Por derechoLuis Marín Sicilia

El salseo de los progres

« Fuera del poder hace mucho frío, sobre todo si no hay con qué abrigarse»

Tras un Consejo de Ministros boicoteado por sus socios de extrema izquierda el presidente del Gobierno compareció compungido, dijo que estaba enfadado y calificó como «salseo» los comentarios sobre el escándalo democrático de cinco ministros rebeldes que se pasaron por el forrro las competencias del presidente que es quien fija la hora y el orden del día de las sesiones del Consejo. El chantaje fue tan claro como la evidencia de que hubo que esperar más de dos horas para que esos ministros entraran a la sala de reuniones, una vez que se alteró el orden del día incluyendo sus peticiones.

En un país normal, medianamente serio, el Consejo de Ministros hubiera respetado los términos de su convocatoria que son competencia exclusiva del presidente, y por tanto hubiera comenzado a la hora programada, se habría abordado exclusivamente lo propuesto en el orden del día y hubieran sido cesados los cinco ministros rebeldes. Por contra, aquí estamos en la España de Pedro Sánchez donde se derogan delitos sediciosos contra la soberanía nacional, se rebajan las penas para políticos malversadores, se liberan terroristas y se indultan y amnistían a golpistas si todo ello contribuye a mantener a un ególatra en el poder. Así que un espectáculo tan esperpéntico como el plante de unos «progres» interesados solo en mantener sus poltronas no iba a perturbar a Sánchez, aunque lo dejara en evidencia.

A fin de cuentas los sumandos rebeldes lo que pretendían es tener un pretexto para montar una campaña sobre su avanzada vocación social de apoyo a los deprimidos, aunque sólo fuera durante un mes porque saben que el decreto no cuenta con mayoría parlamentaria que lo convalide. Pero ya tienen la pancarta, que es de lo que se trata. O sea, convertir al Consejo de Ministros en factoría de agitación y propaganda, al mejor estilo goobbelsiano. Como siempre, los extremos se tocan en su obsesión manipuladora, se llamen de derecha o se titulen de izquierda.

Esa izquierda pancartera está empeñada en que el problema de la vivienda, generado por la incompetencia del Gobierno, se lo resuelvan las clases medias y trabajadoras y los pequeños propietarios que, a diferencia de ellos, han dedicado su vida a trabajar y ahorrar para hacer más llevadero el futuro. Hay muchos holgazanes empeñados en vivir a costa de los trabajadores de verdad, y hay una clase política que se llama progresista y es especialista en llevar la demagogia en la voz y en el rostro mientras llena de vitaminas el estómago.

Después de ocho años de «Gobierno progresista» sin un programa público de construcción de viviendas, resulta hilarante que se pretenda cargar en los particulares una responsabilidad gubernamental. Todo lo que ha programado el sanchismo en materia de viviendas es puro postureo dirigido a engañar a quienes se dejan engañar, mientras las escasas medidas tomadas son tan contraproducentes que han agravado el problema. Y las clases medias y trabajadoras, los autónomos y la pequeña y mediana empresa están ya hartas de ser los paganos de tantos desafueros.

Esa coalición de Gobierno la integran dos patas perfectamente definidas: la una, minoritaria y pancartera, empeñada en convertir al ejecutivo en lanzadera de proclamas populistas. La otra, cuquería y tramposa, al servicio de intereses insolidarios, con el trilerismo propio de todas sus iniciativas como la pergeñada retirando los presupuestos de Cataluña, que incorporaban más ventajas a aquella comunidad, para no perjudicar los intereses electorales de la candidata socialista a la Junta de Andalucía, la vicepresidenta y ministra de Hacienda Marisu Montero. Pero ya hace tiempo que los andaluces descubrieron ella cuquería tramposa habitual de estos personajes y saben que, pasadas las elecciones andaluzas, el sanchismo reactivará los presupuestos catalanes facilitando nuevas concesiones insolidarias.

Por tanto, el verdadero salseo, propio de chismorreos de barrio, fue el que la progresía interpretó en la sede del Consejo de Ministros. Porque con todo lo que han tragado, tanto los chantajistas como los chantajeados, hace ya tiempo que se habrían ido a casa si tuvieran un mínimo de decoro. Ese «espectáculo» de ruptura nos lo brindarán un poco antes de que se convoquen elecciones generales para aparentar una disparidad de criterios que solo se la creerán los más cafeteros. Mientras tanto, a seguir con aparentes discrepancias, plantones y chantajes, pero sin abandonar el cargo. Que fuera del poder hace mucho frío. Sobre todo si no hay con qué abrigarse.

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