Lo que no son cuentas, son cuentosSamuel Díaz

España: oda al subsidio, sátira para la riqueza

«¿Cómo puede celebrarse que un país y su población sean, año tras año, más dependientes de una prestación estatal?»

Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad no tendrá ni igualdad ni libertad"Frédéric Bastiat

Pasan los días, los meses y los años, y sigo quedando completamente atónito cuando presencio escenas absolutamente irracionales en las que se observa cómo diferentes mandatarios políticos, de ambos lados del espectro, celebran el crecimiento de la inversión en subvenciones y subsidios, el aumento de las coberturas sociales y el incremento del número de personas dependientes de la morfina estatal.

¿Cómo puede celebrarse que un país y su población sean, año tras año, más dependientes de una prestación estatal? ¿Cómo puede celebrarse la pobreza? ¿Cómo se puede sacar pecho por la miseria? ¿Cómo puede hacerse una oda al subsidio al mismo tiempo que se criminaliza la riqueza? Ya lo decía Bryan Caplan en su libro El mito del votante racional (2007): «Las políticas públicas son malas no solo por los políticos, sino porque son irracionales y reflejan la irracionalidad de los votantes».

Los datos nos muestran que, año tras año, la situación —y, sobre todo, la sensación— de los ciudadanos frente a la economía española es cada vez más preocupante, especialmente en cuestiones como la vivienda, los salarios o los precios. Sin embargo, hay dos datos que deberían sonrojar a nuestros gestores políticos, ya que no están consiguiendo el objetivo de cualquier gobierno: intentar que la sociedad prospere, no que se convierta en una sociedad zombificada, dependiente de la droga más peligrosa que existe: el subsidio.

El primer dato es la progresión y el avance tan abrumador que ha tenido el ingreso mínimo vital desde 2020 hasta hoy. Veamos:

• IMV 2020: 160.000 hogares

• IMV 2025: 785.722 hogares

El ingreso mínimo vital per cápita ha crecido un 42,75 % en el periodo comprendido entre 2020 y 2025.

El segundo dato es la partida presupuestaria para la prestación por desempleo. En el año 2016, hace ya una década, se gastaba menos que en la actualidad, lo cual resulta un disparate. Es cierto que ello se debe al ingente aumento de los costes laborales, las bases de cotización y las cuantías. Pero ¿cómo puede ser que, tras diez años de alto crecimiento económico, sigamos teniendo, año tras año, mayores recursos destinados a subsidiar y subvencionar a personas perfectamente capaces y solventes de ganarse la vida? No quiero pensar mal, aunque cabe preguntarse: ¿creen ustedes que puede tener algo que ver con la generación de redes clientelares que sugieran el voto del ciudadano en una determinada dirección?

• Gasto en desempleo 2016: 18.638 millones de euros (tasa de paro: 18,5 %)

• Gasto en desempleo 2025: 24.421 millones de euros (tasa de paro: 9,93 %)

Sabemos que el 9,93 % no es la cifra real de paro, ya que, según estimaciones alternativas, si se contabilizan los fijos discontinuos inactivos que cobran prestación —y que computan como activos—, la tasa de paro ascendería al 13,3 %. Por eso el gasto en desempleo sigue siendo tan elevado en nuestro país.

En conclusión, mientras sigan aplaudiéndose discursos que normalicen que cada vez más hogares y personas vivan de subsidios y subvenciones, y, al mismo tiempo, se siga satirizando a quien consigue prosperar con su esfuerzo e iniciativa, y se continúe castigando al sector privado con más impuestos, burocracia y regulaciones, seguiremos siendo una de las sociedades más pobres de Europa y del mundo desarrollado, donde una persona considerada «rica» para el Gobierno gana lo mismo que un operario común en países como Alemania, Suiza o Noruega.

La oda, a la riqueza y la sátira al subsidio: así, y solo así, nos irá mejor.

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