La izquierda sigue profesando su fe a un dios que no existe
«Por lo tanto, no necesariamente más ingresos públicos es más bienestar, no necesariamente más Estado es más bienestar»
«Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en vez que por sus resultados.»
Milton Friedman
Si pudiéramos coger el famoso DeLorean DMC-12, de la película «Regreso al Futuro» de Robert Zemeckis, para, en esta ocasión, ir a 1985 y preguntar a la sociedad sobre los problemas que más les preocupan y a su vez compararlos con los aspectos sociales y económicos que más inquietan en la actualidad y con rotunda seguridad acudiríamos estupefactos a una realidad totalmente distópica en donde los problemas del ayer se asemejan casi milimétricamente a los de hoy ¿Duro verdad? Pues más impactante es si acotamos el marco temporal hasta dejarlo entre 2018-2025.
En el año 2018 el Estado español recaudó en concepto de IRPF 82.859 millones de euros y el último dato que hay, el de 2025, asciende a 142.466 millones de euros. Además, si sumamos las subidas de impuestos y cotizaciones de primeros de año la cifra podría alcanzar los 180.000 millones de euros lo que supone un récord de recaudación histórico para el ejecutivo español. Sin embargo, con estos datos encima de la mesa observamos que los servicios públicos, el empleo, los salarios y la calidad de vida de los españoles ha empeorado significativamente ¿Quién lo iba a decir, ¿verdad? Es decir, la recaudación crece y crece y los servicios públicos cada vez son más precarios. En definitiva, la izquierda sigue profesando su fe a un Dios estatal y asistencial que no existe y que no es capaz de resolver los problemas estructurales de nuestra economía.
Desde 2018 hemos sido testigos de la incapacidad que tiene el Estado para resolver los problemas que más preocupan a la ciudadanía como son; vivienda, empleo y la situación económica-política. Y tras 180.000 millones de euros más, entre otros, ¿Qué resultado obtenemos?
► Récord histórico en el precio de la vivienda debido a la escasez de la oferta provocada por regulaciones e impuestos por parte del Estado.
► Una regulación laboral increíblemente rígida y nada funcional y además récord de pluriempleados (a niveles de 2008) y comunidades autónomas donde hay más personas cobrando el desempleo que personas en desempleo. También, más de 900.000 fijos discontinuos inactivos, en desempleo, contabilizando como empleados. Un absurdo.
► Y bueno, la situación económica se podría resumir en que hay más empleados públicos que autónomos o que el estrato de la sociedad más beneficiado por el poder político desde 2018 han sido los mayores de 65 años, osease, los pensionistas que son el grupo social más rico y con más patrimonio de todos.
En conclusión, Tras alcanzar récord de recaudación de ingresos públicos, «buenas» cifras de crecimiento económico, «caída en picado» del desempleo y crecimiento apabullante de las afiliaciones a la SS vemos como las listas de espera en la sanidad cada vez son más problemáticas, como los jóvenes ven una quimera adquirir una vivienda e independizarse o como los salarios llevan estancados desde 1994. Por lo tanto, no necesariamente más ingresos públicos es más bienestar, no necesariamente más Estado es más bienestar. Ahora bien, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente ¿Cuántas veces más necesitamos rezarle al Dios Estado para ser conscientes de que ese Dios no es más que un becerro de oro más que una divinidad?