Lenguaje y libertad
Hace unos meses uno de los tentáculos del poder intentó sin éxito alguno estrangular la cabeza de la Real Academia Española (RAE) para «someterla al yugo ideológico del sanchismo», como expresaron algunos académicos insignes.
Esa maniobra torpe del director del Instituto Cervantes contra el director de la RAE ha envuelto a su artífice en un halo de mediocridad que lo va a acompañar el resto de sus días, porque todavía, aunque los vasallos del apodado como «puto amo» por el ministro de Transportes no lo crean, en este país el prestigio ganado a pulso y la meritocracia se valoran infinitamente más que el nepotismo y la colonización de las instituciones del Estado por amiguetes y aduladores del yerno de Sabiniano.
El hecho de que la RAE sea uno de los pocos organismos independientes que no se ha doblegado a los intereses del Gobierno la convierte en una diana perfecta para la perversión progresista, que desde el primer momento de su asalto al poder, tras una ominosa autoamnistía, ha ejercido un continuo ataque al idioma común y una gobernanza basada en un falso populismo dialéctico al servicio de intereses espurios que, sin lugar a dudas, le reservarán el lugar destacado en la historia que tanto anhela «el jefe de la familia».
Dichos intereses se asientan en el lodazal de incompetencia, escándalos y corrupción en el que se han instalado, con lealtad extrema al principio básico de darle más a quien más se necesita, y no a quien más necesita, como deben hacer los gobernantes decentes. Esa pequeña diferencia fonética tiene una carga semántica explosiva que dinamita los cimientos de nuestra democracia, erosiona la igualdad entre españoles, y por ende lastra el futuro de un país para el que las vacunas anticovid quedan en anécdota frente a la inoculación diaria de inmoralidad que ocupa la mayor parte de la parrilla mediática y es fuente continua de enfrentamiento en redes sociales.
Así, se entiende que esta hornada de políticos y adláteres, graduados en ´trepalogía´ tras el fraude con el que parece ser que se amañaron las primarias que pusieron en las manos de Sánchez las riendas del PSOE, intenten dañar la imagen de una institución que tiene como función principal velar por la unidad de nuestro idioma, y cuyo lema es «limpia, fija y da esplendor».
Y es que eso de limpiar no encaja nada bien en quienes tienen como prioridad enfangar para ocultar la realidad que les acosa y acusa. Tampoco figura en su agenda legislar y fijar normas que persigan el verdadero progreso y bienestar para el conjunto de la ciudadanía. Ni por supuesto está en su hoja de ruta darle esplendor a nuestro país de cara al exterior, principalmente al exterior democrático occidental, como hemos visto en los últimos días con la situación de Oriente Medio y un «no a la guerra» que no es más que otra cortina de humo para desviar la atención hurgando en los nobles sentimientos de las personas por parte de quien tiene más que acreditado carecer de ellos. Ahora, resulta que el Gobierno Español es un modelo a seguir para la Turquía de Erdogan. Todo un honor.
En el ámbito del idioma ya comenzaron la legislatura atacando la transparencia que otorga la lengua común con un «hemiciclo de Babel» en el que el castellano, hablado en el mundo por más de seiscientos millones de personas, no es suficiente garantía para que los representantes del pueblo español puedan entenderse sin tener que recurrir a traductores que ofenden el sentido común, incrementan el gasto público y convierten las Cortes Generales en un circo lingüístico, al que ahora amenaza con sumarse María Jesús Montero con el supino disparate de «las lenguas andaluzas». Una vez más «La gallina dijo `eureka´» para convertirse, también en esto de la lengua, en el brazo tonto del sanchismo.
En este panorama desolador, la manipulación del lenguaje por parte del presidente y sus ministros se ha convertido en una práctica diaria para justificar errores, incapacidades y satrapías. Manipulación que insulta la inteligencia y pretende imponer una continua nueva verdad según la conveniencia, porque es parte fundamental del asidero con el que se aferran como lapas a un poder que nada tiene que ver con la gobernanza lógica de una democracia liberal sustentada en una Constitución, cuyos principios y valores fundamentales se ven atacados en cada artimaña urdida para dar continuidad a lo que solo puede encontrar dignidad con una convocatoria de elecciones.
Adulterar el lenguaje denominando anomalía a un auténtico desastre ferroviario, tergiversar los datos del desempleo amparándose en la gran mentira de los fijos discontinuos, reducir la realidad económica a lo que interesa cuando la mayoría de los ciudadanos se las ven y se las desean para llenar la cesta de la compra, o recurrir constantemente a la terminología fascista como arma política contra la oposición, se han convertido en los principales recursos para mantener bien cerrado el redil ideológico y torpedear el pensamiento crítico, alineando a nuestro país con los regímenes autoritarios del planeta con los que este Gobierno encuentra su nicho de convivencia.
Dichas prácticas nos remiten al doublethink (doble pensar) de George Orwell en su distópica novela «1984», como técnica que persigue la obediencia ciega de los ciudadanos tras convencer a su propia mente de que las nuevas verdades que emanan del líder son incontestables, incluso si contradicen sus propias experiencias vitales. Ahí queda la crítica visceral de buena parte del socialismo patrio hacia personas que antaño fueron incuestionables como Felipe González.
En definitiva, la afrenta a la RAE, la utilización del idioma como moneda de cambio en el farisaico mercado del voto necesario o el manoseo continuo e interesado del lenguaje quedan en un simple y burdo ataque a la libertad. F.A. Hayek en su obra Los Fundamentos de la Libertad dejó frases que dan sentido a lo que ocurre: «la mayor amenaza para la libertad es el poder desenfrenado del Estado» o «la libertad debe ser preservada frente a un Estado que crece indiferente a los valores que la inspiran».
Pues bien, la primera es fiel reflejo de nuestra realidad y la segunda es la tarea que tenemos por delante los demócratas.
Bartolomé Madrid Olmo es Diputado nacional y Alcalde de Añora