quien habla no sentenciaJulia Marín Martínez

We Love Leonor

«Querido lector: te prometo que cuando llegues al final de este artículo serás monárquico. Y si no, al menos habrás tenido que darle la razón a alguien que no pensabas escuchar hoy»

Hay una extraña tradición en España: desconfiamos de cualquier institución que funcione y aplaudimos con entusiasmo las que llevan décadas demostrando que no tienen ni idea de lo que hacen.

Somos así.

Nos escandaliza lo que cuesta la Corona, pero nos parece completamente razonable mantener un ejército de políticos que, cuando salen al extranjero, necesitan que alguien les traduzca hasta el menú del restaurante.

Y eso cuando hablan inglés.

Porque esa es otra. En España puedes llegar a lo más alto de la política sin dominar un idioma extranjero, sin haber dirigido nada especialmente relevante y, en algunos casos, sin que los ciudadanos tengan demasiado claro cuál era tu profesión antes de descubrir que existían los coches oficiales.

Pero para ser princesa heredera no basta con ganar unas elecciones internas del partido adecuado.

No.

Tienes que prepararte desde que naciste sabiendo que millones de personas analizarán cada palabra, cada gesto y cada error que cometas.

Leonor no ha hecho un máster de fin de semana en liderazgo. Ha pasado por las tres academias militares. Las tres: Ejército de Tierra. Armada. Ejército del Aire.

Mientras algunos consideran un sacrificio levantarse para una reunión a las nueve de la mañana, ella ha aprendido disciplina, jerarquía, esfuerzo y responsabilidad bajo una presión que la inmensa mayoría no soportaría ni quince días.

Y aquí viene la parte divertida.

Los mismos que repiten que la Monarquía es una institución anticuada suelen confiar encantados el futuro del país a personas que cambian de opinión con más frecuencia que de corbata.

Curioso concepto de modernidad.

Porque, nos guste o no, la heredera de la Corona lleva años preparándose para una única misión: representar a España.

No para hacerse viral. No para ganar votos. No para conquistar titulares durante una campaña electoral. Para representar al país durante toda una vida. Y eso exige bastante más que saber improvisar un mitin.

La política española vive instalada en el cortoplacismo. Hoy una promesa, mañana una rectificación y pasado mañana la culpa era del anterior.

La formación de Leonor, en cambio, empezó hace años pensando en lo que ocurrirá dentro de décadas. Eso sí que es planificación estratégica.

Así que cada vez que alguien diga indignado que la Monarquía cuesta dinero, yo haría otra pregunta.

¿Cuánto cuesta la incompetencia? Porque eso sí que sale caro. Carísimo.

Al final, la conclusión es bastante sencilla. España puede permitirse muchas cosas.

Lo que no puede permitirse es dejar de invertir en las pocas personas que realmente sabemos que llevan toda la vida preparándose para el trabajo que van a desempeñar.

Así que sí.

We Love Leonor.

Porque en un país donde demasiados improvisan, reconforta saber que, al menos alguien, lleva años estudiando para el examen antes de presentarse.

comentarios

Más de Córdoba - Opinión

tracking

Compartir

Herramientas