La personalidad de las Cruces
«Lo mejor es no hacerle caso a las guías sino buscar el consejo sincero de un autóctono que le diga por donde ir y lo que no hay que pisar»
Al avezado catador de Cruces de Mayo no se le escapa de qué va cada una de ellas. Con un vistazo a distancia, con escuchar la música que ponen, con ver la lista (y los precios) de la comida y bebida identifica a la primera el carácter que distingue a una de otra. Porque las Cruces no son iguales ni homogeneas, ni mucho menos.
Quien venga de fuera a pasar en Córdoba el primer fin de semana de mayo creyendo que va a saltar de Cruz en Cruz y que en todas va a encontrar el mismo ambiente se equivoca de plano. Lo mejor es no hacerle caso a las guías sino buscar el consejo sincero de un autóctono que le diga por donde ir y lo que no hay que pisar.
Si hay medio centenar de recintos repartidos por la ciudad lo primero que hay que hacer es buscar aquello que más nos interese, que lo hay. Por eso es fundamental que sea un cordobés que conozca bien esta fiesta el que nos haga el traje a medida, porque una misma Cruz de Mayo tiene un ambiente al mediodía y otro radicalmente distinto por la noche.
Ese visitante despistado puede buscar un clima familiar en el que tomar un par de raciones con los suyos, en una mesa, con música de fondo y llevarse un chasco. Como también se lo lleva el que va buscando marcha y se encuentra en un ambiente con una elevada media de edad que ya no está para brincar con la jarra de rebujito en las manos.
Hay Cruces de Mayo que nada más verlas se comprueba que quienes las montan se esmeran en cuidar la tradición y la ciudad. Hay muchas horas de trabajo, un diseño perfectamente planificado, una selección exquisita de las flores y de todas las plantas, y una armonía que no siempre es fácil de lograr.
Otras, por el contrario, tienen detrás mucho esfuerzo, mucho, pero el resultado no brilla como debiera. Son aquellas en las que la voluntad es superior al resultado y al final lo que se ve es algo que queda a distancia de lo que debería haber sido.
Una tipología que nunca falta es la de las Cruces que van a por la pasta. Sí, es duro pero es así. Si usted comprueba que hay más metros de barra que de flores, que hay más altavoces que mesas o que el surtido de destilados premium es superior al de platos de cocina efectivamente estará en una Cruz de Mayo popularísima, multitudinaria, pero dañina para la ciudad y para lo que debe ser el concurso.
Lo repito: no sea tan inocente de creer que todas son iguales, no. El concurso termina hoy pero anote para el año que viene el recorrerlas con detenimiento, a distintas horas, observando los detalles y comprobará que cada una tiene su personalidad, que las hay de una manera y de otra, que unas realmente se esfuerzan y que otras simplemente se aprovechan de la excusa para hacer caja.