Ya están aquí
«No hay muchas expectativas razonables para ser triunfalistas, por mucho que lo pretenda el coro mediático y sindical tan bien remunerado»
Que el mundo sindical se movilizaría en cuanto intuyera un mínimo cambio en el tablero político nacional no ofrecía ninguna duda, pues no en balde, el sanchismo los ha cebado tan bien que ha multiplicado por cuatro las ayudas directas, pasando de 8,8 millones de euros en 2018 a 32 millones en 2025. En vísperas electorales, el último año se duplicaron los 17 millones de 2024 a los 32 actuales. Había que dar gasolina sobrada para acometer la guerra de trincheras que emprenderán, sin duda, ante las perspectivas de un decantamiento electoral hacia posiciones que les resultan menos agradables.
Y esos sindicatos mayoritarios, cada vez más menguantes en su afiliación, no han tardado mucho en enseñar sus cartas. Bajo el lema de «Derechos, no trincheras», han convocado a sus leales a la tradicional manifestación del 1 de mayo llevándola a Málaga con el pretexto de que la capital costasoleña dicen que es «paradigma» de la crisis de la vivienda en España. ¡Menos mal que Barcelona, Bilbao, Madrid, Palma y tantas otras capitales son un edén paradisíaco en materia de viviendas!.
Se trata, pura y llanamente, de abrir la primera zanja contra el centroderecha andaluz, iniciando la campaña electoral en apoyo de quienes tan generosamente han llenado sus alforjas. Simplemente se trata de eso y la incógnita reside en si los andaluces serán tan cautos de creerse a quienes han mantenido el silencio, cuando no la complacencia, con un Gobierno que ha cuadruplicado las ayudas a sus sindicatos mientras incrementaba la carga impositiva de los españoles de manera inmisericorde sin ni siquiera tener en cuenta los efectos de la inflación en el bolsillo de los contribuyentes.
Si de lo que se trata es de trasladar a la contienda electoral andaluza la problemática nacional, los sindicatos van a tener difícil justificar que, mientras ellos han vivido a cuerpo de rey, España haya perdido 20.000 millones de Fondos Europeos por incompetencia gubernamental, crece el desempleo en el primer trimestre que además alcanza a 125.000 inmigrantes de los que se pretende regularizar, la inflación sube alarmantemente y las instituciones europeas advierten que España tiene los peores datos en pobreza, desigualdad y vivienda. Si a eso se añade que la forma populista de llevar las relaciones internacionales está afectando gravemente a nuestras exportaciones, no hay muchas expectativas razonables para ser triunfalistas, por mucho que lo pretenda el coro mediático y sindical tan bien remunerado.
En fin, lo que está claro es que ya están aquí los avanzados de la movida populista tan bien sembrada por Sánchez y sus secuaces. Son los ventajistas de siempre, los que exacerban cualquier error del adversario y ocultan los desafueros propios. Esos defensores acérrimos de los derechos de los trabajadores, esos que remueven las cloacas en cuanto se denuncia un abuso laboral o un despido improcedente que imputar a un adversario, mientras guardan silencio ante la denuncia, que se tramita en Londres, de la ex secretaria de la Internacional Socialista que imputa a Pedro Sánchez un acoso laboral.
Alabar a Sánchez como «el hombre más valiente» que dice haber conocido Marisu Montero, es lógico para quienes todo se lo deben a su benéfica voluntad, pero esa valentía parece que se rindió ante el filoterrorismo, el separatismo y el golpismo. Y coherentemente con la conducta sanchista de hacer lo contrario de lo que se dice, la candidata socialista andaluza, que lleva tres años sin cumplir la ley fundamental que es la Constitución, al no presentar los presupuestos generales del Estado, tiene ahora la osadía de decir que la sanidad andaluza la arreglará aprobando una nueva ley que, como es costumbre sanchista, tampoco se respetará.
Después de saber los tejemanejes del sanchismo en su toma del poder socialista, tal como ha revelado un vídeo impagable, todo juego sucio es posible bajo su mandato. Como ha confesado un socialista anónimo en Voz Populi, «Sánchez ya era entonces el mismo Sánchez que es hoy, farruco, chulo, macarra, retador, inflexible». El futuro puede aclararnos muchas cosas si nos atenemos a lo que dijo la premio Nobel, opositora al chavismo, María Corina Machado, cuando justificó su deseo de no entrevistarse con Sánchez: «Nunca he hablado con él, pero conozco episodios opacos que juzgaré cuando la verdad se verifique». El tiempo siempre pone las cosas en su sitio, por mucho que las avanzadillas de los estómagos agradecidos pongan toda la carne en el asador en sentido contrario.
Ya están aquí, pues, los sindicatos y toda la legión de sanchistas aferrados al sillón que le deben al que llaman su puto amo. Todos removerán el tablero porque les va en ello su propia subsistencia y se proclamarán acérrimos defensores de lo público con ese sesgo que delata su afán de apropiárselo en exclusiva. En esa batalla de la izquierda por ver quien es más populista, Sánchez lleva ventaja porque, como dice aquel socialista en Voz Populi, cada vez más gente piensa que Sánchez es capaz de repetir un pucherazo: «el mentón tenso, la mandíbula apretada, los bultos de su cara, la mirada de odio,…» que refleja el vídeo de Ketty Garat son expresiones indisimuladas de una vocación totalitaria.
Los sindicatos y tantas estructuras de poder ocupadas en todos los ámbitos, no van a facilitar lo más mínimo los debates sosegados propios de las democracias avanzadas. Eludir la crispación, mantener el sosiego y hacer propuestas razonables y razonadas de gestión fue el antídoto que puso en marcha, hace ocho años, la llamada vía andaluza como forma idónea para no caer en la bulla, el ruido y la manipulación siempre interesados. Y no conviene que distraigan su atención y mantengan la calma aquellos que tienen esos métodos más comedidos y razonables. Ante la ira y la descalificación, la templanza y el argumento.