Desde la retaguardiaMiquel Segura

¿El 1 de mayo abarcaba a los trabajadores de Justicia que laboraban en negro?

Me pregunto si la Fiesta este año incluye a los autónomos o al escandaloso caso de los empleados de Baleares a los que el Gobierno tenía sin dar de alta en la Seguridad Social, a mayor honra y gloria del socialismo gobernante

Cada año por estas mismas fechas me pregunto para qué sirven hoy en día los sindicatos. UGT y CCOO viven prácticamente en modo marmota a lo largo de todo el año. Cuando llega el 1 de mayo, tienen que buscar una excusa para demostrar que existen. En esta ocasión ha sido la dichosa guerra, a ver qué tendrán que ver los cuartos traseros con el canto de las Vísperas o las Cuarenta Horas. Pero mira qué bien les vino el conflicto de Irán, el lío del estrecho de Ormuz y, en general, la situación en Oriente Medio para montarse la jornada.

De paso le añadieron el grave asunto de la falta de viviendas, solo que se olvidaron de que, al menos en Baleares, esta crisis deviene de los ocho años del armengolato, cuando dos sucesivos gobiernos autonómicos denominados «de progreso» dedicaron todos sus esfuerzos -no muchos- en adoctrinar a la sociedad en vez de dedicarse a la obra pública, que es lo que hacían los gobernantes anteriores, sobre todo -o muy especialmente-durante la oprobiosa dictadura.

Francina Armengol y Catalina Cladera trabajaron mayormente para divulgar su ideología, contentar con paguitas a quienes no son demasiado adictos al trabajo y proteger a los okupas. Ahora los sindicatos culpan a Feijóo, que todavía no ha pisado el terreno de juego, y a Prohens, que lleva tres años intentando arreglar los destrozos que la fatal combinación de comunismo y socialismo causó a los estamentos más desfavorecidos de la sociedad.

Este año, desde mi feliz lejanía, no he tenido noticias de cómo había ido el acto principal del Día de los Trabajadores, que es la paella. ¿Hubo o no paella solidaria? El detalle es muy importante, pues tras la quema de banderas en protesta contra la guerra y la exaltación de las ídem palestinas, te entra un hambre feroz y ya se sabe que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

UGT y CCOO viven prácticamente en modo marmota a lo largo de todo el año. Cuando llega el 1 de mayo tienen que buscar una excusa para demostrar que existen

Bien que conoce el tema mi amigo Joan Aguiló y Martí, con quien he coincidido en tierras tropicales: «Lo más importante de una paella es que sea solidaria y lo segundo, que lleve langosta». Tuve que decirle que las leyes mosaicas prohíben la ingesta de mariscos y crustáceos, por lo que resolvió que cocinaría paella por partida doble. Una con la dichosa langosta y la otra, más modesta pero no por ello menos solidaria, con humilde pollo campero y verduras.

Cuando, a cuatro manos, nos zampamos nuestras respectivas paellas tropicales, ninguno de los comensales tuvo a bien acordarse de la fecha del 1 de mayo. Fue mucho después, al abrir este cronista su nuevo ordenador, cuando me apercibí del evento.

-Muchachos, un respeto, que hoy es el Día de los Trabajadores. No sé si el invento incluye ahora a los autónomos, que son los que lo llevan peor, o solo a los contratados por cuenta ajena.

Al mismo tiempo, no pude dejar de preguntarme si el festejo abarcaba también a los trabajadores del Ministerio de Justicia que laboraban en negro, a mayor honra y gloria del socialismo gobernante. Tampoco supieron aclararme si el San José Obrero de nuestros felices tiempos había dejado su condición de tal para convertirse en un jubilado. Tal vez lo de las banderas palestinas por las calles de Palma en una jornada de teórica reivindicación social tuviera algo que ver con este asunto. Bien podría ser. ¿O no?

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