y restaurantes que, con casi todas las mesas reservadas, preveían estupendas cajas. Fue que no: un domingo lluvioso, rayos y truenos, retrasos en el aeropuerto y, en suma, caos por doquier.

Ya tenemos a los dos héroes de la solidaridad bien entendida aislados en una celda. Había que pedir ayuda. ¿A quién? A Sánchez, tan amigo de la causa palestina

Peor lo tienen, al parecer, los dos flotilleros retenidos por Israel y conducidos a la ciudad de Ashdod, que pueden ser acusados de un montón de cargos. A Saif Abukeshek —español, santo cielo— y un tal Thiago Ávila, que debería estar en Brasil, les ha entrado el canguelo, como ya ocurriera con la aguerrida mallorquina Reyes Rigo, que esta vez, por si las moscas, se ha quedado en casa. Bien, me hago cargo de la situación: ya tenemos a los dos héroes de la solidaridad bien entendida aislados en una celda. Había que pedir ayuda. ¿A quién? A Sánchez, tan amigo de la causa palestina. Pero el presidente español está -o estaba- en Turquía, retenido por una avería en su avión. En esas circunstancias —y con la mirada puesta en Mallorca, siempre el delicado tema del «portaaviones» como telón de fondo— pensaron en recurrir, ellos o sus mentores isleños, al Delegado del Gobierno, Rodríguez Badal.

No debían andar muy seguros de las capacidades mediadoras de este señor porque hicieron extensiva su «exigencia de apoyo» a Margalida Prohens, muy metida en la festividad del día. Claro. ¿Por qué no lo pensarían antes? La de Campos podría ser la solución para las angustias mediorientales de Saif y Thiago. Debieron pensar, los mediadores, que la presidenta tiene muy buena mano en esos asuntos, que un día recibió en audiencia a la embajadora de Israel, que tiene buenos amigos en la comunidad judía de Baleares y que, además, guarda en el pecho un corazón bondadoso. Que es más buena que el pan, claro, aunque nadie lo diría cuando se enfada en el parlamento regional.

Me gustaría tranquilizarles: no les van a hacer nada, les tendrán un par de días aislados y les harán preguntas incómodas para dos tipos tan pacifistas

He iniciado este artículo explicando me me encuentro todavía en el otro extremo del mundo. Por lo tanto, a la hora de cerrarlo, no sabría decir si los angustiados mediadores de los prisioneros han recibido o no algún tipo de respuesta. Pero me gustaría tranquilizarles: que no les van a hacer nada, que les tendrán un par de días aislados y les harán preguntas que quizá resulten incómodas para dos tipos tan pacifistas. Pero que, al final, como siempre en estos casos, todo quedará en un susto. Miren ustedes: si en vez de estar retenidos en Israel hubiesen caído en manos, un suponer, de los guardacostas cubanos, entonces sí que habría motivos para preocuparse. Primero: allí no hubiesen comido. Nada, ni un mendrugo de pan, o una mala escudilla de arroz: cero en alimentación. Segundo: a buen seguro que les habría caído encima una buena manta de sopapos de los que te dejan marcada la cara para siempre. Y, tercero: de aislamiento, nada: estarían mezclados con una turba de presos, la mayoría políticos, tan muertos de hambre como sus captores. Ahí si que habría peligro.

En ese supuesto caso los mediadores no hubiesen solicitado la intervención de Prohens, sino la de Tomeu Sancho, el sicario del régimen comunista cubano radicado en Mallorca. Y ahí si que de bondad, nada. Seguro que este sempiterno vividor a caballo entre la Habana y Palma, siempre con cargo a oscuros fondos nunca revelados, les hubiese despachado con cajas destempladas: «Patria o Muerte, viva la Revolución y a esos fascistas flotilleros, que les den».

Pero, claro, no ha sido el caso. Ni lo será.

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