Lo que no son cuentas, son cuentosSamuel Díaz

La teoría económica de la fila del supermercado

"El curioso cometido de la economía es enseñar a los hombres lo poco que realmente saben sobre aquello que imaginan que pueden diseñar.”

Friedrich Hayek

A diario somos actores principales en conversaciones con amigos, compañeros de trabajo o familiares que tienen la intención de arreglar el mundo o más humildemente arreglar España. ¿Les suena verdad? Es muy curioso observar cómo en este tipo de conversaciones el gran protagonista siempre es el Estado, por supuesto, disfrazado en diferentes de sus múltiples versiones como son; Ayuntamientos, diputaciones, mancomunidades o agencias estatales entre otros. Y si, es así, de hecho, seguro que no os sonará inusual comenzar un argumento de la siguiente forma; «El Ayuntamiento lo que debería hacer es…» «La diputación debería involucrarse en…» o «El gobierno debería…». Tenemos tan interiorizada la falta de intervención estatal para tantos ámbitos de nuestras vidas que nos resulta en ocasiones, impensable no contar con el Estado y su intervención para todo, o para casi todo.

Sin embargo, las cosas más importantes de la vida las realizamos desde nuestra propia iniciativa sin necesidad de intervención del Estado. Ahora bien, ples pregunto, ¿Creen que son necesarios niveles tan altos de intervención del Estado en la economía y en nuestras vidas para que funcionen adecuadamente? La respuesta, en mi opinión, es rotundamente no. ¿Necesitas al Estado para encontrar pareja, para encontrar trabajo, para crear un negocio, para formar una familia, para hacer un grupo de amigos o para practicar deporte? No, en absoluto. Y aquí es donde entra la teoría económica y social de la fila del supermercado.

No es una teoría formal sino un ejemplo clásico que se usa para ilustrar como funciona el orden espontáneo en la vida cotidiana y que, sin duda, podría extrapolarse a muchos más ámbitos de la vida sociales, económicos y políticos. Imagina una fila en el supermercado, nadie diseña la fila ni la organiza oficialmente, no hay un jefe de fila y aún así las personas se colocan ordenadamente, respetan turnos y el sistema funciona bastante bien y es que además los mismos clientes del supermercado saben el momento exacto para cambiarse de fila en función de la eficiencia y rapidez de estas. Es increíble. Todo esto, que parece simple, demuestra que el orden espontáneo surge sin ningún tipo de planificación. Según el economista austriaco Hayek los individuos siguen reglas simples (como «el último se pone al final»), cada uno actúa con información local y el resultado colectivo es un sistema coherente y funcional.

Relacionándolo más al ámbito económico podemos observar como las normas sociales emergen sin necesidad de imponerlas desde arriba y, además, la información está dispersa y nadie tiene todo el conocimiento para decidir o elegir sin margen de error. En el supermercado son los clientes los que tienen la máxima información en cada momento y situación para en el mismo acto decidir si cambiarse de fila, si ir a una hora u otra a comprar e infinidad de casuísticas que desde un poder central no se pueden ejecutar y jamás se podrá por la falta de información.

En conclusión, hemos aceptado y nos hemos adaptado a una vida demasiado intervenida por un usuario al que le falta mucha más información y es mucho más ineficiente a la hora de decidir y actuar que nosotros mismos pero que, «no tiene intereses» y hace todo «por el interés general y el bien común».

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