Desde la retaguardiaMiquel Segura

'Tenir bo' : por qué lo que antes era una ventaja hoy puede convertirse en una maldición

Cuando en el sorteo de los quintos un muchacho pobre tenía la desgracia de ser destinado a África, la angustiada madre recurría con frecuencia a don Bruno -siempre a través de terceros- para que el canónigo arreglara el entuerto

En Mallorca circulaba mucho una expresión que, cómo otras muchas, definía a la perfección una característica muy especial de las relaciones humanas. «Tenir bo» significaba -y significa-entre los mallorquines la capacidad de una persona o un grupo de ellas para acceder a favores o privilegios. Ser amigo del alcalde, del cura del lugar o del teniente de la Guardia Civil te facilitaba mucho las cosas, sobre todo cuando estas venían mal dadas. Tal cercanía -porque no hacía falta que existiera una gran amistad personal- te permitía acceder a estamentos medianos o superiores sin tener que soportar la burocracia, la lejanía del poder o -especialmente durante la dictadura- el mal trato por parte de alguna autoridad. Una traducción correcta del término tenir bo al castellano podría ser «tener buena mano», algo que te permitía hacerte con la llave de la puerta que necesitabas abrir.

Estas relaciones de «complicidad» -ahora las llamaríamos así- iban desde la escala más ínfima hasta las más altas instancias y se extendían por todos los ámbitos, no solo el político. Mi padre, que era muy socarrón, recurría con frecuencia al dicho de «val més tenir bo amb el saig que amb el batle». «Es preferible tener buena mano con el alguacil antes que con el alcalde».

Don Bruno Morey, que fue canónigo doctoral de la Curia, confesaba a doña Carmen Polo, la esposa de Franco, durante las frecuentes visitas de ésta a Mallorca. Esa situación -confesor de la «primera dama»- le permitió hacer muchos favores, que él administraba con generosidad. Cuando en él sorteo de los quintos un muchacho pobre tenía la desgracia de ser destinado a las posesiones españolas en el norte de África, la angustiada madre recurría con frecuencia a don Bruno -siempre a través de terceros- para que el canónigo arreglara el entuerto. La mayoría de las veces funcionaba y la atribulada familia obsequiaba entonces al clérigo con sobrasadas y otras delicias del cerdo.

Lo peor que te puede pasar es tener buena mano con una autoridad competente: los «tuyos» nunca te harán favores y los otros siempre pensará que te los han hecho

Otro caso palmario. Josep Melià Pericàs, quien de alto funcionario del Estado pasó a ser mano derecha de Adolfo Suárez, tenía muy buena mano para esas cosas. Quien fuera secretario de Estado para la Información y Gobernador General de Catalunya, disponía de amigos en casi todos los pueblos de Mallorca que actuaban de intermediarios con quienes necesitaban sus favores. Cuando Melià visitaba la Isla, lo que hacía con frecuencia, su casa de Alcanada se llenaba de gente que acudía a pedirle un favor o para agradecerle el servicio ya prestado. Podía ser una recomendación para «entrar» en Correos, una petición concreta frente a un ministerio, o un empujoncito en unas oposiciones. Melià tenía la administración pública, y también un buen número de empresas privadas, plagadas de recomendados. Al final no le sirvió de gran cosa, pues a la hora de votar, los destinatarios de sus favores hacían lo que les daba la gana.

En estos tiempos de fundamentalismo supuestamente ético y de corrección política por un tubo -sobre el papel, claro- las cañas se han vuelto lanzas. Ahora tener buena mano frente a un alto cargo no tan solo no sirve de nada sino que puede llegar a representar un obstáculo insalvable para tus aspiraciones. Si eres amigo del alcalde o de un consejero autonómico, tus asuntos pasarán por un cedazo implacable, tu permiso de obras será examinado con lupa de muchos aumentos por los de la oposición quienes, de todos modos, intentarán pillarte en un renuncio a ver si pueden poner en un brete al político en cuestión e incluso, de ser posible, imputarle por algo.

Es el mundo al revés porque las situaciones descritas en este artículo no comportaban, en la inmensa mayoría de los casos, escenarios de corrupción. Especialmente en los pueblos -y en los ejemplos descritos- las recomendaciones eran útiles para traspasar barreras o superar la burocracia. Nada más. Ahora todo se ha girado del revés y lo peor que te puede pasar es tener buena mano con una autoridad competente. O sea: los «tuyos» nunca te harán favores, por si las moscas, y los otros siempre pensará que te los han hecho.

¿Se me entiende o no?

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