La tienda del nazareno
«Lo que no se esperaban en la izquierda es que PP y Vox pactasen un texto conjunto en el que se pedía lo mismo pero con guante de seda»
Así, por encima, no se preveía mucho movimiento en el Pleno del pasado jueves. Hubo un alto índice de consenso y se aprobaron por unanimidad casi todas las mociones, salvo tres, en las que sí hubo debate. La sesión, para respiro de todos, terminó a una hora medianamente decente.
En esta ocasión sí salieron adelante lo que se denomina en el argot político «cuestiones de ciudad», como es el caso de la pasarela de Turruñuelos, las medidas contra las inundaciones, la petición del control de pasaportes para el aeropuerto o la conservación de la red ferroviaria en el término municipal. Todo muy lógico.
Por contra, las tres que sí tuvieron debate estaba más que justificado. El PP pedía la mejora tras las borrascas de las carreteras que dependen del Gobierno de Sánchez y la oposición quería que en el mismo paquete entraran también las que son competencia de la Junta de Andalucía y de la Diputación Provincial. Otra era la de Hacemos Córdoba en defensa de la escuela pública, todo un clásico en estas fechas de la escolarización y, por último, la de Vox pidiendo la regulación del acceso a las dependencias municipales con el rostro oculto; vamos, con burka o niqab.
En un principio se estimaba que esta última iba a ser un cruce de argumentarios sin más repercusión local que el futurible caso de un niqab en un centro cívico, algo que aún no ha sucedido. Lo que no se esperaban en la izquierda es que PP y Vox pactasen un texto conjunto en el que se pedía lo mismo pero con guante de seda por mérito de Jesús Coca.
Por esta razón, en las bancadas de PSOE y de Hacemos Córdoba hiperventilaron más de la cuenta. La socialista Alicia Moya estuvo más comedida en las formas al tener presente que su formación ha pactado medidas similares con grupos ultras o que gobiernos europeos verdaderamente progresistas han adoptado cuestiones parecidas y no pasó de tachar la medida de «islamófoba» o «xenófoba» como si el vídeo del líder político que se limpia la mano tras saludar a un negro fuese de un dirigente de Vox.
Quien sí subió el tono del debate fue la concejal de Hacemos Irene Ruiz que, con sus formas habituales, desplegó contra la portavoz de Vox, Paula Badanelli, una artillería bastante predecible y que no respondía a las preguntas de por qué hay que quitarse hasta el abrigo para montarse en un AVE o no se puede entrar con pasamontañas en un banco.
Ahí se vio a Ruiz nerviosa, después de repetir más de una vez, y de dos, que en su formación están a favor de la libertad religiosa. Pero el subconsciente le traicionó en los segundos finales de su segunda intervención al preguntar a la edil de Vox si «cuando los nazarenos entran en una tienda se tienen que descubrir».
La pena para todos fue que en ese momento se apagó automáticamente su micrófono, una modernidad estrenada este jueves en el salón de Plenos. El micro inactivo y las risas tanto en los estrados como en el público impidieron escuchar el resto de su argumentación. Se le veía tan convencida de su hallazgo que cualquiera creería que la concejal de Hacemos ha visto entrar a un nazareno en Frutas Valverde o Primark.
Tanto defender la libertad religiosa y al final lo echó a perder con lo del nazareno. Ahí le salió la vena ultra y no desperdició la ocasión de mofarse de los católicos. Si la frase de Irene Ruiz la intercepta el algoritmo de la aplicación Hodio, fijo que saltan las alarmas, a no ser que este invento esté trucado, algo que no me extrañaría.