Por derechoLuis Marín Sicilia

Más allá de la demagogia

«Suprimiendo tantos asesores y desmontando chiringuitos, cursos y foros, incluidos los programados con perspectiva de género, la alternativa política podrá dedicar más dinero a arreglar vías y carreteras, entre otros menesteres»

Ningún ciudadano normal quiere resolver un conflicto entrando en guerra, porque la guerra es tan dañina como las plagas, las enfermedades de difícil tratamiento o las epidemias incontroladas. Y tan obvio es que tampoco le gustan a nadie estas adversidades como que no basta conque no le gusten sino que el meollo de la cuestión es saber cómo tratarlas. Por desgracia padecemos unos dirigentes que, ante problemas complejos, su obsesión es enervar la convivencia con planteamientos simplistas. Es el infantilismo primario de quien quiere la paz pero, de forma irresponsable, rehuye comprometerse para mantenerla.

Irán es una teocracia sanguinaria donde, además de financiar distintas formas de terrorismo, se persigue, a veces hasta el asesinato, a las mujeres que no se colocan bien el velo, se cuelgan de grúas públicas a los homosexuales, a los hombres «trans» los castran y a las mujeres, además de ocultarlas con las distintas vestimentas, si son condenadas y son virgenes las violan antes de matarlas. Nuestras izquierdas y las feministas de cuchipanda no condenan, sino con la boquita pequeña, tales atrocidades, y guardan silencio ante los atentados continuos del régimen de los ayatolas a los derechos humanos, especialmente los de las mujeres. Protestan contra la guerra pero todavía no han explicado cómo solucionarían el drama de las mujeres iraníes y la falta de libertades que padecen los distintos pueblos y culturas de la antigua Persia.

EEUU e Israel han iniciado una guerra de enorme trascendencia contra dicho régimen. Y lo han hecho contrariando el derecho internacional, lo que es un episodio más, como ocurrió con la invasión de Ucrania por Rusia, de la falta de respeto de las potencias con derecho a veto en las Naciones Unidas para cumplir las propias normas que se dieron. Nuestros socios europeos, sobre todo las grandes naciones como Alemania, Reino Unido, Francia e Italia, han expresado su clara oposición a la guerra de manera rigurosa, sin perder las formas diplomáticas y sin perjuicio de cumplir con sus compromisos de defensa. Por contra, hacerlo de forma atrabiliaria, zafia, simplista y pueril, como ha hecho Sánchez, es querer llamar la atención buscando exclusivamente un beneficio electoral y perjudicando los intereses de su propio país.

Analistas prestigiosos de todos los colores han puesto de manifiesto que Sánchez, una vez más, utiliza la mentira más grande, que es la media verdad, para intentar engañar a quienes gustan dejarse engañar. Ya el 22 de junio de 2025 se usaron las bases de EEUU en España para atacar Irán, manifestando la ministra Robles que tal uso lo permitía el Tratado. Y ahora, pese al «no a la guerra», siguen partiendo de las bases ubicadas en territorio español naves, aviones y material de guerra para Irán, hagan o no escala en otras bases europeas, al tiempo que se transfieren más de 1.300 millones de euros para «necesidades ineludibles de defensa» sin explicar para qué ni de que otras partidas presupuestarias sale el dinero, en un ejemplo más de la falta de respeto a los principios democráticos.

Cuando en un conflicto internacional quienes alaban tu conducta son las dictaduras, las teocracias y los regímenes terroristas, hay que tentarse la ropa. Ningún país europeo se ha mostrado en disposición de sumarse a la guerra, pero solo la España de Pedro Sánchez ha querido crear un conflicto innecesario por puro interés personal de su presidente. La última cortina de humo consiste en jugar a liderar mundialmente el antitrumpismo para que nos olvidemos de que los trenes siguen sin funcionar correctamente, las carreteras son un desastre, la corrupción no cesa, las instituciones no funcionan y la economía doméstica se deteriora cada día más.

El resucitado eslogan del «no a la guerra» solo tenía por finalidad hacer de salvavidas del naufragio sanchista. El desplante a Trump es pura filfa, nuestro papel en defensa es irrelevante y Sánchez ha marginado a España convirtiéndolo en un país insignificante para la seguridad europea. Si las reglas internacionales no se cumplen, no basta con denunciarlo, hay que proponer una nueva alternativa de obligado cumplimiento. Y no basta con decir no a la guerra; hay que decir cómo se garantiza la paz. Más allá de la demagogia, el sanchismo no es política de Estado, por ello nuestro peso internacional es tan débil que resultan intrascendentes sus tácticas simplista, sus manipulaciones y sus medias verdades.

Lamentablemente todo en Sánchez es agitación y propaganda. Como las «chapas» del no a la guerra no dieron toda la rentabilidad pretendida, ahora, los constructores de muros excluyentes se inventan un foro contra el odio. Se trata de dar trabajo a más de las 700 personas que, según El País, tiene Pedro Sánchez a su servicio en La Moncloa, de los cuales unos 50 le escriben sus discursos. Ya tenemos ahí una fuente de ahorro para el día de mañana, porque el coste por línea de discurso leída nos cuesta un riñón. Suprimiendo tantos asesores y desmontando chiringuitos, cursos y foros, incluidos los programados «con perspectiva de género», la alternativa política podrá dedicar más dinero a arreglar vías y carreteras, entre otros menesteres.

Por muchos foros que se invente, por muchos eslóganes pacifistas que promueva y por muchos bonos con los que pretenda comprar voluntades, la realidad es que Sánchez ya no engaña a nadie: como dice Cristian Campos «lo tenemos calado». Querer jugar a pacifista, mientras otros se encargan de tu defensa, es demagogia propia de esa ética del engaño que inspira toda su acción política. Y la legión de estómagos agradecidos de que se ha rodeado no son suficientes para frenar la indignación de una ciudadanía que se niega a seguirle el juego. Su demagogia populista tiene ya las patas muy cortas.

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