Al tenazónRafael del Campo

Sí a la guerra...

«Para reponer el derecho interno de Venezuela y los derechos humanos de los venezolanos ha sido necesario violar el Derecho Internacional»

….o no a la guerra, esa es la cuestión de nuestro tiempo, una cuestión compleja, sobre la que no caben los pronunciamientos inmaduros, ni las consideraciones buenistas o simplonas, ni el sentimentalismo siempre mendaz de algún titiritero. Porque contra la guerra estamos todos, como todos estamos contra lo que es malo en sí: el cáncer, la pobreza infantil, el hambre en el mundo… La cuestión, y ahí es donde uno debe profundizar, es si la guerra, esta guerra contra Irán, es necesaria, en tanto evita un mal mayor, el mal que supone el régimen en sí, para sus nacionales y para el mundo… Porque en tal caso, a lo mejor ¿quién sabe? habría de estarse a favor de la misma, por muchos males que genere.

Pongamos un poner: cuando hace unos años Maduro perdió las elecciones e impidió el relevo en la presidencia de Venezuela, todo el mundo de derechas puso el grito en el cielo. Pero no pasó nada. Maduro intensificó la represión, mantuvo bien provistas de desgraciados presos sus cárceles de torturas, aumentó sus dudosos negocios e incrementó la pobreza de los venezolanos. El mundo de izquierdas calló, tal vez cómplice silencioso de flagrantes violaciones del Derecho en general y de los derechos humanos en particular. Las instituciones supranacionales, por su parte, condenaron enfáticamente el atropello electoral, sancionaron a dirigentes, hicieron muy hermosos manifiestos contra la dictadura de Maduro… Pero nada: mucho ruido y pocas nueces. Y Maduro dejó pasar el tiempo, ese tiempo que todo lo soluciona, que todo lo cura, que todo lo arregla… Eso hasta que Estados Unidos, con flagrante violación del Derecho Internacional, lo extrajo de su palacio y lo enchiqueró en una cárcel de alta seguridad. A partir de ahí, tal vez lentamente, pero también de modo inexorable, fueron liberados presos políticos, los venezolanos recobraron algo de libertad, la economía empezó a ensayar ligeros bostezos como anuncio de un pronto despertar… Estos son hechos. Pero los hechos nos llevan una reflexión paradójica, a un corolario incontrovertible: para reponer el derecho interno de Venezuela y los derechos humanos de los venezolanos ha sido necesario violar el Derecho Internacional, de donde se infiere que, tal vez, el Derecho Internacional, como es concebido hoy en día, no es ya un instrumento eficaz.

Otro poner, más actual aún: En Irán, nadie lo pone en duda, se violan los derechos humanos de modo sistemático; se encierra a las mujeres en cárceles de tela; se vulnera cotidianamente el principio de igualdad hombre y mujer; se asesina a manifestantes y a quienes, aunque sea tímidamente, discrepan del régimen. Las izquierdas del mundo no protestan. No han protestado. No protestarán. Los y las y “les“ feministas del mundo enmudecen. Y olvidan. No les interesa la mujer iraní. Les quedan muy lejos. No dan votos. Por su parte, las instituciones internacionales, los grandes sistemas jurídicos de vigencia supranacional, no reaccionan, bien porque no quieren, bien porque no pueden. En cualquier caso, la conclusión es la misma: que no sirven para nada. Y llegan los bombardeos, la guerra. El ataque de Estados Unidos. Y de Israel. Y muchos se ponen de perfil. Y otros se declaran contrarios a la guerra porque es una flagrante violación del Derecho Internacional. Y es verdad. Pero es violación de un Derecho que no ha servido para impedir las violaciones de derechos humanos, eliminar el burkha, asegurar la igualdad entre hombres y mujeres, garantizar la paz mundial… de donde se infiere que, tal vez, ese Derecho Internacional, como es concebido hoy en día, no es ya un instrumento eficaz. Y si no es eficaz, me pregunto, sólo me pregunto: ¿merece la pena su vigencia?

La gran cuestión de nuestro tiempo, esa cuestión que soslayan políticos oportunistas y altavoces mediáticos, es la tragedia de comprobar que el mundo es global, plantea problemas globales y, sin embargo, no hay un Derecho global, con fuerza coactiva suficiente, para dirimir, encauzar o solucionar los conflictos que se generan. Vamos, o tal vez estemos ya, en un nuevo orden mundial, aún no dotado de medios para defender los derechos y la seguridad de todos. Y por ello, ante ese vacío, hay quien se toma la justicia por su mano y usa aquel instrumento que ha acompañado, desgraciadamente, a la humanidad, desde sus inicios, para resolver los conflictos: la violencia y la guerra.

Y, en esa situación, surge la cuestión: ¿Sí a la guerra, o no a la guerra?… ¿No a la guerra, o sí a la guerra?

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